Las piernas de Juliana temblaban como nunca.
Después de haber transcurrido un largo camino estaba a solo unas cuadras de llegar a la casa Carvajal y comenzaba a cuestionarse si realmente era buena idea estar ahí.
El día anterior, después de que Daisy se fuera de su casa había intentado de muchas maneras diferentes comunicarse con Valentina, fallando completamente en todas ellas. Al principio trató de no darle importancia, intentando convencerse a sí misma que la chica de ojos azules tenía sus razones de peso para no comunicarse con ella, y que no era el caso que la estuviera ignorando o que algo malo hubiera pasado.
Después de insistir tanto tiempo sin respuesta poco a poco comenzó a preocuparse.
Decidió que lo mejor era ir a la casa Carvajal, solo para asegurarse de que todo estaba en orden; hablaría con la pálida chica, confirmaría que ella estaba bien y si era necesario volvería a su casa y le volvería a dar su espacio para que ambas chicas arreglaran sus asuntos y que todo volviera a ser como antes.
A pesar de los nervios que sentía cada vez que se acercaba más, sus piernas nunca dejaron de caminar, así que pocos minutos después se encontraba casi de frente en la entrada de la casa.
Sintió una especie de emoción y alivio al encontrarse con Alirio a penas llegó a la fachada de la casa. No estaba segura de si hubiera sido capaz de tocar el timbre en la entrada si se hubiera encontrado sola en la puerta de los Carvajal; lo más probable era que hubiera vuelto a su casa a seguir intentando sin éxito comunicarse con ella; a demás no sabia si incluso la hubieran dejado pasar, si alguien desconocido para ella se hubiera encontrado en la puerta en el momento su llegada.
Dio unos pasos mas hacia delante, quedando finalmente en la puerta y quedando a pocos pasos del hombre de traje.
Cuando finalmente estuvieron cerca un inesperado jadeo salió de sus labios.
Ver a Alirio la sorprendió de una manera que realmente no esperaba. Vestía un elegante traje negro como todas las veces anteriores en las que se habían visto, pero su rostro no era el mismo, se veía extremadamente cansado, con unas poco usuales ojeras bajo sus ojos, como si no estuviera durmiendo bien. Aún así, aunque era demasiado evidente que había algo que lo acongojaba, la saludo de la misma manera educada que había usando en todos sus encuentros anteriores.
-Buenas tardes Señorita Juliana, por favor pase.-Dijo en un tono casi apagado, sin recibir respuesta alguna de parte de la morena mientras ambos se dirigían dentro entre el largo jardín y las canchas, llegando finalmente a la puerta de la finca.
-Que gusto verte Alirio.-Repondio , dedicándole una pequeña sonrisa con la esperanza de recibir una a cambio de parte del hombre frente a ella.
-¿Que la trae por acá, señorita Juliana?-Cuestiono en el mismo tono neutro en el que había hablado antes, ignorando el comentario de la morena, como si la respuesta a la pregunta no fuera suficientemente obvia hasta el momento.
-¿De casualidad esta Valentina en casa?-Preguntó finalmente notando como la expresión del rostro de Alirio cambiaba a una mueca triste, pero sobretodo incomoda.
Unos segundos de silencio invadieron el lugar.
-Oh, señorita Juliana, ella...-Su boca se abrió unos segundos, como si intentara pensar su respuesta, o como si simplemente no la quisiera decir, antes de cerrarla de nuevo sin decir la más mínima información.
-¿Esta todo bien?-Volvio a cuestionar la morena en un tono más intranquilo comenzando a sentirse nerviosa al notar la incomodidad en el ambiente.
Aún sin respuesta, sintió como la oscura mirada del hombre dejaba de enfocarse en ella y se dirigía hacia algo, o alguien a sus espaldas.
-Déjanos solos un momento Alirio, por favor.-Se pudo escuchar en un ya conocido tono varonil. A pesar de no haberlo visto aún Juliana sabia perfectamente de quien era aquella voz. Giro la cabeza y pudo confirmar sus sospechas al ver a Guillermo Carvajal saliendo por la gran puerta principal de la finca.
Su aspecto era aún peor que el de Alirio.
Su mirada se veía perdida a pesar de estar mirando directamente los obscuros ojos de la chica morena, su piel que ahora se veía pálida solo hacía remarcar sus grandes ojeras y a pesar de seguir llevando su elegante ropa de joven empresario como todas las veces en las que habían coincidido, su aspecto se veía triste, casi deplorable. Era claro que estaba preocupado, que no había dormido bien, que algo había pasado.
-Me alegra verte aquí de nuevo.-Confesó de una manera sorprendentemente honesta a penas estuvo a unos sentimetros de ella. Tenia ambas manos dentro de sus bolsillos y su cabello en conjunto con su barba mal cortada estaba un poco desaliñado, era notable como luchaba por mantener su imagen a pesar de lo que fuera que estuviera sucediendo.
-¿Esta Valentina en casa?-Preguntó por segunda vez en el día de manera nerviosa, en su intento por recibir las respuestas que venía buscando.
-Sabes que no es así.-Fue la inesperada respuesta del chico, quien la observaba con una triste sonrisa en su rostro, haciendo que su estomago girara estrepitosamente.
Una ola de sentimientos entre confusión y miedo golpearon a la morena.
No esperaba esa respuesta, al menos no de tal manera; sabía que el que Valentina no estuviera en casa era una gran posibilidad, pero la forma en la que lo había dicho Guille hacía obvio que algo malo había sucedido.
Estaba intentando asimilar la corta información cuando escuchó de nueva cuenta la varonil voz.
-Estoy seguro de que esto es para ti.-Dijo manteniendo una sonrisa triste, mientras sacaba lentamente un sobre blanco de los bolsillos de su pantalón estirando hacia Juliana; parecía una carta.
Un gran sentimiento de confusión invadió a la morena mientras tomaba el sobre entre sus manos. No tenía idea de porque Guille le había entregado aquello, ¿era de Valentina?, ¿era su manera de despedirse de ella? Se sentía confundida, mareada, como si todo girara lentamente y el oxígeno no llegara a su cabeza.
Sintió como si se fuera a desmayar antes de sentir una mano sobre su espalda, sosteniendo la.
-La llevo a su casa señorita Juliana.-Dijo mientras la dirigía hacia la camioneta negra.
Las piernas de la chica morena se movían inconscientemente mientras la mano de Alirio la dirigía a la camioneta; vio el sobre blanco entre sus manos y sintió como su piel se erizaba al pensar en el contenido, en Valentina, en lo que pudo haber pasado. Sintió fuertemente una arcada en su estomago y como poco a poco todo se volvía borroso, todo giraba a su alrededor, sus piernas flaqueando y una mano aferrándose a su cuerpo intentando sostenerla, un grito de su nombre.
Y después nada.
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Entre a la universidad, perdón por tardar.
La historia está entrando a una parte que me gusta bastante, espero les guste también.
