¿Alguna vez has pensado que un embarazo cambiaría tu vida?
El destino de Marina Hardy cambia radicalmente cuando se vuelve nodriza del único hijo de Alec Mulroy, un viudo alcalde ruso aparentemente normal que esconde mucho más que corrupción. Ella s...
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“Ten cuidado con lo que deseas”, esa frase siempre repetía mi madre cada vez que quería empapelar Detroit con el anuncio de búsqueda del profesor Hardy, pero después de algunos años esas palabras cobraron sentido. John estaba muerto como lo habían pronosticado, y me arrepentí de no haber valorado mejor a mi madre. Llegando a la zona comercial del pueblo miré por la ventana del carruaje el agua de la fuente de la plaza principal, eran las mismas avenidas que conocí por el alcalde, aquel céntrico lugar en donde tantas veces paseamos juntos algunas semanas atrás, sin embargo nada parecía igual, todo lucía gris y sin gracia. Me faltaba todo, no tenía nada, extrañaba a mi ardiente padre, a su inmensa fortuna con la que no dudaba en consentirme. Todo cambia cuando no cuentas con dinero y poder, sentí mi corazón romperse un poco más. Disfruté casi un año de divina amistad, y un adiós sin despedida, once meses de visitas y pláticas extendidas, meses que parecían poco y a la vez mucho. Aguanté la respiración, me dolía el pecho y sentí muchas ganas de llorar, los caballos se abrieron paso entre el tumulto de gente sin expresión alguna, y fui cayendo en un estado automático de inexistencia. Respondía por inercia con pocas ganas de seguir viviendo, con el dolor que guardaba en el pecho. No tenía una escolta o algún guardia detrás de mí, tampoco comidas dentro de restaurantes elegantes a la luz de la luna, mi hada madrina se había esfumado como por arte de magia.
—¿Qué propones, Mak? ¿Qué maniático plan tienes en mente? Te escucho...
—Te contaré cómo murió tu padre a cambio de un generoso pago. ¿Quieres saberlo? ¿Cuál fue el motivo de mi padre para matar al tuyo?
—Yo no tengo dinero, idiota... —en ese momento me di cuenta que el carruaje se detuvo, estábamos en la puerta del precioso hospedaje imperial—. ¿No íbamos rumbo a tu finca?
—Tú no tienes dinero, rata. Pero tienes a tu desesperado esposo adinerado que pagaría una fortuna a cambio de recuperar a su lobezna bebé —el cretino bajó del carruaje, y desde la puerta del vehículo me ofreció su mano para ayudarme a bajar—. ¿Socios hasta la muerte, rata de alcantarilla?
—Socios hasta la muerte, maldito infeliz...—Entramos al inmenso hotel cinco estrellas de ese pueblo—. Tú tienes mucho dinero, Mak... ¿Por qué quieres más?
—Quiero estudiar mi maestría lejos de este anticuado país, pero papá me cortará el caño de oro cuando cruce el área limítrofe de este maldito pueblo, es un puto bastardo. No te confundas, no lo hago por ti. Estoy ayudando a tu hijo, él es el único inocente en toda esta macabra historia de amor lobezno...
Maksim era un agrónomo en formación, un audaz carpintero experto en el tallado de madera, una belleza incalculable de la cual afortunadamente me libré, era el tipo de hombre capaz de sacarte de tus casillas en pocos minutos, y hacerte rabiar de improviso. Un lunático bien dispuesto a hacerte reír a carcajadas cuando menos te lo esperabas, y mantenerte en ese ritmo todo el puto día. Él era el payaso de la fiesta que todos necesitan para pasarla bien, aquel tipo que no puedes odiar ni amar, que te desagrada y encanta a la vez, era esa clase de hombre indescifrable que puede decirte un halago indecoroso en medio de un funeral, pero siempre te lastimaba con las verdades más amargas. Era uno de los chicos más crueles y extraños que conocí, y no podría asegurar si era mi amigo o mi enemigo, así de indescifrable es Maksim Mulroy.