Michael
Miré a Evan que había terminado de barrer el suelo del comedor y le aplaudí sarcástico. Me echó una mirada de mala gana y dejó la escoba para luego irse a su cuarto. Entiendo que esté así, tuvimos que volver la misma noche de su cumpleaños a Lima porque Danica comenzó a vomitar y no lo dice, pero sé que está preocupado por ella.
—Evan —toqué la puerta—. ¿Puedo pasar?
—No, estoy ocupado —respondió tajante.
—Voy a ir a ver a Lucía, ¿no quieres que te lleve donde Danica?
—No, gracias —dijo algo más tranquilo y me di la vuelta para ir por las llaves.
Cogí el ramo de rosas que había comprado y pensé en el oso que aún me faltaba comprarle. Siempre quiso un oso enorme al cual abrazar en las noches. No puedo creer que hayamos llegado así de lejos. Tenía miedo al principio, pero la conexión que tenemos es espectacular. Me preocupaba el hecho de que haya terminado tan rápido con Matías y ya estábamos juntos, pero me ha demostrado que lo había olvidado hace mucho tiempo.
Escuché la puerta del cuarto abrirse y volteé a ver a Evan que seguía en pijama. Caminó hacia la puerta y lo miré extrañado.
—¿A dónde vas? —pregunté cuando abrió la puerta del departamento y lo seguí.
—Voy a fumar —presionó el botón del ascensor y me miró—. ¿Tú a dónde vas Romeo?
—Le pediré que esté conmigo —sonrió y asintió con la cabeza.
—Me alegro hermano —se abrió el ascensor y me demoré en subir porque su tono de voz me desconcentró.
—Evan...
—No quiero hablar —interrumpió mi intención de saber que le pasaba.
—¿Te peleaste con ella? —lo miré y negó con la cabeza—. ¿Entonces?
—¡No sé! —gritó y me miró molesto—. No sé qué le pasa, no quiere hablar conmigo, no quiere verme y no me da ningún tipo de explicación —luego de desahogarse se apoyó en la pared del ascensor y a penas se abrió salió de él.
Ya no le preguntaré más. Salí también y fui hacia el carro. Lo vi cruzar la pista y se sentó en una banca del pequeño parque de al frente. Me subí al carro y puse música. Es un momento importante en mi vida, no voy a dejar que Evan ni nadie me lo arruine.
Manejé hasta una tienda cercana de peluches y bajé con mi billetera dejando el ramo de rosas en el asiento del copiloto.
Una chica bastante amable me comenzó a enseñar los diferentes peluches que tenían y vi el indicado. Un oso blanco con un corazón en el pecho, sé que ese le va a encantar.
—Quiero ese —lo señalé—. Por favor.
—Si, como no —dijo la chica agarrándolo y llevándolo hacia la caja para pagar.
La comencé a seguir cuando en eso alguien me tocó el hombro. No puede ser.
—Michael —dijo Micaela sonriendo y miré a un lado—. ¿Aún me odias?
—No te odio, Micaela —miré hacia la caja—. Estoy apurado.
—Veo que conseguiste a alguien —rio y miró el suelo—. Qué suerte tiene.
Me quedé en silencio y suspiró.
—Me duele mucho haberme peleado con todos ustedes. Danica era mi mejor amiga al igual que Lucía...—se cruzó de brazos y se le pusieron los ojos llorosos—. Y Evan y tú eran mis chicos —reí negando con la cabeza.
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Una vida contigo
Novela JuvenilEvan Radeguieri, un chico de 18 años tiene que luchar con los cambios de su último año escolar. Con un pasado complicado y un futuro desconocido, conoce a la chica de sus sueños y la vida parece tener un sentido distinto. Fan page en Instagram: http...
