MEREDITH
Estaba furiosa. Lo había recordado todo. Caleb se creía dueño de mi vida, y lejos estaba de serlo. Todo lo atractivo que le había visto se había esfumado. Caleb y yo nunca íbamos a poder estar juntos si seguía con ese maldito comportamiento de querer controlarlo todo... o peor, querer controlar mi vida. Estaba rendida, ya no haría más nada para ''querer impresionarlo'' o ''caerle bien'', hasta allí había llegado mi paciencia, mi buenos comportamientos. Lo había perdonado luego de haberme lastimado las muñecas, y luego casi acabábamos en lo mismo.
¿Por qué usas tu fuerza para todo?
Ya no tendría que buscar más respuestas, mi relación con Caleb a partir de ese momento sería solo laboral. Como tuvo que haber sido siempre. Sin intentar querer su ''amiga'' al menos.
Tomé mi libro, me preparé un té y me senté a leerlo fuera de la cabaña, tapada con una cobija. El libro estaba raro, no estaba como yo lo había dejado y por algún motivo había un papel dentro de él casi en el final. No recordaba haberlo dejado así en ningún momento, pero evidentemente había sido yo quizás en modo "automático". Cuando termine de desayunar, Caleb apareció por la puerta.
- He leído ese libro, y prometo no juzgarte más. Me ha atrapado - Dijo amablemente.
¿Acaso se había olvidado todo lo que había sucedido? ¿Acaso había tomado mi libro sin mi permiso? Ahí entendí el papel extraño... estaba dejando su marca.
Le sonreí irónicamente, me levanté junto con mi taza y libro y entré a la cabaña. Pude sentir su mirada persiguiéndome. No dije siquiera una palabra. Nuestra relación ya estaba definida. Apoyé el libro sobre la mesa ratona, me puse mis AirPods y mi playlist favorita, la primera canción al sonar fue "surrender" de Natalie Taylor. Era una romántica empedernida. Mientras hacía mi cama bailaba al compás de la música, por un momento me olvidé que Caleb estaba a pasos de mí y lo agradecí. Luego lave mi taza y limpie la cabaña. Nos habían dejado la mañana libre, y aún no entendía el por qué. La noche la pasé casi en vela.
12 horas antes
Había dormido tantas horas que ya no tenía sueño. O quizás el mal rato que pasé con Caleb hacía algunos minutos no me estaba permitiendo conciliar el maldito sueño. Estaba acostada en mi cama de espaldas a él, dándole mil vueltas a todo lo que estaba viviendo. Mi vida era mejor antes de conocerlo, y de repente llegó a poner todo patas arriba. Algunas imágenes comenzaron a pasar por mi cabeza: el día que nos conocimos, él con su lentes de sol, tomando cerveza; la fiesta de Arthur cuando me acorraló contra la pared; el beso forzado en las carreras; él jugando con mi hermoso perro; mis muñecas lastimadas; los dos esa tarde en la playa cuando se disculpó por los moretones. Definitivamente no estabamos destinados siquiera a ser amigos.
Sentí curiosidad por saber cómo dormía, así que, sabiendo que estaba pareciendo una psicópata, me di vuelta para quedar frente a él. Apenas me di la vuelta, mi corazón se detuvo, y mil cosquillas aparecieron en mi estómago. Dormía tan tranquilo, su rostro se volvía más hermoso que nunca. Todo lo contrario al Caleb despierto. Parecía un niño feliz.
Debo soltarte. Debo seguir con mi vida. Tu vives es un mundo lleno de violencia, y yo en un mundo donde creo merecer que me amen tal como soy. No permitiré que vuelvas a hacer conmigo lo que te apetezca, por más ángel que parezcas al estar dormido, y soñando vaya uno a saber qué. Hoy te suelto Caleb. A partir de mañana habrá otra Meredith. Intentado volver a la felicidad que tenía antes de conocerte.
Adiós Caleb.
Mientras pasaba un trapo a la mesada de la diminuta cocina que teníamos, seguía el compás de la música. Tuve una noche reveladora y hasta quizás liberadora. Me sentía bien. Me sentía bien conmigo misma, cosa que hacía mucho no me sucedía.
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Demasiado tarde ©. [COMPLETA]
RomantizmLlevaba en mi corazón un secreto desde pequeña. Y no fue hasta que lo conocí, que entendí que nunca había conocido el amor, gracias a aquello que llevaba guardado bajo mil candados. Y aunque mi mente me gritaba por todos lados que no era para mi, cu...