4 - Florencia

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Bruno, Bruno, Bruno

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Bruno, Bruno, Bruno... Quiero matarte.

Después de aquella noche tan «alocada» no me ha contactado, y, a pesar de haber ido a su departamento, al llamar nadie contestó. Tampoco contesta a mis mensajes, no me pone visto pero le llegan, además, ni siquiera pasa por Délicatesse. Así que tengo una teoría: lo secuestraron y ahora está muerto en un descampado, sin embargo, sus agresores conservaron su celular. O simplemente por razones de la vida no me contesta. A ver, sea cual sea la verdad aún así quiero matarlo.

Creía firmemente en mi primera teoría, pero recordaba algo: el celular de Bruno es de una generación bastante antigua, sólo puede procesar WhatsApp, así que no creía mucho en su secuestro..., ¡o quizás lo secuestraron pero su celular quedó encendido en algún sitio! ¿Pero no tendría que... acabarse su batería?

Sí, me gusta teorizar cosas absurdas cuando no tengo nada que hacer.

Llamé por séptima vez en el día a Bruno mientras estaba en mi horario de descanso. Estaba almorzando con Sam tranquilamente hasta que la conversación se tornó tediosa así que preferí usar mi tiempo en contactar a Bruno.

El celular comenzó a sonar... y sonar.

—No te contestará —Rió Sam. Él se estaba burlando de mi situación desde que le había comentado del tema, lo que me molestaba bastante.

Mis ojos brillaron al ver que Bruno se unió a la llamada. ¡No estaba muerto! Bueno, al menos no aún..., quizás respondió a la llamada mientras se ocultaba de los secuestradores.

—Hey, ¿qué pasa? —saludó muy alegre, como si no hubiera estado ausente durante una semana entera.

— ¿«Hey, qué pasa»? —Repetí enfadada, lo que reflejaba en mi tono de voz tajante— Me tenías preocupada, estúpido —escupí. Él sólo rió suavemente, como si la situación le diera ternura o algo similar.

Realmente estaba enfadada. Había prometido vernos y desapareció repentinamente, no estaba en su departamento, ni en el celular y se había esfumado de mi vida sin avisar.

—Creí que te secuestraron y estarías en un descampado como un cadáver —declaré, ahora hablando con preocupación y cierta tristeza fingida, me daba un tanto de risa la situación.

A pesar de mi broma, no sabía que sentir en aquel momento. Puto Bruno, desde secundaria que me hacía confundirme sobre mis sentimientos.

—Bueno, lo de secuestrarme es verdad —habló jocoso y abrí mis ojos con sorpresa—: mi hermana invadió mi departamento y me arrastró con ella a visitar a nuestros papás. Fue muy repentino, lo siento por no avisarte, pero también me tomó de sorpresa —Sentí calidez en mi pecho al notar la dulzura en su voz, se sentía como si ésta desprendiera azúcar. Bruno siempre había podido doblegarme con su tierna voz y su rostro inocente, con tal sólo aquel tono tan dulce podía caer rendida ante él una vez más como en el bachillerato—. Pagaría por ver tu cara ahora, siempre te ves linda enojada... bueno, no siempre, de hecho a veces das miedo.

Sollozo a medianoche [✔]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora