Querido Dylan

838 90 9
                                        

Vi la última carta, azul. No me imaginaba que le haría una carta a Dylan color azul... siempre imaginé una carta rosa cursi en forma de corazón, o una roja que era su color favorito. En si esperaba hacerle su carta siendo su novia. En cambio tenía una carta azul cielo que me había tardado más o menos tres semanas en terminar de redactar.

Se me hacía raro este asunto de la despedida, ¿que pasaba si interpretaba la carta de una manera diferente a la que yo la escribí? ¿Que sucedía si la carta era muy comprometedora o mandaba el mensaje equivocado? Dudas y más dudas hacían los nervios crecer. Pero ya no había vuelta atrás; el sobre estaba cerrado, sellado y con el nombre de Dylan escrito.

"Querido Dylan": esas palabras me daban escalofríos. Cartas de despedida, discursos de funerales, agradecimientos en una graduación, tantas cosas empezaban con un querido. Podía sentir los vellos de mis brazos erizarse al imaginar su sonrisa penosa al recibir la carta con sus grandes manos, manos que en algún momento sirvieron para abrazarme.

Querido Dylan:

Siento raro hacerte esta carta. Siento raro hacerte esta carta sabiendo que posiblemente no te veré de nuevo en mucho tiempo. Por lo menos eso me da un poco mas de valor, bueno, me quita la cobardía ya que se qué hay cosas que no podré decirte cara a cara.

Sé que es extraño, tal vez hasta lejanamente patético que te esté escribiendo. Si te preguntas a que quiero llegar con esta carta, honestamente ni yo lo sé. Solo sé que voy a extrañarte, en serio lo haré.

Ese era el primer pequeño párrafo de la carta, el cual había re escrito cinco veces.

Me sentía aterrada. Yo tenía claro que no quiero volver a estar involucrada en una relación con O'Brien. Quiero salir de la casilla en la que estoy. No más miradas, no más susurros, no más sonrisas hipócritas por gente que no sabía mi nombre, que solo me conocía como la novia de Dylan. Yo no quería eso, no lo quería a él. Sin embargo, no lo quería ver con otra, el simple hecho me hacía sentir el pulso en las orejas.

Yo quería dejar de ser: "la novia de O'Brien".

A veces no dormía, y alguna que otra me encontraba la luz de su cuarto prendida, eso me tranquilizaba. Me tranquilizaba saber que estaba ahí, existiendo. Simplemente oyendo música, lanzando una bola de baseball al techo, me satisfacía saber que no andaba por malos caminos a pesar de no tener idea de que tramaba.

Tal vez ya había conocido a alguien, ya casi no se la pasaba en casa pero tampoco lo veía volver acompañado.

Pero no tenía idea como sería su próximo noviazgo ¿ella sabría de su alergia a la mayonesa? ¿Sabría que le aburren las películas aclamadas por la crítica y va al cine por más que unos besos coquetos? ¿Sabría que le gusta Eminem, y a ella también le gustaría? ¿Se desnudaría frente a sus conocidos
repetidas y accidentales ocasiones? ¿La próxima sería mejor que yo?

Pues tal vez lo sería.

Gracias por un año totalmente alocado, por risas, por ser mi apoyo, por ser mi amigo, por ser mi novio.

Me dejaste ver el mundo desde otra perspectiva y te agradeceré eso por siempre. Seamos novios, o seamos lejanos conocidos siempre tendré esos recuerdos lindos, Dylan.

Quería decirle que me llevaría el oso, quería decirle que tenía una camiseta suya en mi casa que había dejado en casa de Mike y el me había pedido el favor que se la fuera a dejar -otro intento de hacer que nos viéramos-. Quería decirle que iba a extrañarlo, quería decirle que lo quería. Pero no había manera de escribir eso sin mandar el mensaje equivocado.

A veces en la calle identificaba su colonia y sentía un cosquilleo en la nuca. Me emocionaba el hecho de creer que estaba ahí, que podíamos encontrarnos y mirarnos de reojo.

Él seguía asistiendo a clases, haciendo las típicas cosas que un adolescente haría: el día en el que todos se ponían de acuerdo y faltaban a clases -rezando por qué ese niño bueno no arruinara el plan y asistiera-. O el día que se traían sombreros, collares, silbatos y confeti y corrían alrededor de toda la cancha celebrando tantos años de estudio. Incluso buscando una universidad, una buena, una digna de la familia O'Brien.

Yo faltaba, yo me ausentaba con la excusa de que "debía preparar todo". Pero no había que mentir, si yo fuera una capitana del equipo de porristas, o una chica de esas que todos conocen, lucharía por ir a la escuela hasta el último segundo. Pero no habían muchas razones para quedarme ahí, las razones que tenía se resumían en nada.

Si, quería ver a Dylan. Pero se me olvidaba el pequeño detalle de que éramos vecinos, de que en realidad no quería verlo, que ya no quería sentarme a su lado en el autobús, que ya no me sentía con la autoridad de saludarlo en un pasillo sin verme fuera de lugar.

Estaba pensado en escribirle sobre el día que nos conocimos, el día de la cena donde mi casa se vio fina y elegante, donde ese chico del salón con más estilo que yo me había dejado "divina", donde supe que había iniciado todo. Donde supe que al menos superficialmente, yo quería a Dylan O'Brien.

Todo había cambiado en unos meses.

Ahora me sentía inquieta, y estaba revisando cuatro cartas exactamente a las 2:57 de la mañana. Le baje el volumen un poco a la televisión para no despertar a mi madre, la cual había tomado doble turno todos estos días para mandarme con dinero (y pagar uno que otro gasto que la beca no incluía).

Apenas si lograba dormir cuatro horas, la valentía que tenía hace una semana sobre que estaba listísima para irme, emocionada y preparada era un intento fallido de ocultar mi miedo de salir adelante. Tengo miedo, mucho miedo.

Había hablado con mi compañera de cuarto, al parecer no vive en china, vive aquí, y tomó la prueba de admisión hace unos meses con toda la demás gente. Dice que está segura que ni un cuarto de la gente intentando ingresar había completado el examen. Iba a sugerir verla pero vive a una hora de aquí, y no siento ganas de perder tiempo con la gente que no veré, por ver a una con la que ya compartiré habitación.

Había buscado unas cuantas fotos de las habitaciones. Dos camas separadas y dos escritorios a cada lado. Armarios espaciosos y un baño. Eran habitaciones bastante lindas, serían un hogar temporal lindo.

-¡deja de preocuparte! ¡Estarás en una maldita universidad de genios, las habitaciones son lo de menos!- era lo que me había dicho Mad cuando le mostré las imágenes. Tenía tanta razón... tanta maldita razón.

-además, en esa cama caben dos personas perfecta...

-no pienso dormir con nadie- corté a Jake abruptamente.

Ya habíamos tenido esa conversación, y ya me había empacado una caja de condones; creo que no quería repetir esto.

Quedaba tan poco tiempo, tan pocos minutos que se pasaban como horas... Me torturaba pensar tanto, tenía que ponerme mis lentes al leer debido a mis dolores de cabeza, y había notado que mi pierna derecha temblaba sin cesar cuando me ponía nerviosa.

Mis párpados pesaban y el reloj estaba listo para cambiar a las 3, para dar inicio a otra hora, para un nuevo comienzo. Deje la carta en la mesa y la puse de última, observando cómo se perdía entre los otros dos sobres.

Y con mucho agradecimiento y un poco de dolor estoy lista para agradecerte Dylan, gracias. Adiós, Dylan O'Brien.

El chico de al ladoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora