Capítulo No. 14. Zeph Ford.

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«Di algo, por favor. Di algo, por favor. Di algo, por favor.»

¿Qué diga algo? ¿Qué quiere que diga? ¿Qué estoy feliz de que todo haya sido una prueba? ¿Qué en realidad no me usaron? ¿Qué en realidad los malditos primos Worral no tenían planeado usar a Zoey como intercambio por armas y usarme a mí como su pase de salida? ¿Qué estoy feliz de que todo haya sido un teatro sobre exagerado? ¿Qué nada de lo que acaba de suceder fue real?

¿Qué nada fue real?

Reí entre dientes agriamente, me rasqué la nariz y observé a otro lado que no sean los ojos verdes grisáceos de mi hermanita menor. Esos ojos que hace no mucho estaban llenos de lágrimas, con un brillo de terror gobernándolos mientras el maldito rubio la amenazaba con una pistola. Una pistola cargada.

Tal vez Axel aseguró que solo tenía una bala, que fue la que usó para disparar contra la pared en modo de advertencia, pero eso no quita el hecho de que le puso una pistola en la cabeza a mi hermana, eso no quita el hecho de que la desesperación y el terror de perder a Zoey se apoderaron de mí.

La impotencia me dominó, o al menos eso intentó, al saber que casi perdía a Zoey, y la única posibilidad de salir con vida era peleando, ganando una pelea contra la mejor peleadora de la familia Worral.

«Tal vez Willa no peleó de verdad pero sí que te dio una madriza» «Sí que te dio una madriza» «Te dio una madriza» «Madriza»

Las palabras de Axel hicieron eco en los rincones más oscuros de mi mente, y de inmediato, el recuerdo de la pelea contra Willa llegó a mi cerebro.

Esa pelea... la sentí demasiado lenta, tal vez por el hecho de que fui yo quien recibió la mayoría de los golpes, que sintió la potencia de los golpes y que sintió como el aire se escapaba de sus pulmones varias veces sin poder evitarlo.

¡Pero claro que podía evitarlo! Podía hacerlo pero no lo hice, dejé que una mujer me golpeara, dejé que una mujer me diera la más tremenda paliza que jamás había recibido en toda mi jodida vida. ¡Pero no fue justo! Ella tiene crianza militar, ¡Yo crecí en las calles! ¡Sin familia! ¡Sin techo! ¡Sin comida! ¡Sin nada! ¡Un maldito niño vagabundo que tuvo que aprender a subsistir por cuenta propia! Por otro lado, ella, Willa, tuvo todo eso, todo lo que yo siempre quise: familia, casa, ropa, comida.

Y casi de inmediato, me acordé de que la chica fue despreciada por su familia por ser mujer, aunque a la vez no... ¡No sé cómo está ese jodido rollo pero el caso es ese!

«Tú hermana sabía de esto y estuvo de acuerdo»

Zoey lo sabía. Zoey fingió. Zoey. Zoey. Zoey.

Zoey...

¡Mi hermana participó en todo este teatro estúpido! ¡Aaaagggghhhh!

Todos actuaron a costa mía, pasaron sobre mí y no se preguntaron cómo me lo tomaría.

Y luego Kimberly Worral salió como la defensora. ¡Barbaridades! ¡Estupideces! ¡Tonterías! Pero... ¿Y si tiene razón? ¿Si todo lo que dijo la negra esa es verdad y está en lo correcto? Siempre mantuve a mis hermanos vivos porque siempre los mantuve de un lado a otro, alejándolos de las grandes ciudades, de las personas, de los rebeldes, de las resistencias, de los locos, de todo el mundo, solo nosotros tres.

«No puedes esconderte, huir como un cobarde, para toda la vida»

Pero bien que eso me ha mantenido con vida, y no sólo a mí, también a mis hermanos, ¿Eh?

Me sentí ridículo ante ese pensamiento pero es la verdad: huir como un cobarde ha mantenido con vida a mis hermanos y a mí. Esa cruel realidad es eso, realidad, es esa realidad de la vida que llevo con mis hermanos, pero ahora Dylan está bajo el poderío de Howkon.

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