Me duele todo el cuerpo. La nieve sobre la que estoy tendido está fría y me castañetean los dientes. Me zumban los oídos y no siento las extremidades. Oigo pasos y, aunque no soy capaz de discernir de dónde vienen, intento sin éxito arrastrarme lejos de ellos.
- Hier! Wir haben ihn gefunden (¡Aquí! Lo hemos encontrado) -no importa cuanto me duela la cabeza, reconocería ese idioma del demonio en cualquier situación. Alemanes, y eso solo puede significar una cosa: Hydra
- Bringt ihn mit. Wir haben etwas für ihn geplant (Traédlo. Tenemos algo planeado para él).
Trato de moverme de nuevo, pero el cuerpo no me responde. Miro hacia abajo buscando el problema y me doy de bruces con la realidad. Sangre, mucha sangre. ¿De dónde ha salido tanta sangre? Trato de levantar la mano para tocarla cuando descubro con horror que mi brazo izquierdo ha desaparecido, sustituido por un muñón sangrante. Alguien me coge por detrás y pierdo la consciencia de nuevo.
~
Abro los ojos de golpe e intento incorporarme, pero un dolor sordo me lo impide. Al principio lo veo todo borroso y trato de enfocar el mundo. Veo a Steve, que está justo a mí. Se levanta a toda prisa y se acerca para apoyar una mano en mi hombro.
- Steve... -murmuro. Voy a preguntarle qué me ha pasado pero él me interrumpe antes.
- No intentes moverte. Vuelvo enseguida, ¿vale? -yo asiento confuso y él sale por la puerta.
Miro hacia todas partes, buscando algo que me ayude a comprender dónde estoy y qué ha pasado. Reparo en que estoy conectado a varias máquinas y monitores y una respuesta se materializa de inmediato en mi mente: Hydra. Estoy a punto de arrancarme las vías del brazo y salir corriendo cuando un hombre alto vestido con una impecable bata blanca abre la puerta que Steve dejó entornada. Porque Steve estaba aquí, eso no lo he imaginado ¿verdad? Recuerdo la batalla contra Hydra y comprendo todo. Me han capturado. Me han capturado y me han llevado de vuelta con ellos para torturarme. Por eso está aquí este... científico supongo. Me van a convertir en el Soldado de Invierno.
Ya estoy empezando a incorporarme para salir corriendo sin pensar en las consecuencias cuando Steve entra y llega junto a mí.
- No pasa nada, relájate ¿vale? -cuando apoya una mano en mi brazo me convenzo de que no era un producto de mi imaginación-. Él es el doctor Hayes, va a revisarte.
Su voz transmite calma y no opongo resistencia cuando sus manos me guían de vuelta a la cama. Aunque no entiendo nada. Si Steve está aquí de verdad, entonces esto no puede ser una base de Hydra. Pero, entonces, ¿dónde estoy? Miro a Steve y él me devuelve una mirada calmada, tranquilizadora. Y yo decido que, si Steve está aquí, no puede ser algo tan malo. El hombre con la bata aprovecha para acercarse y, aunque estoy nervioso, no me asusto. Confío en Steve.
- Buenas tardes señor Barnes -saluda mientras extrae de su bata una linterna con la que me revisa los ojos-. Vengo a asegurarme de que todo está en orden. No fue una operación fácil.
- ¿Operación? -es cierto que estoy algo mareado y confuso, pero estoy bastante seguro de que si me hubiesen operado lo sabría, aunque sólo fuese porque todo me dolería, ¿no?
- Los efectos de la anestesia aún no han desaparecido por completo -dice comprobando ahora los monitores que hay junto a mi cama-. No empezará a dolerle de verdad hasta dentro de un par de horas. Me aseguraré de que las enfermeras le traigan algún analgésico para entonces. Voy a tener que inspeccionar la herida para asegurarme de que no se le ha saltado ningún punto y de que todo está como debería, así que tendré que levantarle la camiseta.
Pese a sus palabras me pongo nervioso de inmediato, y Steve se percata de ello en seguida. No me gusta que me toquen manos desconocidas. De hecho, no me gusta que me toque nadie en absoluto. Steve apoya una mano en mi hombro para que me relaje y luego me sube él la camiseta en lugar del doctor. El tacto de sus manos frías sobre mi piel hace que me sonroje y rezo para que no se haya dado cuenta.
- Bueno, esto no tiene mala pinta -declara el doctor tras echar un vistazo-. Si todo sigue así mañana te podremos quitar las vías y desenchufarte de todas estas máquinas.
- Muchas gracias -dice Steve mientras me coloca de nuevo la camiseta en su sitio, con cuidado de no rozarme la herida.
- No es nada. Llámenme si necesitan algo -se despide mientras sale.
- Gracias -susurro, aunque tarde, en su dirección.
Steve y yo nos miramos y él esboza una tímida sonrisa. Me pierdo en ese gesto, tenue pero sincero, hasta que siento que estoy a punto de sonrojarme de nuevo. Me digo a mí mismo que tengo que dejar de pensar en esa clase de cosas. Mientras, él toma asiento en el mismo sillón que ocupaba antes, lo bastante cerca como para que pudiese acariciarle el desordenado cabello rubio si alzase el brazo unos centímetros.
Por primera vez, reparo en sus marcadas ojeras y su aspecto en general desaliñado. ¿Cuánto tiempo llevará aquí?
- Me alegro de que por fin te hayas despertado -se sincera.
- ¿Qué ha pasado? Recuerdo una explosión y la lucha, pero nada más.
- Te encontré sepultado bajo una montaña de escombros. Estabas inconsciente. Nat me ayudó a sacarte y te trajimos aquí, son unas instalaciones de Shield. Tenías un traumatismo craneal leve, varias costillas rotas, un pulmón perforado... Estuviste casi seis horas en quirófano -con cada palabra su voz ha ido perdiendo fuerza, hasta convertirse en un susurro apenas audible.
Nos quedamos los dos en silencio, yo procesando sus palabras y él incapaz de decir nada más.
- No te preocupes más, ahora estoy bien. ¿No pensarías que iba a morirme no? -intento inútilmente aligerar el ambiente. Su mirada vidriosa me da toda la respuesta que necesito.
Algo dentro de mí parece romperse ante su mirada indefensa. Estiro el brazo derecho y lo obligo a reclinarse sobre mi pecho. Él lo hace, teniendo cuidado de no rozarme en ninguna herida ni cardenal. Le acaricio la cabeza con suavidad.
- Ya está, ya ha pasado. Estoy bien -añado en susurros tratando de calmarlo. Me siento tentado de dar gracias por haber sido yo el herido, no creo que hubiese soportado encontrar a Steve inconsciente bajo los escombros. La sola idea hace que se me hiele la sangre.
Cierro los ojos, disfrutando el momento. He soñado muchas veces con estar así, abrazados, en una paz relativa. Aunque nunca pensé que sería de esta manera, en unas instalaciones secretas de Shield después de resultar gravemente herido en un ataque de Hydra.
No sé cuanto tiempo pasamos abrazados, pero no me habría importado seguir así toda la vida. Al final, Steve se separa y toma mi mano entre las suyas.
- Tengo algo para tí. Algo que hace mucho que debería haberte devuelto.
Se lleva una mano al cuello y coje la cadena que siempre lleva colgada bajo la camiseta. Se la quita con una sola mano y me la muestra. Son unas chapas de identificación. Y entonces lo recuerdo.
Era una noche fría de invierno y Steve y yo estábamos solos en mi tienda. Sentados sobre mi catre, nos poníamos al día después de que él me rescatase de las manos de Hydra. Hablamos hasta bien entrada la madrugada mientras, fuera, gruesos copos de nieve teñían todo el campamento de blanco.
