¿Alguna vez has pensado que un embarazo cambiaría tu vida?
El destino de Marina Hardy cambia radicalmente cuando se vuelve nodriza del único hijo de Alec Mulroy, un viudo alcalde ruso aparentemente normal que esconde mucho más que corrupción. Ella s...
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De la manera más increíble sucedió algo que jamás imaginé, Maksim estaba platicando conmigo entre risas y bromas absurdas. Fue la primera vez que tomé licor y precisamente en la compañía de ese joven lunático que me acababa de abrir los ojos a una verdad perturbadora, aquel cruel fotógrafo me había revelado un detalle sumamente importante de mi historia familiar. Nadie sabía hacerse cargo de mi mal humor, mi carácter sólo lo dominaba mi sensual esposo. La gente se enoja fácilmente frente a los cambios bruscos, dice cosas que luego piensa y debería ser al revés, pensar y después hablar, porque el hecho de que guardara silencio no quería decir que era inmune a las palabras que no merecía escuchar, y aguanté mi juicio por temor a enfrentarme a ese lado oscuro de Alec y por amor a él. Mak no quiso aportar más detalles al asunto por ese día, y me aseguró que su tío se encargaría de contarme el resto, y tal cual como acordamos permanecí encerrada en esa habitación lujosa disfrutando de unas pequeñas vacaciones de lujo siendo atendida como una reina egipcia. En la tarde siguiente abrió la cortina para enseñarme el ejército del pueblo recorriendo las calles en mi búsqueda, los soldados entraban a las casas sin el menor reparo.
—¿Mi padre mandó a revisar todo el pueblo? ¡Dios mío! ¿Estás seguro? Eso es demasiado exagerado —el fotógrafo me había traído dulces para degustar, también me aseguró que mi rubio estaba ahogado en alcohol por mi causa—. Eso es imposible, papi se pone malo cuando bebe…
—Tu lobo padre recorrerá hasta el último rincón de este maldito pueblo, tiene el poder para hacerlo, es el alcalde. Todavía es muy pronto para darle gusto, dejemos que sufra más.
—Eres muy cruel, Mak. Estás hablando de tu propio tío, ¡por dios!
—Soy el digno heredero de Angus Mulroy, ¿no te parece, rata? —Mak se levantó de la cama, acomodó su saco sonriendo de forma macabra—. Mi tío podrá ser un maldito inhumano, pero debo reconocer que está excesivamente obsesionado contigo, y de una macabra manera. Jamás lo había visto en ese estado, ¡se volvió loco!
—Lo sé, también lo extraño demasiado... ¿Cómo está Ray?
—Inconsolable, es el único que se está llevando la peor parte de tu pleito marital. Pero es necesario, debemos medir hasta dónde es capaz de llegar por ti ese maldito demente. Por la seguridad de Mish.
—¿Crees que mi padre intente hacer algo contra tu hermano? No es posible, es su sobrino y la familia es sagrada para Alec. Estás paranoico, cálmate.
—El alcalde será capaz de eliminar a cualquiera persona que represente una amenaza, lo hizo con Malcom…
—¿Malcom? ¿Qué hizo con él?
—Lo quitó del camino, es obvio. Mi torpe hermano menor te embarazó y eso le costó su libertad. Lo mandó a encerrar en un horrible manicomio.
Dejé mi curiosidad por prudencia, además, el castigo de ese desgraciado me importaba poco, cualquier cosa que Alec hubiera hecho con Malcom sería poco, y lo merecía. De todas formas quería darle una pequeña lección a mi esposo, y el plan maestro del bufón me sirvió de maravilla. Deseaba que me supiera lejos de él y descubriera que no era tan fuerte, quería que se diera cuenta que nadie más que yo sabía manejar su extraño carácter, que solo conmigo podía disfrutar de esos ataques de locura, que sólo yo poseía la paciencia que a sus otros amantes le faltaron, y no buscaría restringir nada a todo lo que pasara entre nosotros porque yo lo aceptaba como era. Añoraba que me encerrara otra vez en su alcoba, en donde solo hablaba con Alec como si él fuera el único que entendiera mi lenguaje en el mundo entero, y de todo se apoderaba. Así funcionaba nuestro amor…