16. Ya Se Lo Que Se Siente

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Leah

Max y yo vimos una película muy buena, comimos pizza y mucho helado. Nos besamos, y compartimos un momento muy íntimo los dos.

— Leah, he estado pensando en ¿cómo pedírtelo? Pero, creo que si sigo esperando perderé mi oportunidad - una risa nerviosa lo invade — Leah ¿Quieres ser mi novia?

Me quedo completamente paralizada por su propuesta. Pero no dudo en darle una respuesta — Sí — Mi respuesta no se escuchaba muy convencida — Sí, claro que si.

Él me toma por la cintura y me besa tiernamente.

— Te amo — me dice él mientras que me abraza fuertemente.

Pero como todo lo bueno dura poco, somos interrumpidos por el timbre. Me separó del agarre de Max y me dirijo a abrir la puerta. Al abrirla me encuentro con un Gabriel muy ebrio. No puede ser, hace unas horas lo vi en la cafetería totalmente sobrio y ahora está así. No me lo puedo creer.

Gabriel entra a mi apartamento y cae estrepitosamente en el suelo. Max se acerca a este y tarta de ayudarlo a levantarse pero este niega la ayuda de Max.

— Vine a hablar contigo Leah, vi que no me quieres contestar las llamadas desde hace un buen tiempo y quiero que me des una explicación — Todo mi cuerpo se tensa, no quiero darle explicaciones a este tipo.

Gabriel se levanta, por si solo, y se dirije al sofá en donde se cae tumbando algunas decoraciones de por medio.

— Pero ¿Qué te piensas? ¿Piensas que estás en tu casa o qué?

— Quizá está llegue a ser mi casa en un futuro, claro si Leah está de acuerdo — dice Gabriel totalmente ebrio.

— Basta ya, Max — lo miró fijamente — Podrías dejarnos solos unos minutos, por favor.

Gabriel mira a Max con una expresión de satisfacción y le regala una sonrisa de victoria.

Max se retira de la sala, dejándonos a Gabriel y a mi solos.

— ¿Quieres que te de una explicación de por qué no contesto tus llamadas? — él asiente — Me estas jodiendo o qué carajos pasa contigo, Gabriel.

— No, no te estoy bromeando en lo más mínimo.

— Te das cuenta de lo que dices y haces.

— No me doy cuenta, puedes refrescarme un poco la memoria, cariño.

— Ni se te ocurra llamarme cariño. Puedes decirle cariño a Carmen. Se que te vas a casar, lo sé desde hace meses. Desde haces tres putos meses. No pensabas decirme nada — digo tratando de controlar mis sentimientos, no quiero llorar en frente de él.

— No — me dice de la manera más seca. Creo que el Karma me está haciendo pagar todas las veces que le conteste seca a las demás personas.

— Claro que no me pensabas contar, pero ¿Por qué? Acaso querías que fuera tu puta para siempre o qué.

— No lo digas así — dice en susurro mientras trata de levantarse del sofá.

— ¿Cómo me pusiste hacer todo esto? — una gruesa lagrima recorre mi mejilla — Gabriel, te conté lo mal que hiciste las primeras veces me abría contigo, esperando a que no hicieras lo mismo esta vez. Pero parece que solo te inspire a que me rompieras aún más el corazón.

— Lo siento.

— Ahh, que lo sientes — le digo con un tono sarcástico — Y que crees que siento yo.

— No lo sé, quizá impotencia, ganas de golpearme o de matarme.

— Eso es, nunca sabes nada, Gabriel. Nunca. Tu no sabes lo que duele enamorarse de alguien y enterarse que se casara. Gabriel me entregue a ti, y no solo físicamente, te entregue cada parte de mi corazón. Y lo volviste a romper.

Quizá es para siempreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora