Capítulo 45

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–Narra Alissa–

   He visto a Seis enojado de muchas maneras diferentes. Enojado cuando destruye lo que tenga a su alcance, enojado cuando le grita a todo el que pueda, enojado cuando golpea a cualquiera que se le acerque… pero no lo había visto enojado de esta manera.

   Parecía que tramase algo, y bueno, eso era más que obvio, pero no tenía idea de qué iba a hacer y sin mentir estaba asustada. Salimos del edificio y nos adentramos en la fría noche abrasadora. Él caminaba tan rápido que me costaba trabajo permanecer a su lado.

   Al no ver el SUV negro estacionado enfrente, me alegré porque seguro tomaríamos un taxi y esa era la opción más segura en el momento, pero por la cara que él puso, supe que se había enfurecido aún más.

   Había arruinado todo. Iba a tener que decirle lo de las notas tarde o temprano, pero no pensé que fuese a enfadarse tanto. Digo, es Seis, claro que iba a enojarse, pero justo ahora está actuando como un loco impulsivo que no puede esperar a que alguien cometa un error para así tener un pretexto de poder gritarle, como cuando al bajar de la suite, Seis insultó y maldijo a ese pobre muchacho que chocó con él accidentalmente. Yo tuve que disculparme en su lugar; por supuesto.

   Él permaneció un rato parado en la acera sin moverse, y yo lo esperé. Ojalá y lo que tenga en mente no sea grave, o por lo menos ilegal.

   En ese momento, un auto venía acercándose a lo lejos y pareció llamar su atención porque enseguida alzó el rostro y tomó lo que ya me temía, el arma.

   –Seis ¿Qué rayos estás…

   Y antes de poder terminar, caminó por el asfalto y se plantó a media calle. El auto se paró desde una distancia considerada y comenzó a pitar. Seis apuntó firmemente al conductor y se acercó con el gesto hundido en rabia.

   Dios que no lo mate.

   Mi corazón estaba desbocado y las manos me temblaban. Dentro del vehículo pude notar a un hombre en sus posibles cuarenta, quien ahora miraba a Seis aterrado.

   –¡Baja del maldito auto! –amenazó gritando sin dejar de apuntarle, ahora más cerca junto al hombre en la ventanilla.

   Éste cedió al instante y abrió la puerta levantando ambas manos para luego quedarse parado allí casi temblando. Había un par de personas caminando en la acera de enfrente, quienes gritaron al divisar la escena y salieron corriendo.

   –¡Seis! –chillé en un susurro desesperado.

   Él lo tomó por la camisa y jaló al pobre hombre hacia un lado para que se quitara del camino y luego pudiera meterse en el auto; un volvo azul marino nada práctico.

   –Entra –me indicó en voz alta y con agresividad.

   –¿¡Estás loco!?

   –Entra ahora mismo –su tono era tan amenazante que me dio escalofríos y me vi obligada a obedecer ante la situación, seguro tendríamos que salir de allí antes de que alguien llame a la policía.

   Cuando me comencé a mover en dirección al auto, él entró lo más rápido posible y corrí para abrir la puerta y meterme de golpe en el asiento del copiloto maldiciendo en voz baja. Está bien, según lo que yo sé, Seis comete crímenes muy seguido, pero ¿ahora iba a cometerlos yo también?

   Miré por la ventana al hombre que se ponía de pie junto al auto y me disculpé mentalmente esperando que el karma no me castigue por esto algún día. Seis enseguida arrancó pisando fuerte el pedal y dejó la pistola en el portavasos. Las llantas rechinaron y nos comenzamos a alejar pronto. Esto estaba muy mal.

Damned ∙ libro unoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora