Era imposible escapar de la bestia, era imposible amar a la bestia; todo esto ella lo rectificó. Cayó en sus agarras y amó estar allí, pero las mentiras dañan, hieren y destrozan. Las mentiras y traiciones hicieron de las paredes sólidas de su amor, no más que una muralla de papel. Una muralla de papel que se fué desintegrando con cada una de sus lágrimas, esparciendose en mil pedazos a su alrededor. Ambos se destrozaron, cada cual perdió sus pedazos, y ahora que intentan sanar, deben a ayudarse a buscar los trozos restantes. Sin más mentiras, con más amor, sin más traiciones, con madurez. Sin mil pedazos, y con mil razones. Mil razones para ser felices o mil razones para sufrir. Mil razones para irse, y otras mil para quedarse. ¿Podrán superar la prueba final o desistirán en el tormentoso camino?