Al día siguiente, como era de esperar, Max fue citado al consultorio del médico en jefe, que ya había sido puesto al tanto por los enfermeros de la repentina recuperación de la memoria por parte del paciente. Esto, sumado a que Max no tuvo nunca episodios violentos, era obediente con las reglas y colaborador con el personal.
Por esto, la junta médica dictaminó que el paciente podría ser dado de alta en forma condicional (siempre sujeto a que su conducta no presente alteraciones adversas).
Los médicos estaban muy satisfechos con la remisión de Max, y lo despidieron estrechándole la mano con afecto.
El muchacho no podía esperar para darle la noticia a su esposa, pero en vez de llamarla, decidió darle una sorpresa, e ir directamente al restaurante.
Cuando llegó, encontró el restaurante con un cartel de "cerrado". Quedó con la boca abierta y el ceño fruncido, sin poder entender.
¿Que había pasado? Miró a través del vídrio, y no había personal adentro. Alcanzó a divisar a Erizo sola, sentada a la caja, revisando unos papeles.
Golpeó la puerta, y Erizo estaba por decir "está cerrado" pero vio a través de la cortina una figura conocida, y abrió. ¡Era Max! No podría creerlo.
—¡Max! ¡Mí Maxi! — exclamó Erizo abrazándolo.
—¡Erizo! ¡Mi Erizo hermosa! ¡Te amo!
—¿Me recuerdas, mí amor?
—¡Te recuerdo más que nunca! — y le dio un beso apasionado.
No obstante, el muchacho no la vio tan contenta como debería. Su semblante estaba algo apagado.
—¿Qué pasa, mi amor? ¿Todavía tienes dolores de la operación?
Erizo lo miro a los ojos con una lágrima, y una expresión de enorme desconsuelo.
—Ay Max, no es eso. Es algo que me duele mucho más que los balazos y la operación.
Max quedó mirándola, a la expectativa, esperando que ella termine la frase y aclare la cuestión.
—Maxi... el restaurante… estamos cerca de quebrar… con la caída de imagen debido a lo de Koala… sumado a que empezaron a aparecer restoranes por todos lados…
Max estaba escuchándola azorado.
—… todo eso… sumado a que soy un desastre conduciendo un restaurante sola… tuve que pedirle ayuda a Leónidas, para que él administre un poco, pero él no eres tú...
Max le pidió ver los libros de cuentas que estaban guardados detrás del mostrador, y Erizo se los mostró. Allí pudo Max ver las cuentas, semana tras semana en que él estuvo en el psiquiátrico. Y pudo comprobar la lenta decadencia del restaurante por malas decisiones, y por caída de la clientela.
Erizo vio que Max había perdido totalmente la expresión de alegría con la que había venido. Desde que vino, no se había sentado. Y mientras leía, por momentos su semblante era de ira.
Cuando terminó de leer, se dejó caer sobre una silla con expresión cansada y triste. De vez en cuando miraba a su alrededor, como si estuviera viéndolo por última vez, y luego volvía a una mirada perdida. Erizo se desesperó, porque era la expresión de un hombre cuyo mundo acaba de derrumbarse. Sabía que Max tenía atravesados en la garganta mil discursos de furia y decepción contra ella, y que los reprimía.
Pero ¿por cuánto tiempo?
"Ay Max, hazlo de una vez… dime todo lo que se está trabando en tu garganta… ¡Pero no me dejes con ese silencio que me hiere más que los balazos! Ojalá me perdones y no te separes de mí… pero sé que te he causado una pérdida irreparable en tu vida y no te culparía si me pides el divorcio… porque de todos modos, yo no podría vivir a tu lado con la culpa constante de haberte destruido tus sueños."
—Erizo—dijo al fin con expresión dura y rompiendo el silencio.
—¿Qué, mi amor?—preguntó con voz temblorosa.
—¿Nos cortaron el teléfono?— preguntó sin mirarla.
—No, aún no.
Max suspiró. Se levantó de la silla y fue a buscar el teléfono inalámbrico y la guía telefónica con sus contactos.
Erizo vio, con expresión de desesperación, que él buscaba el número del estudio jurídico.
"Max...mi Maxi … ¿vas a buscar el número del abogado para que tramite nuestro divorcio? Me duele en el alma que lo hagas. ¡Yo tenía el sueño de formar una familia contigo y que envejezcamos juntos! Pero.. ¿cómo me puedo quejar, si esto no es más que simple karma? Yo destruí tu sueño, y tú vas a destruir el mío…"
—Hola. ¿Doctora Reinoso? La llamaba porque quiero darle un corte a una cuestión…— dijo con voz dura y sin mirar a su esposa.
Erizo hundió la cara entre las manos y empezó a sollozar.
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MI PRIMERA CITA CON MAX
RomanceSecuela del capítulo piloto. +18. Erizo, una adolescente que ha estado sumergida en el estudio y en los libros, en unas vacaciones conoce y se enamora apasionadamente de Max, un muchacho con una historia de pobreza y sufrimientos desde muy pequeño...
