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Mi lado de la historia

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Admiré la maleta medio llena que se apoyaba en mi cama. Me llevaría algo de ropa al principio, con algunas cosas básicas, no quería parecer que me mudaría de por vida, pero tampoco asistiría desarreglada a mi nueva Universidad. Faltaban un poco más de dos semanas, mi madre había acordado a mandarme el resto de mi ropa y Jake en irme a dejar.

-¿este también?- preguntó el cavernícola de Jake que necesitaba urgentemente una afeitada mientras sostenía otro de mis porta retratos.

-sip- bufó ante mi respuesta -vamos ¿puedes dejar de quejarte?

-¿puedes dejar de empacar cosas estúpidas?

Abrí mi boca ofendida pero en parte tenía razón... Tal vez el oso enorme de peluche que intenté -aunque fallé1 de meter en mi maleta, las fotos que ocupaban mas de la mitad de mi equipaje, una caja de condones que según Jake "me serviría bastante" y sí mucho, el otro veinticinco era ropa que él había escogido para mí, que aun que sabía no me pondría, le decía que sí para callarlo. Me preguntaba desde cuando habían esas prendas mostronas en mi guardarropa, empiezo a sospechar que él las ha metido ahí a escondidas.

Era la universidad, la mejor etapa de un adolescente. Para cualquier adolescente normal. ¿Cómo no serlo? Fiestas, licor, chicos y chicas inteligentes y de buen ver. Todo debía ser perfecto ¿no es así? Mire de reojo los peluches de mi cama como siempre apañados unos sobre otros. Ellos como yo sabíamos que ninguna de las tres cosas de la lista de beneficios de la universidad me beneficiaba a mi.

¿Fiestas? Dependía. ¿Licor? Por el bien de la fiesta, alejenlo de mi. ¿Chicos? Un tema que no necesitaba tocar aún.

Al fin era soltera, ¡soltera! "Libre, alocada, abierta a nuevas experiencias".

-"será una excelente nueva etapa, la disfrutaras, solo tienes que acostumbrarte."

Me había dicho Jake. Y honestamente no lo hacía. No me gustaba en lo absoluto. Si disfrutar era sinónimo de bañarse en lágrimas amargas entonces debo corregirme, por qué lleva siendo un ¡éxito!

El baile de graduación sería el día que yo partiría a Nueva York, tuvimos que pedir un permiso a la escuela, el cual fue fácil de conseguir después de explicar la situación. Sonrisas de orgullo falso, envidias bañadas en amabilidad y una aprobación que la daban por el beneficio de la escuela. ¡Al fin! ¡La universidad! El lugar que he esperado y temido desde que recibí mi primera calificación. Era un nuevo comienzo, sin nada del pesado.

Un nuevo comienzo, si eso era posible...

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-para las pruebas, deberás estudiar la práctica 14A, 16C, 7G...

La profesora llevaba media hora dictando combinaciones de números y letras, de prácticas que "facilitarían las pruebas de admisión y los prepararían para la introducción de la universidad".

Me había permitido sentirme importante, me había sentido importante esos 22 minutos que la profesora llevaba dictando números, sabiendo que yo no debía hacerlas. Me había sentido importante el día que falte a las charlas y a la gira por las universidades. La gira que siempre había imaginado: mesas con panfletos y gente sonrisa Colgate introduciéndote al mundo de la universidad, llenándote la cabeza de un nuevo comienzo exaltante. En parte me dolía perderme esa parte.

Me preguntaba si Marisabel seguiría queriendo ser agente de bienes raíces, a como ella decía: si puedo vestir bien y conocer solteros millonarios en busca de vivienda ¿qué podría salir mal?. Sonreí ante el recuerdo, ante el recuerdo lejano de una amistad estúpida pero importante.

El chico de al ladoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora