MEREDITH
¿Existía una palabra en el diccionario que pudiera definir lo que estaba sintiendo en ese momento? Caleb era más para mí de lo que, por lejos, las palabras podían expresar. Yo sabía que él no tenía experiencia en el amor y eso me hacía tan bien. Podríamos aprender juntos en el camino, con diferencias pero aprender al fin. La respuesta a todas mis preguntas siempre fue ÉL, si, con mayúsculas.
Después de un rato escuchando mi playlist del amor los dos juntos, y de yo mirarlo durante todo el trayecto como un niño recién nacido que observa a su madre, llegamos a mi casa y yo sólo me moría por decirle que subiera conmigo que durmiera a mi lado. Pero no podía. Aún había un tema que quería hablar con él, y me sentía egoísta no decírselo porque no quería arruinar todo lo que habíamos avanzado. Pero eso sería para otro día.
- ¿En qué piensas? – Caleb me sacó de mis pensamientos mientras lo observaba.
- En las pocas horas que tengo para dormir – Susurré en un estado de paz mental y casi dormida.
- ¿Por qué tienes que levantarte tan temprano? – Preguntó apagando el motor del auto y sacando las llaves.
Detrás nuestro se encontraba el auto deportivo de Caleb que creí no volver a ver nunca más. Seguramente era su chofer que nos había estado siguiendo todo el camino.
- Cosas de mujeres – Sonreí intentando esquivar el tema. Quería darle la sorpresa en la cita.
Éste se quedó pensativo.
- Ok. Pasaré por ti a la noche.
- Estaré esperando – Musité.
Ambos nos bajamos del coche, Caleb esperó que yo entre al edificio y luego se marchó. La noche se había pasado volando. Eran las cuatro de la madrugada y sólo tenía seis horas para dormir y bañarme. Opté por tirarme a la cama sin el vestido, acurrucada entre mis sábanas y bañarme antes de irme al médico. Antes pasé por el cuarto de Alec y éste aún no había llegado.
Cuando sonó mi despertador quise tirarlo por la ventana. Realmente era de esos días que quería seguir durmiendo y al diablo con todo. Por lo menos una vez en la vida, haber trasnochado había tenido sus cosas lindas y buenas.
Me levanté de la cama con mucho pesar, le di de comer a Steve, pasé por el cuarto de mi hermano quien estaba durmiendo y sentí una verdadera envidia. De repente se me ocurrió una idea. Corrí hasta su cama y salté encima de él.
- Buenos días dormilón – Grité.
Steve se puso como loco y comenzó a saltar encima de los dos, mientras ladraba.
- Déjame dormir Meredith – Dijo con su voz roca mañanera.
- Anda arriba. Hazme un café y llévame al médico que hoy me sacarán el maldito yeso – Le pedí mientras me ponía de pie.
- Joder. Solo lo haré para no tener que verte más con esa cosa blanca – Rió y acomodó a Steve a su lado para abrazarlo.
Enseguida me metí al cuarto de baño y me duché rápidamente ya que el tiempo me corría. Me vestí en un segundo sin siquiera peinarme y salí volando con mi hermano y un hermoso café en la mano. Por suerte él conducía bastante veloz, lo cual agradecí a lo grande.
- ¿Me dirás por qué te has levantado tan feliz? – Cuestionó mientras hacía todas las maniobras posibles para llegar a mi turno a tiempo.
- No lo sé – Me burlé.
- Anda dime – Me presionó.
- Qué lástima. Hemos llegado – Me bajé corriendo del auto.
Por suerte llegué con cinco minutos de anticipación. El doctor John me atendió nuevamente y me comentó que si bien la mejora había sido bastante rápida, era probable que me doliera en algún momento y la importancia de visitar un kinesiólogo para que me ayudara con la rehabilitación.
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Demasiado tarde ©. [COMPLETA]
RomanceLlevaba en mi corazón un secreto desde pequeña. Y no fue hasta que lo conocí, que entendí que nunca había conocido el amor, gracias a aquello que llevaba guardado bajo mil candados. Y aunque mi mente me gritaba por todos lados que no era para mi, cu...