Capítulo 8

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Danica

—Dani —Micaela apareció con su mochila en el hombro frente a mí—. ¿Por qué faltaste ayer?

—Me quedé dormida —reí—. ¿De qué me perdí?

—No mucho, la verdad —miró a un lado—. Hoy es tu cita con Evan, ¿verdad? —susurró.

—Sí y no digas nada a nadie por favor —susurré también.

—Si, no te preocupes —se arregló un poco la mochila—. Te vas a divertir, vas a ver.

—Hey —apareció Michael interrumpiendo nuestra conversación—. ¿Vamos al salón? —preguntó sonriente y Micaela asintió con la cabeza para luego sonreírme e irse.

Terminé de sacar mis libros y cerré el casillero. Me di la vuelta para caminar hacia el salón y vi a Evan salir de la oficina del director académico con cara de pocos amigos.

Entré al salón y me senté en el lugar de siempre. No bastó ni dos segundos y Derek se sentó a mi lado.

—Hola —sonreí.

—Hola hermosa —me dio un beso en la frente y justo Evan entró, viendo la escena.

El profesor llegó al salón y la clase comenzó. Siempre me ha gustado química, a pesar de no ser la más fan de los números. Sea lo que sea, tengo que esforzarme para ser la primera de todo el salón en cuanto a notas. Al llegar, me informaron que el día de la graduación premiarían a los cinco mejores alumnos de toda nuestra promoción. Cuando escuché eso, supe que esa sería mi salida del infierno que se había creado en mi casa tras el año pasado. El premio del primer puesto será mío. Mis papás estarán más que orgullosos de mí. No descansaré hasta tenerlo.

Estaba atendiendo a la clase cuando en eso alguien me tocó la espalda. Volteé y era Michael que me quería dar un pedazo de papel. Lo recibí y el volteó a guiñarle el ojo a Evan. Puse mi cuerpo derecho y abrí la nota que decía: "Paso por ti a las seis. Vístete como quieras, igual pongas lo que te pongas te verás hermosa." Idiota. Volteé a mirarlo y estaba sonriendo, ¿Cuál es su problema?

Después de dos largas horas por fin tocó el timbre de receso. Empecé a guardar las cosas en mi cartuchera y pude escuchar la risa de Evan y Michael atrás mío.

—Gringa —fruncí el ceño ante el apodo—. ¿Recibiste mi mensaje? —asentí con la cabeza.

—Si, Ethan —bromeé y luego me puse seria al darme de lo que había hecho—. A las seis.

—¿Quieres ir con nosotros a la cafetería? —preguntó Michael.

Me levanté de mi asiento y miré a Derek que estaba guardando sus cosas también, antes de poder responder, se acercó a nosotros y me abrazó por la cintura.

Evan se dio cuenta del gesto y vi como su mandíbula se tensó levemente.

—¿Vamos? —asentí con la cabeza ignorando la invitación de Michael, que aunque no la haya dicho Evan, se que fue su idea y no la de su mejor amigo.

Salimos del salón y nos sentamos en una banca del pasadizo, lejos de la cafetería. Evan y Michael pasaron frente a nosotros y esta vez no volteó a mirarme. Suspiré y miré a Derek que estaba abriendo la caja de unos alfajores.

El timbre sonó después de diez minutos indicando que el descanso había terminado, así que me levanté de la banca.

Entré al salón y me senté en mi lugar. La clase empezó, era de ciencia y para mi sorpresa al profesor no le tomó ni dos minutos en empezar a molestar. Llamó a Evan para que hiciera un ejercicio en la pizarra. Volteé a ver su reacción y paró de jugar con el lapicero que tenía en la mano, pero no parecía tenso. Mientras se ponía de pie y caminaba hacia la pizarra, no pude dejar de mirarlo ni un segundo. ¿Qué rayos hace para que le quede tan bien el incómodo uniforme? Su cuerpo está tan bien definido que me hace pensar en las horas que le debe dedicar a el.

Una vida contigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora