Empresarios

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Cuando llegaron a tierra, ambos fueron cada uno a sus respectivas casas. Max fue recibido en la suya por su madre con gran alegría. El chico le dio a su madre la buena noticia de que ahora tenía novia, y con proyecto de casamiento. Y la tía de Max le dio la buena noticia de que en el mes y medio que estuvo en el campamento de verano, ella había aprendido a cocinar muy bien, por lo tanto ahora el chico dispondría de más tiempo libre.

No fue la misma historia, en cambio, en casa de Erizo, en la cual tuvo un recibimiento bastante frío por parte de Irma, su madre. Y obviamente, no fue posible contarle la buena noticia de su relación con Max.

Irma y David, sin estar divorciados, estaban separados de hecho, y vivían en domicilios diferentes. Y cada uno llevaba adelante su propio estudio contable, aunque entre ellos colaboraban parcialmente, e Irma se especializaba más en impuestos.

Lo primero que David quiso hacer fue reunirse con Max y que éste le explique los detalles de su proyecto restaurante. Max pidió un par de hojas de papel y un bolígrafo, y durante quince minutos se explayó con lujo de detalles acerca de por qué consideraba a un restaurante como una excelente inversión.

La charla superó las expectativas del señor Hedgehog, quien de acuerdo con lo que le contó su hija, se había imaginado a Max como un joven idealista y entusiasta pero con proyectos poco fundados y sin experiencia en el rubro y los negocios.

En cambio, se encontró con un joven que tenía los pies muy en la tierra, y que si bien evidenciaba la falta de formación general en negocios, conocía el rubro como la palma de su mano.

Por su parte, Max quiso que en el tiempo que le restaba de las vacaciones, su familia, o sea su madre, vaya conociendo a la futura integrante.

La madre de Max, que se llamaba Jacinta Murcia, arregló una charla informal con la "pretendiente" de su hijo. Se tentó a organizar una gran mesa de té, luciendo el mejor mantel y la mejor vajilla, pero comprendió que eso hubiese requerido que todos vayan con ropas elegantes, y hubiese significado meter demasiada presión sobre la chica. Por eso prefirió una sencilla charla mano a mano sobre una mesa ratona, y café servido en jarros modernos, como se haría con buenas amigas.

Erizo, que había leído mucha literatura acerca de lo terribles que son las suegras con sus nueras, y al examen despiadado al que las someten al presentarlas a la familia, le encantó la idea de la charlita cercana, café de por medio.

La casa de su suegra era pequeña y modesta, con las habitaciones básicas y con muebles viejos. Max las dejó solas durante un buen rato, y cuando volvió, ambas estaban a las carcajadas, mirando el álbum de fotos de la infancia del muchacho. Y vio que al café de la mesa se habían agregado un par de copitas de licor de destilación casera, pequeño lujo con el cual la madre de Max agasajaba a las visitas sólo cuando la charla se ponía realmente interesante (por lo general, con pícara temática "de mujeres").

A Erizo le encantó el encuentro con Jacinta. Y Max estaba muy satisfecho con el resultado de la charla porque su madre, más que una nuera, había ganado una amiga.

Pero Erizo sabía que su familia presagiaba problemas cuando ella quisiera introducir el tema de Max. Así que Erizo, con su padre, pactaron no tocar con ella el tema de su relación, hasta que hasta que la madre tenga una mejor imagen de ese chico. Y la estrategia sería que Max empiece a trabajar con su suegro en el proyecto del restaurant.

Cuando los padres de Erizo estaban bien entre ellos dos, tenían proyectos de hacer grandes inversiones en el rubro comercio. Pero después se separaron y también separaron sus capitales, por lo que los proyectos de inversión se truncaron. Pero David nunca perdió la esperanza de algún día llevar adelante un emprendimiento y que lo administren entre él y su hija.

Y el proyecto de Max es justo lo que necesitaba. Porque estaba bien fundamentado y eso lo hacía muy creíble. Así que el futuro suegro rescató algún dinero de sus fondos de inversión, y empezaron a trabajar en la primera etapa. En cuanto al local, alquilarían el predio de lo que fue una concesionaria de autos, propiedad de un amigo. Max vio ese local y le encantó. Tenía el tamaño y estructura perfecta para un restaurante, además de una casa totalmente equipada en la planta alta, donde solía vivir el dueño.

Y así empezó el sueño.

Comenzaron por refaccionar el local y equiparlo. David Hedgehog quiso ponerse al frente del proyecto, pero Max daba continuamente consejos de cómo hacer más eficiente esto y lo otro y reducir costos sin perder calidad. Al final el chico terminó dirigiendo el proyecto de construcción y refacción a tiempo completo porque su suegro a veces no tenía tiempo, por su trabajo contable. Un par de veces a la semana iba por el local para ver cómo seguía la construcción del restaurante, y quedó pasmado de la increíble cantidad de detalles que hay que saber para montar algo así. Max los conocía todos con minuciosidad: la fontanería, el tipo de lavatorios y canillas necesarias, la seguridad en la instalación de gas, el tipo de instalación eléctrica, la ubicación de los baños, la seguridad contra incendios, el tipo de heladeras necesarias y su ubicación para lograr eficiencia. Cuando los albañiles se iban, quedaban él y Erizo en el local supervisando calidad, anotando cosas, y más de una vez Max dijo a los constructores que había que cambiar esto o lo otro porque lo habían hecho mal.

Erizo, de ser una ignorante total en el tema, por estar al lado de Max empezó a adquirir conocimientos sobre instalación de restaurantes. Y al cabo de un tiempo empezó a supervisar ella misma ciertas partes de la construcción.

Ocasionalmente el padre de Erizo iba a supervisar la construcción y se preguntaba si era necesario tanto nivel en cosas que estarían fuera del alcance de la vista del público.

Max le contestaba que la correcta higiene y limpieza también formaban parte de la calidad de la comida y de la seguridad del cliente.

La madre de Erizo hacía varios meses que notaba que su marido estaba haciendo movimientos de dinero y refaccionando un local, tomando como asesor a un desconocido. Y se notaba que estaban poniéndole muchas ganas y gran calidad.

Hasta que llegó el gran día de la inauguración. Fue invitado el alcalde y varias figuras de la política que concurrieron para realizar el corte de cinta inaugural. Erizo no quería meter a los políticos pero Max le aconsejó que lo hiciera, porque los políticos brindarían publicidad en televisión casi gratis en los noticieros.

Cuando se los guió en una visita a las instalaciones, los invitados se sorprendieron por el área de la cocina: parecía más bien una sala de cirugía, por el altísimo nivel de prolijidad y organización que ostentaba. Max y David fueron calurosamente felicitados por la seriedad con que emprendieron el restaurante.

Irma había visto ese muchacho que estaba junto a su hija y su esposo, y que era muy protagonista de la inauguración, pero no sabía quién era. Por la actitud segura y desenvuelta que mostraba, era evidente que formaba parte del proyecto y probablemente sería el asesor maestro, o un socio importante de su marido.

Cuando llegó la hora de las fotos, la señora Hedgehog posó en todas las fotos sonriendo del brazo de su marido, como si entre ellos estuviese todo bien.

Y Erizo estrenó para la ocasión un vestido celeste muy elegante y posó varias veces para las fotos tomada del brazo de Max, y hasta dándole un beso.

Irma Hedgehog miró con los ojos muy abiertos cuando su hija besó a ese individuo, para ella desconocido, que estaba elegantísimamente vestido con lo mejor.

Y le tranquilizó que su hija haya recapacitado, eligiendo a un empresario y no a un basquetbolista picaflor.

MI PRIMERA CITA CON MAXHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora