No supo cuántas horas durmió. Cuando despertó, ya estaba amaneciendo, y vio a Max sentado al escritorio, escribiendo.
(¡Max está aquí! ¡Ay! ¿Qué hicimos anoche? ¡No recuerdo nada!)
Cuando Max vio que ella despertó, fue hasta la mesada, sirvió un par de tazas de café, las puso en un bandeja con patas, y se las llevó a Erizo.
—Buen día, mi amor. ¿Cafecito?
Erizo lo miró a los ojos con una mezcla de sensaciones. Por un lado, agradecimiento por el desayuno. Por otro, la extraña y dulce sensación de despertar y tenerlo en su cabaña, como si ya vivieran en pareja. Y por otro lado, la pequeña vergüenza de no recordar hasta dónde habían llegado anoche.
Le recibió el café, con agradecimiento.
—Max, ¡gracias! Pero... ¿Me esperas un ratito? Voy al baño y vuelvo.
—No hay problema, aquí te espero.
Erizo se levantó, fue al cuarto de baño, y lo primero que hizo fue sacarse la terrible espina de no saber si anoche se descontroló o no.
Mientras orinaba, miró su ropa interior y cuando no vio ninguna humedad anormal, dio un gran suspiro de alivio. Su novio era mucho más caballero de lo que pensaba.
(¡No puedo creer! Entonces... ¿Pasó toda la noche conmigo sin hacer... nada?)
Se lavó la cara y los dientes, y salió del baño. Max seguía sentado al borde de la cama, con ambas tazas de café en la bandeja.
Fue ya contenta y despejada hasta la cama, se sentó y tomó su taza.
—Max, ¿Estuviste toda la noche aquí?
—Me dio lástima dejarte sola, así que me quedé y aproveché la noche para hacer el esquema de los otros textos.
—¿El esquema de ... qué?
Erizo se levantó nuevamente, fue hasta el escritorio, revisó los papeles que estaban sobre él, y vio con los ojos muy abiertos que Max había elaborado el esquema completo, en forma de cuadro, de los otros dos libros, cosa que facilitaba enormemente el trabajo de estudiarlos.
—Mi amor, no puedo creer lo que hiciste. ¿Te pasaste toda la noche leyendo los otros dos libros para hacer el esquema??
—Vi que te cansó mucho la lectura del primer libro. Todo ese trabajo se podría haber aliviado si hubiéramos tenido un esquema previo. Por eso te llevé a descansar y me puse a esquematizar los textos. Así que ahora que estás despierta y descansadita, retomaremos la tarea y te cansará menos.
Erizo se emocionó tanto, que le brotan lágrimas. Toda la vida fue exigida con el estudio, y tuvo que arreglarse sola para estudiar. Cuando había cosas que no entendía, no tuvo a nadie al lado para que se las explicara. Nunca tuvo a nadie al lado con quien compartir el estudio. Y Oscar no podía ayudarla, porque nunca estuvo a su nivel.
Ésta fue al primera vez que alguien estaba a su lado, se preocupaba por ella y le facilitaba la labor de estudio.
—No sé cómo agradecerte, Max. Eres una bendición en mi vida. ¿No estás siquiera un poquito cansado? Hace 12 horas que no duermes.
—Sí, un poquito. Pero no estoy agotado. Cuando trabajaba en el restaurante empezaba el turno a las 8 de la mañana, me daban un rato para almorzar, y luego de corrido hasta las 12:00 de la noche o 1 de la mañana. A esa hora cerrábamos y hasta que ordenábamos y lavábamos las cosas, se iba otra hora. Así que salía del trabajo a las 2 de la mañana, y a las 8 tenía que entrar de vuelta.
—¡Santo cielo! ¡Eso fue esclavizante! ¿Y tu mamá tenía ese horario?
—No, no lo hubiera tolerado. Tenía menos horario, pero el trabajo igual es pesado. Lo que pasa es que cuando yo entré a trabajar se enfermó otro empleado y tuve que asumir yo parte de sus tareas. Como yo no tenía experiencia, me pagaban menos, así que para ganar lo mismo que mi mamá, tuve que trabajar más horas, más todavía porque la enfermedad de mi mamá requería medicamentos caros. Por eso me acostumbré a dormir poco.
(¡No puedo creer el espíritu de sacrificio que tiene este chico! Se desvelaba trabajando por la madre enferma, y ahora que tiene vacaciones, ¡se desvela por mí! ¡Y yo me quejaba de lo que me exigía mi mamá!... )
—Maxi, mi amor, —le dijo Erizo besándolo, mientras reprimía una lagrimita— tienes que descansar. Adelantaste tres días de trabajo en una sola noche. Termina ese café, acuéstate y descansa.
—No me gustaría que tengas que estar atendiéndome. Si te molesto aquí, puedo descansar en mí cabaña.
—No, ¡por favor! No me molestas para nada!
Erizo lo abrazó de atrás e inclinándose, lo obligó a acostarse, y acercando su boca al oído de él, le dijo susurrando:
—Quiero que te quedes conmigo.
Y se acostó con él abrazándolo de atrás y besándole sensualmente la nuca... el hombro... la espalda... haciendo una cucharita con su cuerpo muy pegado al de él.
Luego Erizo lo soltó por un momento, se sacó sus zapatos, luego le sacó las zapatillas a él, y volvió a acostarse abrazándolo de atrás.
Max sintió la hermosa sensación de no solamente poder descansar después de doce horas de actividad, sino también de ser mimado, acariciado, amado...
Y se durmió dulcemente imaginando... qué hermoso debe ser llegar al hogar, cansado del trabajo, y ser recibido por alguien que te hace descansar con tantos mimos. Y se imaginó vivir toda una vida junto a una persona así.
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MI PRIMERA CITA CON MAX
RomanceSecuela del capítulo piloto. +18. Erizo, una adolescente que ha estado sumergida en el estudio y en los libros, en unas vacaciones conoce y se enamora apasionadamente de Max, un muchacho con una historia de pobreza y sufrimientos desde muy pequeño...
