¿Alguna vez has pensado que un embarazo cambiaría tu vida?
El destino de Marina Hardy cambia radicalmente cuando se vuelve nodriza del único hijo de Alec Mulroy, un viudo alcalde ruso aparentemente normal que esconde mucho más que corrupción. Ella s...
Reglas generales: La nodriza debe estar dispuesta para la ordeña cada tres horas desde las seis de la mañana.
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Había ganado, lo había conseguido a pulso. Deseaba tenerlo cómo loca, lo recordaba bien desde la primera vez que lo sentí dentro de mí y lo mucho que me perturbó descubrir su tamaño. A mi mente regresaron las memorias de todos los problemas que me ocasionó desde que recibí dominio entero aquel tiempo en la finca del terror, y las incontables noches que disfruté junto a mi rubio elegante. Era mucho mejor disfrutar un miembro viril verdadero, sin duda lo era. Mi boca había vuelto a recibir a Alec, disfruté su adictivo sabor hasta desaparecer su dureza dentro de mi garganta. Respiré profundo capturando todo el oxígeno sintiendo sus carnosos labios succionar mi alma, estaba en el más bello paraíso con la cabeza de Alec entre mis piernas.
—Te amo, Mari —murmuró Alec en medio de la penumbra de su alcoba.
Fueron tres palabras que me empujaron al precipicio más profundo que gocé en una cama ajena, aquella romántica confesión que ansiaba escuchar fue pronunciada otra vez en mi insignificante existencia por el hombre perfecto. No tuve oportunidad de responder, empecé a sacudirme frenéticamente llevando mis dedos a su cabeza para tirar de sus cabellos, Alec consumió toda mi cordura mientras lloraba de placer, estaba aniquilando mis fuerzas. Adoraba gozar con las provocaciones del alcalde, no conseguí protestar por su brusquedad. Quise desaparecer de la faz del planeta junto a él, me retorcía sobre los escombros del exquisito deleite que me había brindado su lengua, me sentí completamente relajada, satisfecha, plena. Nadie lograría entender mi vínculo con mi padre, creía que el problema era yo cuando el problema fue él, Alec y sus pervertidos juegos sexuales.
—Dios santo, papi... Te amo, ¡te amo! —confesé desesperada al sentirlo continuar—. ¿Quieres volverme loca...? ¿Eso buscas...? —El ritmo acelerado de su lengua me sometió sin dificultad alguna llevándome nuevamente al extremo del delirio—. ¡POR DIOS, BASTA! —Otra fuerte oleada me encontró, lloré completamente abrumada por el gozo.
Me destruyó, el maldito alcalde me había roto en mil pedazos de una manera sublime y deliciosa...
—Eres mi esposa, Mari… Debes aprender lo más pronto posible las normas de la esposa municipal de este pueblo, es una orden —continuó acomodándose sobre mi cuerpo tembloroso, lo iba hacer, y yo no quería detenerlo, lo ansiaba—. Sé que parece una completa locura, bebé. Pero... Tú eres mi esposa, mi única mujer... Eres tú, te amo solo a ti.
Mi corazón se me quería salir por la boca, estaba completamente feliz y satisfecha. Era la segunda vez que Alec aseguraba que yo era su única mujer, sabía de la existencia de Yulia y me resultaba imposible creer que no existieran otras mujeres antes que yo. Los espasmos continuaron al sentirlo aferrarse a mi cuerpo, sus brazos me envolvieron con suma autoridad, su calor era agradable, me hacía sentir protegida, en mi hogar. Finalmente tenía a mi hombre apuesto desnudo encima de mí, de pronto sus azules ojos me encontraron, y su boca devoró mis labios.