Capítulo No. 25. Willa Worral. || 1ra. parte.

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Mierda. Mierda. Mierda.

¿Dónde carajos está el pinche marcador?

Miré a mi alrededor, sin dejar de estar sentada en el asiento del copiloto, buscando un pinche marcador o algo para poder rayar y que sea permanente, o que no se quite con tanta facilidad, con eso me conformo, con tal de que no se quite con facilidad seré feliz.

─¿Qué tanto buscas? ─preguntó Kimberly en el momento exacto en el que me agaché en dirección a la parte baja del asiento del piloto.

─Un marcador.

Me enderecé, con una pierna flexionada en el asiento del copiloto, miré a mí alrededor una vez más esperando que mi vista de águila me sirva de algo pero no funcionó porque no encontré ningún pinche marcador. La frustración se apoderó de mí pero no lo suficiente, sin embargo, sí lo suficiente como para que bufe como un caballo logrando apartar algunos mechones rebeldes del frente de mi rostro.

Carajo.

─¿Para qué quieres un marcador?

─¿Pues para qué más? Para marcar.

─¿Y qué...? ─Su pregunta quedó a medias mientras yo la veo, la morena dirigió lentamente su mirada a Zeph dormido y roncando a todo dar para luego verme con sospechas─. No. No, no, no. No estarás pensando en hacerlo, ¿Cierto?

─¿Por qué no? ─Me encogí de hombros con una sonrisa adornando mi rostro mientras Kimberly me ve de mala manera─. ¿Qué? No tiene nada de malo.

─No, Willa. Todo sale mal cada vez que haces alguna broma de mal gusto.

─Eso no es cierto ─La miré con desconfianza intentando ocultar los miles de recuerdos que acuden a mi mente mientras me siento correctamente en el asiento del copiloto viendo por el vidrio frontal de la vieja camioneta.

─Willa.

Rodé los ojos exasperada por su próximo sermón, entonces me harté y dejé de estar sentada en el asiento del copiloto... apoyé mis rodillas en el asiento y mis manos en la cabecera mientras la veo fijamente a sus ojos marrones que me ven como una madre regañando a su hijo, el más travieso de todos.

─Haber, ¿quién es la mayor aquí?

─Tú, ¿quién es la madura aquí?

─Obviamente yo.

Solté algunas risas burlonas por lo bajo mientras mantengo mis cejas alzadas, miré a los ojos a mi prima en el momento justo en el que ella alza sus cejas perfectamente delineadas, bufé por lo bajo apartando algunos mechones rebeldes, ruedo los ojos mientras rezongo por lo bajo.

─Bieeeeen ─medio grité mientras me vuelvo a sentar de mala manera, mi pobre e inexistente traserito sufrió, a-a-auch.

Me crucé de brazos enojada, mis labios hicieron un puchero infantil y mi ceño se encuentra totalmente fruncido. La frustración de no poder realizar mis planes malvados fue aumentando cada vez más hasta que ya no pude más y tuve que expulsarlo todo en un grito de frustración mientras mi cuerpo, instintivamente, se hace a un lado dejando mis piernas alzadas en el aire y mi cabeza chocando ligeramente contra la puerta del copiloto que incluso sonó.

─¡Solo quiero rayar su cara! ¡No tiene nada de malo! ─grité sin importarme si Zeph o Zoey se despiertan.

Miré a Kimberly por medio del espacio que se crea entre el asiento y la pared metálica de la vieja camioneta que nos sirve de transporte, la morena alzó más sus cejas, su mirada marrón se vio cargada de humor negro y de regaño natural, sus labios son una fina línea a pesar de que son rellenitos por naturaleza.

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