Su novio está obsesionado. Ella es víctima de sus manipulaciones. La hiere, la destruye, pero ella continúa cayendo por sus encantos.
Hasta que, una noche tras una discusión con Bruno, Katerine encuentra la paz en el canto de su vecino: Sam d'Aramit...
Me alejé paulatinamente de Katerine ante la amenazadora mirada de Estanislao, quien, segundos previos había quedado en blanco. Alcé mis manos en muestra de inocencia y él echó un suspiro ligero. Ambos, enrojecidos a más no poder, aguardamos por las palabras de mi hermano:
—Compré Cola Cao* —soltó con toda la naturalidad del mundo—, no te lo acabes en tres días como la última vez.
Y seguido de eso, su rostro desapareció de la escena y sólo quedó la puerta cerrada. Volteé a ver a mi Kate y la muy desgraciada se estaba conteniendo la risa.
—¿Te acabas el Cola Cao en tres días? —carcajeó bajándose del escritorio, con su mano cubriendo su boca.
—Estaba exagerando. —Crucé mis brazos, mirando la tarea con total agobio.
Ella me miró con una mirada de nula credibilidad.
—No lo creo, Sam, conozco tu insana obsesión con la chocolatada. —Sonrió, acercándose a mí nuevamente con una expresión jocosa y resopló sin eliminar su sonrisa maliciosa—. Te dije que lo mejor era estar en mi piso.
—Se suponía que Estanislao tardaría bastante en hacer las compras —rezongué.
Arqueó una ceja, con notoria diversión.
—Bien, supongo que nos queda de moraleja —dijo—. Soy la persona más solitaria del edificio, así que no tengo visitas ni aunque sea mi cumpleaños. Por lo tanto, es mejor que hagamos nuestras cosas en mi piso.