¿Alguna vez has pensado que un embarazo cambiaría tu vida?
El destino de Marina Hardy cambia radicalmente cuando se vuelve nodriza del único hijo de Alec Mulroy, un viudo alcalde ruso aparentemente normal que esconde mucho más que corrupción. Ella s...
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La claridad se convirtió en mi enemiga después de la promesa que le hice al alcalde, el sonido del tocadiscos que se quedó encendido durante toda la noche me obligó a moverme de mi confortable y caliente cama nupcial. Exhausta, cubierta de fluidos políticos en todos mis orificios, mi piel bañada en sudor y vodka, completamente relajada acaricié el pecho del rubio ruso que contaba con mi absoluta confianza. Mi nueva vida había iniciado a una velocidad impresionante, vendí mi alma al mismo diablo y me dejaría llevar como una muñeca de trapo al ritmo que se le diera la maldita gana. No hice más preguntas, el temor de encontrarme con ese lado malvado de Alec me frenaba, no estaba lista para enfrentar a mi nuevo verdugo, aunque ya estaba dando muestras de ser el más astuto de todos los Mulroy. No era ni la mitad de la mujer que dejé en la finca del terror, era una nueva esposa viviendo una trama que no me correspondía, mi verdadero ser existía debajo de su cuerpo, un amor demandante que se apoderó de mí como antes.
—¿A dónde crees que vas? —De un tirón mi sátiro me tenía debajo de su cuerpo, abrió mis piernas bien dispuesto a iniciar el día con el ritual de siempre—. Las mañanas son propicias...
—Para la ordeña, ¡lo sé...! —Me escapé de mi nueva prisión de músculos Mulroy, tenía que insistir hasta volver a domar a mi bestia rusa, me sacudí como un gusano de seda debajo de su cuerpo para escapar de nuestra cama.
—Vaquita te necesito ahora mismo...—quejándose como un niño de siete años golpeaba su almohada—. Vuelve aquí, bebé... Quiero mi leche, tengo sed.
—Después, mi amor... —no me quería ir, pero tenía que descontrolarse primero para luego dominarlo—. Tengo una reunión con el nuevo profesor de Raymond, ¿me das permiso? Solo por hoy.
—¿Te harás cargo de Ray...? ¿Tan pronto? —Lo noté sorprendido.
—¿Hay algo malo en eso? —Aproveché su perplejidad para entrar al baño, quería una ducha rápida, llené la tina con agua caliente, eché pomos de jabón aromático cuyas burbujas ascendieron a gran velocidad, todo era mejor que la anterior finca, y cuando me dispuse a mover el agua para hacerme un espacio sentí su porte militar detrás de mí y reprimí mi sonrisa de victoria—. ¡Ahh, Alec!
El descarado me sometió de una sola embestida, por la postura en la que me encontraba le resultó muy fácil. de inmediato me tenía bien empinada separando más las piernas para recibir cada exquisito impacto dentro de mí, así de idiota estaba por él y no siento pena reconocerlo. Adoraba a ese hombre con suma devoción, era mi delirio, yo era una torpe niña ingenua en busca de su atención...
—Aclaremos esto... Umm... La comunicación es primordial en nuestro matrimonio... —Me dio una violenta y profunda embestida y me perdí en su juego—. Me vale una mierda tus funciones maternales, eres mi esposa, y me debes obedecer sin titubeos como siempre, ¿entendido?
—¡DIOS...! ¡Más fuerte! ¡Sí! ¡Sí! Lo que tú ordenes, mi señor… ¡Más fuerte! —Odiaba a mis hormonas adolescentes, traidoras sin compasión.