¿Alguna vez has pensado que un embarazo cambiaría tu vida?
El destino de Marina Hardy cambia radicalmente cuando se vuelve nodriza del único hijo de Alec Mulroy, un viudo alcalde ruso aparentemente normal que esconde mucho más que corrupción. Ella s...
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Mi relación con Alec había cambiado abismalmente desde nuestro tiempo en la finca del terror, lo más sorprendente de todo fue que no me sorprendió en lo absoluto. Muy dentro de mí siempre lo supe, era como un latido incesante, lo intuía. Y después de haberlo tenido dentro de mí todo fue cobrando mayor sentido, estaba realmente fascinada.
—Cuando tú quieras, mi pequeña golosa. Me había olvidado que me casé con una mocosa caprichosa...—se quejó el alcalde justo cuando dos mujeres muy bien vestidas con vestidos vaporosos ingresaron a la alcoba, y realizaron la ridícula reverencia, me estaba hartando tanto formalismo. Apretó mi cintura pegándome a su cuerpo de manera muy sugerente—. Una mocosa que me vuelve loco y adoro con todas mis fuerzas...
—Mi amor, ¿vamos a tu alcoba? —Las mujeres se acercaron a nosotros murmurando cosas muy bajo, y mi rubio se apartó corrigiendo su traje, ¡malditas metiches!
—¡Buenos días, honorable alcalde Mulroy! —Saludaron en ruso, lo entendí a la perfección.
—Sean ustedes bienvenidas, respetables damas —el alcalde se inclinó para saludarlas y ellas lo llenaron de elogios—. Ella es Marina Mulroy, mi esposa. Quiero un nuevo y exclusivo guardarropa para mi amada, necesito que cuente con todos los vestuarios dignos de mi cargo para asistir a los eventos sociales.
—¡A la orden, alcalde Mulroy! —Las mujeres se acercaron a mí rápidamente dejando de lado al alcalde, una de ellas tomaba mis medidas mientras otra se dedicaba a desocupar el armario de Anikka—. ¡Oh, qué monada de jovencita! ¿Eres rusa?
—Mi esposa se educó en América —aclaró Alec y ellas rieron como viejas de vecindad, intentando ocultar sus dientes detrás de sus dedos, yo había quedado sin habla por la manera que me presentó—. Es mi hija... Su madre la dejó a mi tutela y me enamoré perdidamente de ella.
—¡¿Eres hija del honorable alcalde!? —Hablaron en inglés, fue más fácil para mí comunicarme—. ¡Eres hermosa! Es una joven muy bonita con piel blanca de porcelana. Usted no pudo escoger mejor esposa, señor Mulroy.
—¡ESPOSA! —Grité fuera de mi cordura, sí, eso debía ser un sueño cumplido—. Amo ser su esposa, padre. Quiero serlo para siempre hasta que la muerte nos separe.
—Te amo, mi niña. Todavía no acontece nuestra boda oficial, bien sabes que tengo un cargo político muy importante y no puedo descuidarlo...—se inclinó para besarme, fue un beso profundo que me dejó una deliciosa sensación de triunfo—. Pronto tendrás lo que deseas...
—Mi amor, pero tú…—me silenció con otro beso más largo y profundo, y las mujeres cuchicheaban a nuestro lado—. Papi, ¿podemos hablar en privado?
—Mi esposa es tímida, le apena mucho demostrarme su amor en público, por eso la amo demasiado —continuó mintiendo y las mujeres volvieron a vociferar elogios exagerados sobre el alcalde, sobre mí, sobre su desempeño político, y nuestro falso matrimonio. Me quedé inmóvil sin saber qué decir o cómo defenderme, estaba acorralada entre esas tres mujeres, Alec comenzó a tocarme los senos como si nada—. Quiero que los vestidos de mi esposa tengan el pasador adelante, que sea fácil de abrir el escote cuando quiera ordeñarla, y resalten sus ubres —luego bajó sus manos y apretó mi cintura—. ¡Ah! La cintura estrecha, nada de cierres en la espalda, quiero que se puedan quitar de un tirón, me place un broche o ganchillo. Las caderas anchas, faldas largas y poco pesadas para levantar la seda sin cansarme, la altura más abajo del tobillo. ¿Cuántos vestidos quieres, cielo?