Capítulo 49

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Narra Carlos:
Doy un golpe en la pared de mi cuarto para después llevar esa misma manos a mi pelo revolviéndolo.
No se cómo había tenido el valor de no abrazar a Adriana, de no apartar sus lágrimas y de haberle cerrado la puerta, no sabía cómo lo había hecho, pero estoy tan cabreado que no me extraña.
Cada día era más ella, cada día íbamos avanzando más y de repente, cómo no, ahí estaba Marga para arruinar todo de mí vida como siempre había hecho. Quizás eso no es lo que más me duele, duele mucho más que Adriana la haya creído.
Que la morena después de todo lo que he hecho decidiera ni siquiera preguntarme me duele en el alma, sabía que la confianza de Adriana había que gansrsela y eso estaba haciendo, pero parece que con cuatro mentiras ya la había perdido, aunque no fuera yo el que lo había hecho.
¿Qué es lo que quieres de mi Adriana?

Narra Adriana:
Me dejo caer en el sofá de al lado de la puerta de casa sin ni siquiera molestarme en ir a mi habitación, las lágrimas no me dejan ver mucho y es lo mejor.
Carlos me había cerrado la puerta, había apartado mis brazos de su cintura con asco, con repugnancia, sin amor, sin nada del amor que había puesto en mi, sin nada de bromas, Carlos estaba jodidamente enfadado y yo simplemente le dije que me perdonara, ¿desde cuándo las palabras valen más que los hechos Adriana? Había dudado de él, o mejor, había creído a la estúpida de Marga que apareció de la nada sin dar ninguna explicación. Entendía que Carlos estuviera enfadado conmigo, ahora mismo lo estaba hasta yo.
Mi madre siempre me decía que cuando suspendes o sacas mala nota tienes que estar decepcionada contigo misma, ¿qué mentira era esa? Tienes que estar decepcionada contigo misma cuando la persona que te había arropado, que confiaba en ti y que te había dado todo lo que nadie te había dado nunca no quiere abrazarte, y no sólo te cierra la puerta de su casa sino también la de su amor.
-Julia: ¿Adriana? -levanto la mirada hacia arriba encontrándome con Julia y Alba- ¿Qué te ha pasado?
-Adriana: yo...-mi voz se corta en un sollozo y rápidamente siento los brazos de ambas rodearme- He sido una mierda, chicas.
-Alba: no digas eso, cielo -siento como sus manos me acarician la espalda, mientras yo dejo caer mis lágrimas-
No era igual que estar entre los brazos de Carlos ni mucho menos, pero eran los brazos de mis amigas, y con ellas también  todo iba bien, ellas también son muy importantes.

EfímerosWhere stories live. Discover now