Capítulo No. 10. Zeph Ford.

10 3 1
                                        

─Cien flexiones de brazos, estiramiento y terminas.

Fue lo que había dicho Axel antes de ingresar a la casa en la que nos estamos alojando temporalmente.

Pensé que el entrenamiento con Axel sería fácil... algo así a como era el entrenamiento de Roy antes de que iniciara la guerra.

Roy... viejo amigo...

Por un momento me puse nostálgico al recordarlo... pero... recordar cómo murió me afectó un poco en estos momentos. Respiré hondo y alejé ese recuerdo de mi mente y decidí concentrarme en el ahora.

Sí... en el ahora... y ahora estoy completamente seguro de que me equivoqué de gran manera, el entrenamiento con Axel es doloroso, realmente doloroso, la primera vez terminé casi muerto, aunque en estas casi dos semanas he logrado acostumbrarme un poco, sin embargo, eso no quita el hecho de que sienta mis músculos engarrotados de vez en cuando o un dolor en alguna que en otra parte de mi cuerpo.

Tres veces al día me obliga a entrenar, ¡Tres malditas veces! Y me obliga porque cuando me quedo dormido hasta tarde, entra al cuarto y me tira un balde de agua fría, ¿De dónde la sacará? Quién sabe, pero no puedo quejarme, por más que quisiera no puedo porque desgraciadamente accedí a quedarme y a entrenar, pero no sabía qué decir «Sí» indirectamente a su propuesta provocaría muchas cosas, por ejemplo: los moretones que tengo cuando me toca pelear contra él, ¡Y no logro tan si quiera rozarlo!

Cincuenta... y me tiré al suelo.

Jadeé con cansancio con mi frente pegada a la tierra, la cual se pegó ligeramente a mi frente por culpa del sudor que recorre mi cansado cuerpo.

─Vamos, Zeph... tú puedes... por tus hermanos... por Dylan ─susurré sin aire para alentarme.

Con brazos temblorosos, y dolorosos, volví a levantar mi peso una vez más, luego dos veces, tres veces, cuatro hasta llegar a las cincuenta veces que me faltaban, luego me tiré al suelo sintiéndome muerto sin importarme que la tierra se pegue a mi cuerpo entero por culpa del sudor.

Ya no. Por favor. Ya no quiero nada. No quiero saber nada de entrenamiento. Nadaaaaaa.

Respiré hondo intentando normalizar mi respiración, pero sentí mis fosas nasales y mis pulmones enfriarse mientras mis costillas me duelen más que todo el cuerpo, y todo por culpa de los malditos ganchos de ese rubio asqueroso. ¿Cómo carajos tiene tanta fuerza? Eso no es normal. No-es-nor-mal.

Son qué, ¿las diez de la noche? Tal vez, y como estamos en el campo hay un frío de los mil demonios.

A pesar del frío, y del temblor y dolor recorriendo mi cuerpo, me senté en el suelo y empecé a estirar para relajar el dolor en todo mi cuerpo repasando mentalmente todo lo que hice en la última jornada de entrenamiento.

Una hora trotando treinta y cinco metros lejos del rancho pero rodeando el rancho y sin detenerme, ¿Se imaginan cuantos metros troté en una hora? ¿No? Yo tampoco, y lo que aún no me explico es de cómo carajos ese maldito rubio sabe cuántos metros debo de permanecer alejado de la casa para trotar lo indicado.

Axel es raro... y fuerte... jodidamente fuerte pero también raro... ¡Pero jodidamente fuerte! Pero raro... mmm...

Luego de eso me obligó a practicar algunas formas de pelea que terminaron en la siguiente fórmula:

Yo + cara + suelo = él de pie.

Después tuve que hacer quinientas abdominales y quinientas lagartijas lo más lento que podía, eso fue tremendamente doloroso, ¿lo peor? Me hizo esperar tres cinco segundos para poder volver a ponerme en posición y hacer otra de esas abdominales y lagartijas, luego me hizo hacer otra serie de quinientas lagartijas y abdominales lo más rápido que podía... y solo era el inicio de la gran tortura de hoy.

Zone ZeroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora