Escúchame

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-¡Mía!- escuché a mi madre gritarme. Suspiré y terminar de amarrar mi zapato -¡Mía!- volvió a gritar. Bajé rápido ya que a mi desesperada madre podía darle un paro cardíaco si no bajaba.

Para lo movida que había sido esta semana, nunca pensé que una ducha pudiera llegar a relajarme tanto.

-ya llegué- me senté en la mesa con mi pelo mojado.

-¡Mía la carta! ¡Una carta! ¡O por Dios!

-si no gritas, podemos entender las dos...

Un sobre con mi nombre reposaba en la mesa. Un sobre simple, limpio, tal vez elegante en algún aspecto.

Columbia University, NY. Ahí fue cuando la reconocí. Columbia la universidad de Nueva York, corrección; la universidad más prestigiosa de Nueva York. Mi cabeza daba demasiadas vueltas por lo de Mike que no me quedo tiempo para impresionarme.

Una carta, una carta de una hoja tendiéndome en bandeja de plata que asistiera a la universidad de Columbia. Habían visto mi promedio, habían visto mi historial y les parecía "material adecuado de estudiante de Columbia".

Recordaba que siempre había deseado entrar ahí. Desde ese concurso de deletreo de tercer grado, sabía que llegaría a esa universidad. Y ahora estaba aquí, en mi cocina leyendo la carta que varias veces soñé con recibir y mi mente se encontraba pasiva, pasiva tomando en cuenta que el mejor amigo de mi novio es gay, y la mejor universidad de Nueva York me contactó. ¡Era Columbia maldición! Pero por alguna razón no me sentía digna de alegrarme.

-¿Columbia?- sentí la carta salir de mis manos -¡es Columbia!

Escuche a Jake arrugar el papel, escuche como su cabeza daba vueltas. Él sabía cuánto quería esa universidad.
La habitación esperaba en silencio por mi respuesta, por una reacción. Unas lágrimas alegres tal vez, un abrazo grupal sería apropiado. Pero necesitaba un momento para procesarlo.

-si, es, es Columbia. Ahora faltara esperar las demás, Columbia no es mi primera opción... Tal vez lleguen más cartas.

-¿no es tu primera opción?- preguntó en un tono de casi regaño -¿te estás escuchando en este maldito momento? Por favor no me digas que...

-no todo es por él- leí sus pensamientos -habrán mejores opciones, hay que esperar.

Tal vez el hecho de dejar a Dylan era algo que no había cruzado por mi mente en ese momento. Pero no iba a dejarlo, no podía dejarlo.

Además habrían mejores ofertas.

O eso quería pensar.

--

-¿y piensas hablar con él?- le pregunté al castaño que miraba el asiento de enfrente.

-no lo sé... No puedo llegar y decirle 'ey tú, mejor amigo, se te olvidó decirme que eras gay'.

Reí internamente. El bus iba alegre esa mañana calurosa, logrando que el ambiente se sintiera más denso. Todos iban gritando o riendo, parecían una caricatura alegre, y al final, en el penúltimo asiento del lado izquierdo, iba la pareja amargada, discutiendo sobre qué harían con sus vidas.

Imaginarse la vida como un cuadro aligeraba mis pensamientos.

-y qué vas a hacer ¿ignorarlo?

El chico de al ladoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora