El reencuentro de Juliana y Valentina en la ciudad de Nueva York, reanimará ciertos lazos afectivos que tenían muy ocultos, dando un giro inesperado a sus vidas, y a sus carreras, famosas.
Todo les irá cuesta arriba, no sólo por los terceros, sino...
Un domingo excelente entraba por la ventana, el día del sol hacía honor a su nombre. Despertando otra vez en su cama sola, Valentina se lamenta porque su amada no estaba a su lado; está vez ni siquiera la encontró al llegar la noche anterior, cuando había llegado temprano con la ilusión. Sólo sabía que simplemente declinó a través de su asistente la invitación que le había hecho al evento.
Su reloj marcaba las 06:05 am, sin poder dormir se levanta y comienza alistarse, pensando dónde encontrarla; terminó con un atuendo sport holgado, no por ir a hacer deportes, sino porque sabía dónde podía estar su amada.
Salió de su edificio con lentes, gorra y su hermosa cabellera rubia camuflada con un peinado poco común en ella. Tomo un taxi, aprovecha para acomodarse su rubia cabellera, mientras la dejan en el sitio. Continuó caminando, compró un café y la prensa, se puso a leerla sentada en un banquito muy cómodo de una de las pistas de trote del Central Park, rodeada de mil personas; estaba allí sentada a esperas de que pasara su amada, segura estaba que iba a pasar por allí, como era su costumbre los fines de semana.
Eran las 7:15 am, Valentina no podía dejar de pensar en lo hermoso que estaba el día, el cielo despejado, el sol resplandeciente, la naturaleza, el verde y todo la hacía suspirar y agradecer por todo lo que tenía.
Dejando la prensa a un lado y saboreando su café ve a lo lejos como se acercaba trotando la persona más espectacular de todas las que transitaban, sus ojos azules divisaron a su linda chica tal y como lo predijo, estaba alejada de ella, se quería parar de una vez, pero se dio cuenta que Juliana hizo una pausa, estaba con sus airpods, así que de nada iba a servir gritarle, así que la observó.
Juliana llevaba trotando casi treinta minutos, decide tomar un descanso, se hidrata, y divisa un espacio en el césped despejado de niños jugando cerca, se desata su sweater y lo extiende, se sienta y se acuesta, viendo hacia el cielo y escuchando su música preferida.
Necesitaba relajarse y normalizar las palpitaciones, extrañaba a Valentina, desde que están juntas sólo una vez la ha podido acompañar a su rutina de entrenamiento o más bien de liberación que acostumbra los fines de semana.
Le pesaba que su relación no pueda ser algo normal, privándolas de tantos momentos, «... y lo que faltaba...», pensó, mientras suspira viendo al cielo por unos segundos apacibles.
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—Ahora sí, es un día perfecto —dijo Valentina, luego de quitarle uno de los audífonos con mucho cuidado cuando posó su cabeza lo más cerca que pudo al hombro de ella.
—¡Oh Dios! —exclamó, viendo aquellos ojos azules a su derecha, de manera contraría a su cuerpo, la rubia había llegado y se acostó de modo que su cabeza quedara justo al lado de la Juliana, quedando oído con oído.
—Corazón, qué hermosa vista —dijo viendo al cielo, con una sonrisa plena—, escogiste el mejor sitio para descansar.
—Val..., ¡Que sorpresa!, juré que te pararías a las doce más o menos —no podía dejar de verla ahí tan cerca de ella asombrada—, por eso no te he...