CAPÍTULO 1: Recordando.

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CAPÍTULO 1: Recordando.


(Leah en multimedia.)

Allen


1 mes.

Había pasado un mes desde que la había dejado. A su merced.

A una… niña, sola. Con una madre que poco se preocupaba por ella, que no lo hacía directamente. Que adoraba los vicios, drogas, alcohol, cualquier cosa dañina lo tenía aquella mujer.

Emma, la madre de Leah, era otra persona cuando la conocí. Cuando me enamoré de ella.

Era una bonita porrista con todo el cliché encima. Rubia, bonitas curvas, ojos verdes. Ni siquiera sabía con exactitud porque me había enamorado de una persona como ella, tan superficial, pero no podía evitarlo.

Tanto Emma como yo éramos consientes de lo que hacíamos. Melissa era mi novia, una bonita chica de ojos azules y cabello tan oscuro como la noche, tan superficial como Emma e igual de bonita… pero no me pasaba nada con ella. Mi corazón no latía todo descontrolado, no había un zoológico entero en mi estomago. No había nada.

Quizás en cualquier otro momento de mi vida, hubiera actuado diferente, pero no me arrepentía de haberlas conocido.

A Emma la conocí con veinte años, al que ella a mi. Ella estaba estudiando fotografía y yo administración de empresas.

A los veintiuno le dije que cortemos. Todavía podía recordar su rostro triste y las lagrimas en su bello rostro, pero un compromiso me esperaba en la vuelta de la esquina.

“-Un compromiso con la familia Collins sería muy bueno para nuestra empresa, Allen.

Aquella simple frase hizo que mi respiración se cortara. Compromiso. Aquella era una palabra que yo no quería conocer.

¿Comprometerme con una persona que no amo? ¿Qué no me ama? Porque sabía que Melissa no me amaba, al igual que yo a ella. Nos habíamos puesto de novios ante la insistencia de nuestras familias, no porque verdaderamente queríamos.

La familia Collins, una importante empresa automotora, tenían unos increíbles autos deportivos y eran nuestros socios mayoritarios. Por otro lado, nosotros teníamos una empresa hotelera, teníamos una gran cadena de prestigiosos hoteles, aunque yo solo me encargaba de la administración de aquellos.

-Papá… no me quiero casar.-susurré.

Pero sabía, lo sabía muy bien. A mi padre no le importaba mi opinión.

-Esto es lo mejor para ti, Allen.

Y, viendo sus fríos ojos marrones, fue que lo supe. Yo me tenía que casar. Sin importar que.”

Sabía que Emma no se merecía seguir ahí, siendo la segunda en mi vida, por lo que dejarla fue la mejor decisión que podía haber tomado.

Y, meses luego, me vi en el altar.

Estaba acostumbrado a usar trajes. Pero ese me apretaba, aún con la corbata tan suelta que daba gracia, sentía que algo me apretaba la garganta con tanta fuerza que me impedía respirar.

No quería hacerlo, pero sentía que en cualquier momento saldría corriendo a llorar en un rincón, como hacía cuando era pequeño y extrañaba a mamá. Pero no lo hice. No pude hacerlo cuando la vi ahí, con un enorme vestido blanco que le quedaba tan bonito. Y también la vi, vi su rostro, su lloroso rostro. En ese momento, supe que también por ella, yo no podía salir corriendo como un cobarde.  

Un Padre, Cinco HijosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora