Capítulo 35:

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La vida me estaba jugando otra broma pesada, de pie frente a una enorme mesa rectangular mi quijada se quiso caer, después de muchos meses tenía a la familia Mulroy frente a mí

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La vida me estaba jugando otra broma pesada, de pie frente a una enorme mesa rectangular mi quijada se quiso caer, después de muchos meses tenía a la familia Mulroy frente a mí. Todos se levantaron al verme regresar del tocador, Angus ocupaba un extremo principal acompañado de su elegante esposa Olenka, y Masha, como era costumbre, permanecía de pie detrás de la espalda de su amo. Motka y Deniska se ubicaban al lado derecho del criminal de la cicatriz, y al lado del intelectual estaba Maksim quien me sonrió con elevado sarcasmo. La novia del fotógrafo se atragantó con su bebida, pero logró recuperarse rápido, y el juez estaba parado al lado izquierdo de su padre junto a su esposa. Otros tres caballeros más que recuerdo haber visto en el cumpleaños del doctor Misha completaron la fila izquierda de sillas junto a sus respectivas esposas. Seis varones en total, faltando Misha y Malcom para completar los ocho vástagos. La cabecera estaba ocupada por Alec acompañado por mi pequeño Ray, un solo hijo por parte del alcalde, un número que dejó en evidencia la maratónica labor que tenía que engendrar mi maltratado útero. 

—Ven aquí, Mari —me llamó mi esposo, a paso lento avancé a su encuentro escuchando los murmullos, sujeté la mano que me ofreció sonriendo de dicha—. Mi querida familia, es para mí un honor presentarles oficialmente a mi amada esposa, Madame Mari.

—Hola, familia. Qué alegría verlos reunidos otra vez... A todos... —fue la sonrisa más falsa que había mostrado en mi corta existencia, los Mulroy se inclinaron en forma de saludo, y ocupé la silla a la diestra de mi esposo elevando el mentón lo más que podía, y de pronto la mirada de una vieja amiga se cruzó con la mía—. Hola, Masha... ¿Cómo has estado? Por favor siéntate, hay sillas vacías. 

—La servidumbre no comparte la mesa con sus amos, Mari. Es un insulto para nuestra familia, ¿acaso olvidó las leyes? —La ebria esposa de Angus reclamó señalando a su cuñado.

—Oh no, Olenka. ¿Cómo olvidar que su nefasto esposo me esclavizó permitiendo que su hijo menor me grabara a punta de látigos esas leyes que usted menciona? —Me defendí. 

—Por favor, cielo... —murmuró el alcalde apretando mi cintura—. Mi amada esposa tiene un alma bondadosa y benevolente, y una relación amical muy estrecha con nuestra querida Masha. Es todo.

—No es necesario, madame Mari. Estoy bien en este lugar, le agradezco su ofrecimiento —respondió la pelirroja manteniendo su lugar de esclava.

—Mi estimada tía, no debería molestarse por el bienestar de una simple esclava —intervino el juez, el legítimo primogénito de Angus—. Las esclavas carecen de sentimientos, no es de su agrado.

—A usted le sorprendería descubrir lo que es del agrado de una esclava, Vladimir. Tenemos gustos exigentes, a mí me gusta ver a la gente morir muy lentamente por ejemplo, ¿quisiera otorgarme el honor de ofrecerse en sacrificio esta noche? —Me atreví a callar al desgraciado, petulante y cretino Mulroy.

Lactancia MaternaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora