CALEB
Las carreras habían ido de maravilla, con Mike ganamos doscientos mil dólares cada uno. Se había corrido la voz de la gran fiesta que daríamos y a la que todos se morían por asistir, mi humor estaba de diez.
La gente comenzaba a llegar, el alcohol corría como bola, la música estaba a tope, las chicas más sexis de la costa de California asistían a mis fiestas y lo máximo de ropa que traían era un short que apenas les cubrían las nalgas.
Todo marchaba sobre ruedas, hasta que llegaron dos personas que captaron de inmediato mi atención, una de ellas era la persona con la que no me había vuelto a cruzar pero que la vi desde lejos los ultimo días y quien más ropa tenía entre todas las chicas. También venía con su nuevo novio. Vino a mi mente el día que los vi en la playa abrazados, seguramente en un día de picnic "romantiqueando" como si fuesen la pareja más feliz. Seguramente ella, escuchando las peores promesas de amor por parte de él y él, pensando en cómo llevársela a la cama. Podía imaginar quién los había invitado: Tom. La sangre que corría por mis venas me comenzó a hervir. Quería echar a esa niña y a su novio darle un trompón. ¿Por qué estaba enojado? Simple, estaba amargando mi vida con sus histeriqueos de niña linda. Ahora venía a mostrar y presumir a su nuevo novio, como si quisiera hacerme sentir celos, y eso jamás pasaría.
Agarré a Stacey y la senté sobre mi regazo en el sillón donde también estaba Mike con Amelie una amiga de Stacey, y los chicos de fútbol americano: John, Paul, Fred, Sam, Adam y Harry. Hemos sido amigos desde el kínder hasta ahora.
Stacey me acariciaba el pelo, pero por alguna razón aquello me molestó, por lo que le sujeté las manos, dándole a entender que no quería que hiciese aquello.- ¿Quieres jugar? - Me susurró - Podemos irnos a tu cuarto.
- No, yo me quedó aquí y si quieres vete - Necesitaba controlar que Meredith no vuelva a cometer la misma estupidez otra vez, de agarrar vasos ajenos. Por otro lado, su novio se había ido con Tom vaya uno a saber dónde y ella estaba con su amiga, la cual no me interesaba en lo más mínimo saber su nombre.
Stacey me miró con recelo; luego comenzó a besarme el cuello hasta llegar a mi boca. No podía despegar mis ojos de Meredith, y lo que más me sacaba de mis casillas era que no había notado que yo estaba aquí, bailaba como los dioses pero necesitaba que me viera, que viera que estoy aquí y que estaba en mi casa, invadiendo cada espacio donde yo me movía tranquilamente cuando no había nadie.
Movía sus caderas de una manera muy sensual, lo que me provocaba querer bailar con ella, pero estaba muy cabreado como para hacerlo.
- Deja de mirarla, ella ni siquiera nota tu presencia - Me susurró Stacey. Y me dieron ganas de darle un empujón - No es para ti, mírala: una niña inocente, lleva más ropa que una monja, todo lo contrario a lo que tú necesitas - Me miró a mí y luego a Meredith.
- Vete - Le dije echando humos.
¿Que sabía ella sobre lo que yo necesitaba? Pero... ¿Necesitaba a Meredith? Había vivido solo toda mi vida; si, vivía rodeado de gente pero desde que mi madre había fallecido me juré no amar a nadie, porque no hay peor dolor que te arranquen a la persona que más amas. Mi padre se había vuelto a casar y yo no quería eso para mi vida, el amor no se suplantaba. El dolor que sentí el día que mi madre murió, fue aminorando, pero la llevaba en mi corazón. Nunca me enamore, no podía volver a sentir eso, no podía volver a caer en un agujero sin salida, no podía volver a sentir que me moría.
Vi que Meredith ya iba como por su quinto trago. ¿Dónde estaba el gilipollas de su novio? Debería estar cuidándola. Un muchacho la estaba mirando desde hacía rato, quien se acercó a ella y ésta lo echó. Al menos era fiel. Pero éste no se rindió, insistió más de lo esperado; esperaba a que volviese su novio pero no lo hacía... no la estaba dejando en paz y alguien tenía que hacer algo.
La comenzó a tomar de la cintura y esta no podía controlarlo. ¡Puta madre! Ese cabrón me iba a conocer. Bajo mi techo se respetaba a las mujeres y todos mis amigos lo sabían, al igual que los de seguridad, pero evidentemente nadie estaba haciendo su trabajo, en cambio yo tenía que hacer la labor de los demás. Quería despedir a todos los de seguridad por no vigilar. Me dirigí a ellos, lo tomé por el hombro haciéndolo girar hacia mí, para que viera con quien se estaba metiendo. Y pasó muy rápido, comencé a darle puñetazos en el rostro, se lo merecía, no joderia a nadie más. Le di una...dos...tres...cuatro, todas en el rostro. La sangre comenzó a caer de lado hacia el piso. Éste ya no podía defenderse, al menos aprendería a comportarse y a respetar cuando alguien dice que no. Una de mis manos estaba en su cuello inmovilizándolo y la otra estaba dándole puñetazos. Mike me sujeto por detrás.
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Demasiado tarde ©. [COMPLETA]
RomanceLlevaba en mi corazón un secreto desde pequeña. Y no fue hasta que lo conocí, que entendí que nunca había conocido el amor, gracias a aquello que llevaba guardado bajo mil candados. Y aunque mi mente me gritaba por todos lados que no era para mi, cu...