Cuando Steve se levantó para irse a dormir, lo detuve.
- Espera -le pedí poniéndome en pie junto a él con una sonrisa-. Dame tus chapas de identificación -estiré una mano en su dirección con aplomo.
Él se las quitó del cuello y me las tendió sin dudar un instante, mientras me miraba suspicaz. Yo las cogí y, quitándome las mías, me colgué las suyas al cuello. Le tendí entonces mis propias chapas.
- Un soldado no puede morir mientras no lleve puestas sus chapas de identificación -expliqué ante su mirada curiosa-. Simplemente no se puede. Así que, si tú llevas mis chapas y yo llevo las tuyas, siempre volveremos con vida.
Él me miró algo escéptico, pero se puso mis chapas al cuello.
- Entonces más te vale no morir -comentó con sorna-, o todo lo que has dicho será mentira.
- No moriré, lo prometo -repliqué sonriendo-. Prométeme que tú tampoco lo harás -exigí con seriedad.
- Te lo prometo. Tendrás que aguantarme durante muchos años más amigo -me aseguró tranquilo, confiado. Steve salió de la tienda. La luz de la luna reflejada en la nieve hacía brillar mis chapas. Nos sonreímos a modo de despedida y volví al interior de mi tienda con una gran sonrisa. Me tumbé en mi catre sosteniendo las chapas de Steve. Pensé que era como llevar una parte de él conmigo.
Esa noche dormimos tranquilos. Ninguno de los dos sabía aún lo que nos deparaba el destino.
El recuerdo se desvanece y vuelvo a mirar a Steve, que aún me tiende las chapas. Me fijo con atención y distingo con claridad mi nombre. James Buchanan Barnes.
- ¿Por qué me das esta? -pregunto confuso.
- Es tu chapa -explica aún más confuso que yo.
- Pero es que... yo quiero la tuya -confieso. Pienso que igual él no quiere dármela y por eso me ha tendido la mía, pero mis dudas desaparecen al ver la rapidez con la que saca sus chapas de un bolsillo-. Tranquilo -bromeo haciendo referencia a sus prisas-. No me voy a arrepentir.
Steve ríe y me tiende ambos collares, claramente dándome a elegir.
- Coge las que quieras. No te sientas obligado a llevar las mías.
De lo que no se da cuenta es de que, para mí, no hay elección. Llevar de nuevo sus chapas al cuello es todo lo que podría pedir.
- No me siento obligado -le aseguro-. Quiero hacerlo -continúo mientras me las coloco con cuidado alrededor del cuello. Las miro con nostalgia-. Creí que no volvería a verlas -murmuro, más para mí que para él.
Tampoco creí nunca que volvería a verlo a él, sonriéndome como ahora y haciéndome sentir importante simplemente con ese gesto.
- Gracias -digo tras un silencio durante el que Steve ha vuelto a colgarse mis chapas-. Por todo. Por encontrarme siempre, sin importar lo difícil que sea. Y por cuidar de mí.
- No me las des. Tú siempre cuidaste de mí, ¿no? Ya iba siendo hora de devolverte el favor.
Quiero decirle que no es lo mismo, que no puede compararlo, que yo nunca arriesgué mi vida por él de la misma manera en que él lo hace por mí, pero no me deja.
- Ni se te ocurra replicar -me advierte previendo mi reacción.
Y, aunque sigo pensando que no merezco tanto esfuerzo, sonrío sin decir nada. Me limito a disfrutar de su presencia en silencio, tratando de no pensar en qué será lo siguiente en salir mal.
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Hasta el final
Fiksi Penggemar"¿Me había recordado?" Hace dos días Steve estuvo a punto de morir. No pudo hacer nada para evitar caer de la nave pero Bucky, su mejor amigo, le sacó del agua. El único problema es que Bucky no recuerda a Steve, ¿o sí?
