–Narra Seis–
La vida está llena de riesgos y peligros, pero se trata precisamente de tomarlos. La mayoría del tiempo no sabemos qué puede pasar después, y es por ello que todos temen enfrentarlos, la única diferencia es que a algunos; quienes no les queda mucho por perder, ya no les importa tanto.
Allí estábamos en el vehículo frente a uno de los muchos almacenes Deveraux, en Mill Valley a cuatro horas de la ciudad. Sólo podía esperar que la información que Cole proporcionó haya sido correcta. Eran las cuatro de la mañana y no había señal de movimiento. El edificio estaba rodeado por rejas industriales de alta tensión, y el único lugar iluminado era la cabina de vigilancia detrás de las compuertas de entrada. Lo observé todo muy detenidamente; había un par de camiones de carga dentro en el estacionamiento, la situación estaba marcando a mi favor.
–¿Cómo sabes que encontraremos droga adentro? –Bruce preguntó con nerviosismo sin apartar los ojos del almacén, al igual que yo.
–Les llegó mercancía hace dos días, debe seguir aquí, tú sabes cuánto tiempo toma trasladarla –contesté y él asintió.
–¿Y cómo sabes que no hay nadie cuidando desde adentro? –Dylan inquirió haciéndolo sonar como una excusa para abandonar el plan. Lo miré por el espejo retrovisor y el fantasma de una sonrisa se apoderó de mi semblante.
–No lo sé, es por eso que venimos preparados –y dicho esto, señalé con la barbilla indicando que comenzáramos–. Andando, no tenemos mucho tiempo.
Los tres bajamos del vehículo y tomamos nuestras armas del maletero, Bruce se colocó en hombros la mochila llena con herramientas y objetos que necesitaríamos. El metálico sonido al cargarlas resonó en el eco que sostenía la noche; haciendo que el lugar parezca aún más solitario. Coloqué una AR-24 en la cinturilla de mis pantalones, cargando en manos una Glock 19, y me dirigí; al igual que Bruce, a ocultarme detrás del grueso tronco de un árbol.
Era el turno de Dylan para entrar en acción. Bruce y yo lo observábamos desde la lejanía. Sacó un bastón de seguridad metálico y cerró el maletero dirigiéndose al asiento del conductor. Yo ya lo había visto hacer esto antes, y sé que es cuestión de posicionarlo tan sólo un poco mal para que no funcione y el auto se detenga antes de llegar al destino planeado.
Abrió la puerta asomándose para colocar la marcha y velocidad, y luego acercó con severa lentitud el bastón de seguridad al área de los pedales.
–Mierda –lo escuché escupir en voz baja. Se quedó quieto un momento, y después de la manera más rápida y precisa posible metió el bastón en posición y se alejó de un salto hacia atrás al mismo tiempo que las llantas rechinaron contra el asfalto.
El auto tomó velocidad enseguida y salió disparado hasta impactar contra el cercado, la distancia inicial siendo suficiente para haber producido un daño mayor a las rejas. El vidrio parabrisas estalló provocando un agudo estruendo al igual que la lámpara iluminando esa área del enrejado.
Solté un suspiro de tensión que sin darme cuenta había estado conteniendo, y salí a toda velocidad agachándome contra el muro que reforzaba la cerca frente a la cabina de vigilancia.
–¡Quédate allí! –le ordené a Dylan, quien se quedó inmóvil a unos metros lejos de mí. Sacó un arma de sus pantalones y apuntó esperando a que saliera el vigilante.
Todo va bien, saldrá perfecto.
Las compuertas se abrieron con lentitud por el motor automático y un hombre salió apresurado casi de inmediato.
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Damned ∙ libro uno
FanfictionDamned es una trilogía que narra la dura vida de un criminal apodado "Seis" quien oculta secretos y carga el peso de un pasado oscuro que lo atormenta cada día. Cuando por error se topa con Alissa, una chica quien no sabe lo que es un verdadero prob...
