MEREDITH
Nada de lo que estaba sucediendo era claro. Casi podía sentir mareos y náuseas. Pero denotr mío necesitaba escucharlo, dentro mío algo estaba inquieto y mi cuerpo no quería salir corriendo... no en ese momento.
Primero le había confesado algo a Stan que yo nunca debí escuchar y luego corrió hacia mí buscándome, queriendo aclarar que todo aquello era mentira. ¿Por qué jugaba conmigo de esa manera? Aun después que le abrí mi corazón y le confesé que estaba enamorada de él, con lágrimas en los ojos y desde los más profundo de mi alma. Tenía un nudo atravesado en la garganta, solo quería echarme a llorar varios días. Pero su mirada, sus ojos... era como si estuvieran hablando por él. ¿Y si tenía razón? ¿Debía creerle? ¿Por qué sentía que tenía que hacerlo? Él se acercó y puso su mano en mi mejilla para limpiar mis lágrimas.
- ¿Por qué debo creerte? – Pregunté triste.
- Porque tu corazón late tan rápido como el mío – Anunció en un hilo de voz.
- Supongamos que lo hago – Suspiré intentando no arrepentirme por lo que estaba a punto de decir - ¿Qué es lo que quieres Caleb? – Pregunté – Quieres alejarme de ti, y luego corres a buscarme. Me confundes... todo en ti me confunde – Lo miré directamente a los ojos pidiendo un poco de compasión por esta alma en pena que estaba destrozada.
Necesitaba saber de una vez por todas que era lo que estaba sucediendo realmente y sabía que mi corazón en aquel momento iba saber detectar que estaba o no diciendo la verdad, no sabía cómo, pero el corazón siempre lo sabe.
- ¡Por Dios! – Dijo algo aliviado, echando la cabeza hacia atrás. Unos cuantos segundos después volvió a hablar - Quisiera que dejes de comerme la cabeza, y me comieras la boca. ¡Joder! Me vuelves loco – Me tomó por uno de mis brazos intentado no lastimarme, pero como si quisiera hacerme reaccionar.
Lo miré un largo rato y las lágrimas amenazaron con volver.
- Di algo – Susurró mientras pegaba su frente a la mía.
- No sé qué decir. Estoy muy confundida, Caleb – Contesté en su mismo tono de voz. Y la verdad era que aunque moría por volver a escuchar lo que había dicho, fue lo único que me salió decir en ese momento.
- Lo sé. He sido un gilipollas contigo. Pero mírame... estoy siendo sincero - Sus ojos transmitían dolor. Un dolor que nunca había visto.
Se acercó lentamente a mí y yo sólo me quedé en mi lugar accediendo a que pudiera estar cerca mío. Así que colocó su mano en mi nuca y en ese momento quise besarlo. En ese momento sentía que las palabras sobraban, en ese momento yo sólo lo quería a él. Subió su otra mano a la misma altura para quedar aún más cerca uno del otro.
- No puedo creerte. Tú no eres así. Tú solo utilizas a las muchachas y yo no seré una más – Cerré los ojos intentado que aquello no doliera tanto – Lo he visto con Stacey, con la muchacha que seguro te espera allí dentro...
- Entonces permíteme demostrártelo – Colocó sus manos en mis mejillas y su nariz comenzó a rozar la mía.
- Me vas a hacer daño – Dije en un hilo de voz.
- Mírame Meredith – Me obligó a abrir los ojos y posarlos en los suyos – No te haría daño jamás. Porque me has revivido, cielo – Por Dios, ¿Cómo podía ser tan lindo con tan solo una frase? – Estaba muerto en vida hasta que apareciste. Me haces sentir cosas que nunca había sentido por nadie, y aunque no sé cómo manejarlo, sé que podré contigo a mi lado. Sálvame, por favor. Sálvame de este infierno que vivo sin ti a mi lado.
Esa confesión sí que no me la esperaba. Fue como si hubiese pasado un tornado y se hubiera llevado todas las dudas. Hacía menos de diez minutos estaba tan confundida y ahora sólo quería estar con él. Quería afrontar todos mis fantasmas con él a mi lado, quería ahuyentar sus demonios más que cualquier otra cosa. No dudé ni un segundo en arriesgarme. Sabía que llevaba todas las de perder, porque estaba a punto de entregarle mi corazón, pero ¿Cómo no arriesgarme con semejante hombre? Estaba dispuesta a arriesgarlo todo. A la mierda con todo lo que había pensado sobre Caleb, con todos los que habían dicho sobre alejarme de él y hasta lo que yo misma había dicho. No podía mantener la distancia con él, no quería hacerlo. Quería perderme en él sin importar las consecuencias.
- Déjame demostrártelo – Volvió a implorar con esa voz ronca, que una vez más hizo que me alejara de mis pensamientos.
- Vayamos despacio – Volví mis ojos a los suyos.
- Empecemos con una cita – Sonrió – De esas que estoy seguro que te gustan.
Esto último me hizo reír entre las lágrimas.
Tenía una mirada perfecta. Ojos grises, aunque a veces se ponían de color celeste como el cielo. Unas pestañas perfectamente arqueadas, incluso más que las mías y aquello, puedo asegurar, que era mi perdición.
Él me miró divertido.
- Mañana.
- Mañana a la noche te espero – Afirmé feliz.
No había nada que deseara más.
Por fin sentía paz en mi vida, por fin sentí que Caleb estaba siendo un ciento por ciento honesto conmigo y se me inflaba el pecho de solo pensarlo.
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Demasiado tarde ©. [COMPLETA]
RomanceLlevaba en mi corazón un secreto desde pequeña. Y no fue hasta que lo conocí, que entendí que nunca había conocido el amor, gracias a aquello que llevaba guardado bajo mil candados. Y aunque mi mente me gritaba por todos lados que no era para mi, cu...