Capítulo 19

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Danica

Desperté y lo primero que se me vino a la mente fue Evan. Cogí una almohada y la abracé imaginándome que era él. Es extraño, tengo su olor grabado en mi mente. Me quedé dormida en sus brazos cuando regresábamos a Lima, había estado sobándome el cabello y no podía sentirme más en paz.

—¿Quieres que te confiese algo? —susurró y asentí con la cabeza aún con los ojos cerrados. Sus brazos son el lugar perfecto para dormir y seguía sin creer que a partir de ahora serían sólo míos—. Me gustas desde el día que te robé ese beso en la cancha de fútbol —abrí los ojos y rio—. Ojalá no hubieras abierto esos ojos.

—¿Te pones nervioso, capitán de fútbol? —reí y lo abracé como pude—. Me gustas más de lo que me imaginé.

Lo miré discretamente y tenía una sonrisa enorme, tan inusual en él que siempre lo acompaña un semblante frío. Hace un par de horas me confesó que había besado a Romina, a Lucía y a Samantha para tratar de olvidarse de mí. ¿Cómo no lo imaginé antes de sentirme tan celosa y mal?

Sonreí mirando el reloj y salí de mi cuarto para bajar a la cocina y prender la radio. Hoy por fin me levanté con apetito.

Comencé a sacar las cosas para el desayuno y apareció mi mamá con una expresión no muy amigable. Apagó la radio y se acercó a mí.

—¿Son horas para prender la radio?

—Lo siento —alcé los hombros—. No me sentía así de feliz hace mucho tiempo.

—¿Por qué estás tan feliz? —alzó una ceja.

—¿Recuerdas que quedamos en que además de ganar el premio de fin de año, trataría de tener nuevos amigos? —asintió con la cabeza—. Hice nuevos amigos.

—¿Amigos? —asentí con la cabeza—. No será ese chico del que tu hermana nos contó, ¿verdad? —sé que habla de Evan.

—Mamá...tienes que conocerlo —negó con la cabeza—. Ya aprendí la lección y sé que Evan no me hará daño.

—Se acabó la conversación —respondió tajante y me miró, con esa mirada que me da miedo—. Haz lo que quieras, Danica.

Tragué saliva y ella se fue hacia las escaleras. Angela se apareció y me saludó. Dejé el desayuno servido y subí a mi cuarto a cambiarme. Quisiera que las cosas con mi mamá fueran distintas, pero ella no lo entendería. No quiero perder mi tiempo demostrándole que Evan es diferente. Yo sé que lo es y eso es lo que importa.

Al bajar de nuevo, tuvimos que desayunar tan rápido que ni siquiera nos dio tiempo de conversar como usualmente lo hacemos. Subí corriendo a lavarme los dientes y a recoger mi mochila. Repasé el papel con las tareas que tenía pendientes y sonreí al ver que completé todo ayer. Estoy lista para llenarme de veintes esta semana. Bajé corriendo y subí al carro.

Llegamos al colegio y sentí un terremoto en el estómago. Quiero bajar corriendo a buscar a Evan, pero a la vez tengo miedo de lo que dirán. ¿Qué estará pensando ahora mismo? ¿Estará igual de nervioso? Estar conmigo es un gran cambio en su vida.

Bajé del carro al despedirme de mi papá. Angela se fue por su camino y yo caminé hacia los casilleros. De lejos vi a Evan hablando con Michael en la puerta del salón y sonreí. De pronto volteó y me miró. Su sonrisa me lo dijo todo. Corrí hacia él y me trepé como lo hice todo el fin de semana.

—¡Te extrañé! —rio, me dio un pequeño beso en los labios y me bajó al piso.

—Yo también te extrañé —me sobó el cabello mientras me miraba a los ojos.

Una vida contigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora