El reencuentro de Juliana y Valentina en la ciudad de Nueva York, reanimará ciertos lazos afectivos que tenían muy ocultos, dando un giro inesperado a sus vidas, y a sus carreras, famosas.
Todo les irá cuesta arriba, no sólo por los terceros, sino...
Un nuevo día se asomaba a través de unos rayos de luz que despertaron a Valentina, en aquella suite que se transformó en una especie de refugio. La noche anterior le costó conciliar el sueño, no solo por los problemas causados por su irresponsable impulso visceral, sino porque también no había podido hablar con Juliana, ella no le devolvió la llamada ni respondió sus mensajes y para completar ella estaba en manos de Kate.
Aunque los celos la carcomían, agradecía que estaba con ella porque se imaginaba lo mal que ella estaría al ver esas imágenes, esa compañía sería de mucha ayuda, ante todo pensaba en el bienestar de Juliana.
«Vamos Val, levántate, vamos de frente... un día a la vez. Todo tiene solución... todo.»
Inicia el día con una dosis de ánimo, debía solucionar todo el desastre que ocasionó y, ante todo, debía hablar con Juliana. ¿Su novia?
—Naye, buenos días, necesito hablar con Matt. —le dice saliendo a la sala.
—Él ya viene en camino para acá. —me llamó hace unos minutos.
—Ven, desayunemos juntas.
Continúan hablando de todo, esta vez Valentina estaba más tranquila y centrada en las soluciones, no en los problemas. Hasta que llega Matt, Valentina le tiene demasiada confianza, él le ha ayudado durante su carrera más que un manager ha sido su amigo, el que le ha dado muchos consejos de oro en medio del mundo en el que se desenvuelve y aunque sabe que está molesto instintivamente lo abraza buscando su apoyo.
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—Matt, soy un desastre. —le dice, hace u puchero y deja su cabeza sobre su hombro.
—Valentina, sabes cómo hacer para que no te regañe, eres una pícara —le dice y la abraza acariciando su espalda, la calma y le demuestra su apoyo con un gesto—. Bueno te necesito activa —se separa y toma con sus manos delicadamente las mejillas de la ojiazul—, sabes que no voy a dejar que te hagan daño, claro, sólo el que tú te permitas dejar hacer.
Se separa de él y camina hacia el sofá donde se abandona soltando un suspiró. —Soy toda oídos, te aclaro que ya hablé con Naye y sé toda la magnitud de lo que hice, tengo detalles del desastre, y sé que es sólo mi culpa y...
—No Val —la interrumpe—, ayer estaba tan molesto pero al saber de todo lo que había pasado, pero luego me quedó claro que eso no lo harías tú ni en tus cabales, ni estando borracha, entonces me enfurecí porque sé que caíste en una trampa. —le dice sentándose al lado de ella.
—Explícate, por favor.
—Si Val, lo único malo que hiciste fue el haber salido, te pusiste en bandeja de plata a esos buitres, no entiendo por qué actuaste de esa manera tan irresponsable...
«Mierda soy una imbécil, me odio, es en serio...», pensó mientras la regañaba sutilmente.
—Sólo a ti se te acurren estas cosas, y lo triste es que pudo haber sido peor, aun y cuando esto es en verdadero desastre. —resaltó viéndola a sus ojos.