5 - Desastre

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Recomiendo  Why Do You Love Me de Charlotte Lawrence

para ser escuchada durante este capítulo


Ojos grises

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Ojos grises.
Pelo negro.
Piel bronceada.

Damn, bitch.

¿Por qué es tan atractivo? Aún con la mirada perdida y un gesto deprimido el seguía luciendo auténticamente seductor.

—Es la primera vez que veo a Sam en una fiesta —comentó Eduardo. Era un castaño en cabello y ojos, su piel era blanca pero no pálida, ligeramente amarillenta. Tenía una nariz ancha y un rostro un poco largo, de labios carnosos y cejas pobladas—, está solo.

Julia movió sus cejas rápidamente y me codeó en el brazo.

— ¿Por qué no vas a consolarlo? —Sonrió, enseñándome sus perfectos dientes blanquecinos. Su cabello fueguino brillaba con la luz del cuarto, a pesar de estar a la penumbra era lo que más resaltaba. Sus ojos marrones me veían con picardía mientras se fruncían acompañando su sonrisa de oreja a oreja— La otra vez los vi muy juntitos.

Reí suavemente—: No necesita consuelo.

Eso pensé hasta que lo vi ser rodeado por algunas chicas desconocidas y una que otra cara familiar del trabajo. Apreté mis puños mientras sentía como mis venas comenzaban a calentarse progresivamente. Quizás me enojaba al pensar que Florencia gustaba de él y que en su propia fiesta otras tías se lo ligaban, ¿no?
Me enfadaba ver el rostro de Sam irritado y que ellas piensen que él estaba cómodo con su repentino acercamiento, mientras era lo contrario.
Al mismo tiempo que Julia y Eduardo estaban hablando, sumiéndose en pura distracción, aproveché para levantarme del sofá e ir sigilosamente hasta Sam y el montón de chicas, pasando minuciosamente pasando entre las personas intentando no advertir de mi presencia. Finalmente me aproximé a él y lo atrapé en un abrazo enredado en su cuello, hundiendo mi cara en su pecho, para luego ver a sus ojos, sumamente complacida por su confusión.

— ¡Pensé que no vendrías! —exclamé sin contexto alguno, sin embargo, las chicas captaron mi señal y se marcharon sin antes despedirse con un movimiento horizontal de sus manos, dejándome básicamente a solas con Sam.
Me separé con brusquedad y fingí limpiar mis brazos y mi cara, notando luego la frialdad en su rostro.

Reí. Borde de mierda.

— ¿Hasta cuando fingirás que eres un témpano de hielo, lindura? —le dije con una enorme sonrisa de suficiencia. No cambió su semblante y suspiré de cansancio— Con esto llevas cinco favores pendientes.

—Nadie pidió tu ayuda.

Fruncí mi ceño, apuñalándolo en mi cabeza.

—La pediste, Sam, con tus ojos. No hay nada ni nadie más sincero que los ojos —Hice una pausa—, así que no puedes mentir.

Sollozo a medianoche [✔]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora