Capítulo 55

1.7K 114 71
                                        

–Narra Alissa–

  Abrí los ojos sintiéndome por completo desorientada. Lo único que podía ver era el casi inexistente brillo plateado de la luna que emanaba desde las cortinas de la ventana, siendo apenas suficiente para iluminar el lado vacío de la cama en donde se supone debería estar Seis, pero no estaba.

   Todo se encontraba sumido en un insondable silencio que penetraba hasta el último poro de mi piel. Me enderecé recargándome sobre ambos codos y volteé directo hacia la puerta; ésta notándose abierta. El pasillo se veía ligeramente más oscuro que la habitación y daba una extraña sensación sombría que me picaba los nervios.

   –¿Seis? –llamé con la voz diminuta tratando de enfocar más la vista, sin obtener respuesta alguna.

   Mis ojos cayeron enseguida en el único objeto visible del lugar, junto a mí en la mesa de noche yacía un reloj que marcaba las 04:21 A.M. ¿Dónde iba a estar Seis a esta hora? Fruncí el ceño exageradamente y coloqué mis dedos en la sien apretándola en círculos. La cabeza me comenzaba a punzar.

   Luego, en un rápido movimiento salí de la cama tirando hacia abajo del dobladillo la camisa que él me había dado; la cual aún conservaba su aroma. La prenda oscura llegaba a pocos centímetros arriba de mis rodillas, y la habitación estaba tan abstraída en la oscuridad que apenas si podía ver por dónde caminaba.

   Avancé hasta la puerta y salí tanteando mis alrededores con las manos. Seis no estaba en la sala después del pasillo. Escaleras abajo mis pisadas resonaron vagamente; siendo el único ruido presente junto con mi respiración nerviosa. La penumbra invadía no únicamente la habitación si no el resto de la casa también. Todas las ventanas estaban cubiertas por largas cortinas; haciendo del lugar una cápsula lóbrega.

   –¿Seis? –volví a llamar con un hilo de voz, y nuevamente no obtuve respuesta. ¿En dónde estaba?

   Me encaminé dificultosamente por el salón principal tropezando con un par de cosas antes de llegar a la cocina y busqué a tientas el interruptor de la luz, casi desesperada por quitarme esa horrible sensación de ceguedad, pero entonces, previamente de encenderlo escuché a mi derecha un sonido apagado que me pareció conocido al instante.

   Mi estómago dio un vuelco y me giré recargando el hombro contra la pared. Era de nuevo esa nostálgica melodía que le he oído murmurar. Había existido la posibilidad de que fuera alguna canción cualquiera, pero van varias ocasiones y siempre es el mismo ritmo lento, pausado, y frío; como si ni siquiera se diese cuenta de estarlo tarareando. Siempre el mismo compás, las mismas cuatro notas al derecho y al revés.

  Al final del pasillo estaría aquella sala en la que sólo he estado una vez antes, y podría jurar que el sonido provenía de allí. Avancé temerosa por el estrecho corredor, y mientras más me acercaba más incrementaba un olor a cigarrillo el cual pude percibir enseguida. Mis pasos aumentaban de velocidad a cada pisada y mi mano jamás dejó la pared; usándola como guía.

   –¿Seis, estás aquí? –hablé tratando de sonar firme, pero la voz me salió más como cuando estás desesperado por obtener una respuesta.

   Al fin alcancé el final del pasillo, y me quedé de pie en el marco de la puerta dejando mis ojos caer en la silueta; sentada en el sillón, que se acababa de girar repentinamente hacia mí, al instante colocando algo ruidosamente en la pequeña mesa de café ante a él.

   Su extraño acto apresurado fue seguido por un silencio escalofriante. No dijo palabra alguna. Sólo dejó escapar un suspiro de cansancio y se volvió a acomodar en el sofá que se ubica justo frente a la polvorienta chimenea.

Damned ∙ libro unoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora