Capítulo No. 28. Zeph Ford.

14 4 2
                                        

Me lleva el carajo.

¿Cómo diablos me puede estar sucediendo esto a mí y justo ahora? ¡¿Ahora?! ¡Que ya estoy tan cerca de poder recuperar a Dylan! ¡Pero noooo! ¡La pinche vida decidió darme una patada en el trasero y hacer que me caiga por un barranco para aterrizar sobre lodo y mierda de animales! Me lleva el carajo.

Lo peor de todo esto es que me encerraron en una pinche celda cuando yo ni hice nada, literalmente, ¡No maté a nadie! O bueno... no que yo recuerde.

No recuerdo mucho, de solo pensar en lo que sucedió horas atrás me da dolor de cabeza, además, sigo sin entender por qué demonios me encerraron, y no solo a mí, ¡También a los Worral! Eso se llama injusticia, ¿por qué? ¡Porque ellos fueron quienes nos salvaron el jodido trasero! Y los encierran porque según son insensatos y peligrosos, bueno... Willa tal vez sea demasiado insensata y peligrosa cuando se lo proponga, pero Kimberly y Axel no... o bueno... Kimberly solo es insensata cuando se enoja y muy pero muy peligrosa, y Axel... Axel da miedo con tan solo verlo.

¡Pero ese no es el caso! Lo que importa averiguar aquí es por qué los encerraron, al igual que a mí, cuando fueron ellos los que nos salvaron de la invasión rusa.

Esto está de la patada.

Realmente jo-di-do.

Uagh, ya me empezó a doler la cabeza.

Respiré hondo y ajusté el cruce de mis brazos solo para aparentar que sigo enojado, porque realmente lo sigo, y para poder disimular el jodido dolor de cabeza que me acaba de dar.

Los dos hombres en frente mío siguieron sin quitarme la mirada de encima, con sus ceños totalmente fruncidos, al igual que yo, solo que yo no ando de pie y con una jodida arma de fuego en las manos mientras unas viejas cámaras están posicionadas en cada esquina superior de la celda, detrás de esos tipos hay una reja que me deja ver un pasillo levemente iluminado por focos de luz amarillenta, así a como el foco que ilumina la celda en la que estoy.

Los segundos siguieron pasando taaan lento pero taaaaaaaaan lento, que incluso se convirtieron en horas, poco a poco empezó a dolerme la espalda por estar derecho por mucho tiempo, por lo cual resbalé en el asiento para poder encorvarme sin la necesidad de pararme, entonces me empezó a doler el trasero, es más, creo que ya ni trasero tengo, ya debe de estar más plano que una jodida tabla por estar tanto tiempo contra una jodida placa metálica.

El silencio sigue haciéndose presente entre los tres: los dos guardias esos que parecen gansos y yo.

El silencio es demasiado tenso entre los tres, ninguno se dirige la palabra y yo ni por más loco que estuviera les hablaría, no luego de que casi caigo por las escaleras por culpa de esos jotos idiotas.

Los fulminé con la mirada cuando me acordé de mi casi caída por las escaleras, y sobre todo, al recordar cómo me insultaron y me obligaron a seguir caminando.

Idiotas.

Quise ponerme de pie. Demonios. Como deseo ponerme de pie, estirar el cuerpo, relajar los músculos, tallar mi ya inexistente traserito y caminar un poco, además de salir y tomar aire libre para oxigenar mi cerebro para que no me duela tanto la cabeza, pero eso es imposible porque estoy encerrado en una pinche celda con dos pinches guardias en lo más profundo del pinche barco gigante.

Esto está de la fregada.

Rezongué por lo bajo e hice mi cabeza hacia un lado haciendo tronar los huesos de mi cuello.

Ay, pero que bien se sintió eso.

De reojo logré notar como ellos se tensaron y aferraron sus fusiles en manos.

Zone ZeroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora