Era Lunes otra vez, otro inicio de semana en el cual no había madrugado y había terminado con el pelo desordenado y una taza de café en mis manos. Hoy era el combo del diablo: era el día donde Matemáticas, Física y Química empezaban el maravilloso día.
El autobús dio la última curva a la derecha y sabía que habíamos llegado. Me levanté y las bolas de papel y gritos habían cesado.
Las manijas del reloj palpitaban en mi cabeza hasta que el timbre sonó y todos saltamos de nuestros pupitres.
—justo a tiempo señorita O'Brien —dijo Marisabel creando su entrada a mi clase.
Abrí mis ojos como platos y me volteé para verla.
—¿cómo, ¿por qué?... mejor solo ve al grano —dije cerrando mi mochila.
—O'Brien mencionó una supuesta cena a Mike, Mike a Sally, la cual creo que está engañando a Mike porque me enteré que Mónica está
—¡ve al grano! —ordené ubicándonos en el tema. Aunque después querría saber en qué andaba Mónica...
—James me contó de la supuesta cena con una supuesta chica con el supuesto nombre Mía.
Tantos nombres me habían mareado, pero no deseaba volver a preguntar.
—a cierto, ¿no lo mencioné? Cené con un chico llamado Dylan. Adiós.
Sonreí y caminé rápido dejándola atrás.
—¿enserio? —me preguntó por milésima vez en la fila de la comida— ¡que perra! —repitió por milésima vez.
Planeaba decirle en algún momento, pero no hoy, tampoco mañana y posiblemente tampoco pasado. Posiblemente omitir la parte donde informaba que éramos vecinos y que habíamos cenado... solo un cambio de pequeños detalles.
Vi la mesa del equipo de fútbol, la mesa llena de computadoras y a parte la de las porristas que se sentaban encima de los del equipo y se besaban como si fuera un espectáculo. Dylan no estaba, no estaba en ningún lado.
—enserio no puedo creer que no me lo contaras.
Encontré a Mike y a Dylan comiendo en una esquina. Impresionantemente solos, tal como yo estaría con Marisabel si se calmara por una maldita vez
—¿puedes quitarle lo frito al pollo frito? —preguntó la chica de enfrente mío y supe que no conseguiría comer antes de que acabara el recreo. Tomé una limonada y caminé a las mesas.
—y entonces cenamos, nada más eso.
—¿Con O'Brien? ¿El O'Brien que parece un Dios griego? ¿El O'Brien que podría follarmelo ya?
Parecían tan impresionada que no sabía si pararme, irme y dejarla procesando todo.
—se ve bien masticando —preguntó logrando que estallara en risa— apuesto a que si. Más vale que me invites a la próxima.
—le encantará conocer a la chica que está en su club de fans —reí mordiendo levemente mi pajilla.
—¿y te gusta? —preguntó y sabía que era una pregunta con trampa.
¿Gustarme? Habíamos intercambiado tres palabras y aunque diga que no me joderá con él hasta la tumba.
—he intercambiado tres malditas palabras con él, Marisabel.
—yo no he intercambiado ni una y podría llevarlo al baño ya.
Rodé mis ojos y caminé hacia mi casillero.
—por eso no cenarás con él —grité desde la entrada.
—vaya con cuidado señorita O.
Bufé y negué con la cabeza, podía imaginarme en mi boda con un chico cualquiera y el discurso de bodas de Marisabel incluiría un "señorita O".
Abrí mi casillero y saqué mis libros. Necesitaba mi diccionario y estaba hasta el fondo. Cuando mi intento falló y todo estaba en el suelo una cabellera café y sonrisa brillante había llegado a mi rescate. La última coca cola del desierto, O'Brien.
—¿me reconoces? ¿O aún no me notas —preguntó pasándome mis cuadernos.
—lo siento —reí recibiéndolos —para ser justos, tu Inglés no es tan malo.
—por lo menos puedo bajar las escaleras bien.
Touché O'Brien, Touché.
—se te cayó esto —me extendió un pequeño Post it que decía "señorita O" en azul el cual casi metí en mi boca al ver que él lo había visto.
—me estaban molestando porque no paro de comer oreos —mentí sobre el papel que arrugué y metí en mi bolsillo— te veré en Inglés, ya que no podré hablarte... —reí y me alejé por el pasillo.
—esta vez si me notarás señorita O —escuché su grito desde los casilleros y reí. Su sonrisa era realmente perfecta maldición.
Claro que lo notaba. Lo notaba en educación física cuando las venas de su brazo se marcaban, lo notaba cuando pasaba al frente y tenía todo mal y me daba ganas de corregirlo, y lo había notado perfectamente enfrente mío cenando con camisa arremangada y planchada a la perfección.
—muy buena jugada, señorita O'Brien —gritó Marisabel desde la esquina— muy buena.
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El chico de al lado
FanfictionMundos diferentes. Objetivos diferentes. Sin duda puntos de vista diferentes. Y para ese chico de ojos oscuros, una chica diferente. Para esa chica baja de pelo oscuro, un chico como los otros.
