Estudio con asistencia

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 Erizo, preocupada por lo que su amigo Oscar pudiera sospechar, se le pasó por la cabeza cortar por un tiempo con Max para, por un lado, no despertar sospechas, y por el otro lado, para adelantar con sus estudios.

 Tomó los libros que le había dado Oscar, creó en su cabaña un ambiente de estudio, y se dispuso seriamente a leer esos gruesos volúmenes.

Pero le costaba lograr concentración, y cuando la lograba, le costaba memorizar.
 A cada momento aparecía en su mente el recuerdo de aquella memorable noche con Max.
Fue una noche de sensaciones fuertes e indescriptibles, que nunca había sentido antes. Una sensación de entrega plena... de fusión, no sólo de labios, sino de almas. Y se dio cuenta que eso era lo que llamaban Amor. Y era maravilloso.

 Pero no podía estudiar, porque no podía dejar de pensar en él. Sentía que lo necesitaba, pero también necesitaba estudiar.

Así que no pudo más, se levantó de su silla, tomó el teléfono y marcó un número.
Del otro lado respondieron.

Hola. ¿Sí?
—¿Max?
.
—Hola, mi amor. Soy yo... Erizo.
—¡Mi Erizo hermosa! ¡Cómo deseo verte!
—¡Yo también, mi amor! Estamos sólo a metros... ¡y no sabes cómo te extraño!
—¿Cuándo podrás venir nuevamente?
—No lo sé Max, pero te necesito. Estoy estudiando y no logro concentrarme. ¿Podrás hacerme el favor de venir a mi cabaña a ayudarme? Tengo 3 libros para estudiar y quiero terminar por lo menos uno. Quiero que uses el libro y me tomes la lección para saber si he aprendido ¿podrás hacerlo?
Sí, mi amor. Dame 15 ó 20 minutos para que pueda terminar un trabajo, y luego voy a tu cabaña.
—¡Gracias, mi vida! ¡Te espero!

Era la primera vez que recibiría a Max en su cabaña. Así que se puso a arreglar un poco el desorden. El "arreglar" la incluía a ella, pues estaba muy de entrecasa. Así que se puso algo más formal: el uniforme de Erizo que sabía que a él le agradaba. De todos modos, su objetivo no era crear una atmósfera romántica, sino un ambiente de estudio agradable.

Cuando Max golpeó la puerta, Erizo salió asomó la cabeza por para ver a ambos lados quién estaba mirando y cuando vio que no había nadie, hizo entrar a Max, y cerró la puerta.
Una vez que Max estuvo adentro, le tomó la cabeza con ambas manos y le dio un beso muy tierno.

—Gracias por venir.
—Te extrañaba...
—Lástima que no puedo atenderte como me gustaría porque tengo que estudiar.
—No hace falta que me atiendas. Estar a tu lado es mi mejor recompensa.
—Te amo...
—Yo también, mi Erizo. Pongamos manos a la obra.
—¡Síííí!—exclamó Erizo, contenta.

Se dirigieron hacia la mesita donde Erizo tenía sus libros y apuntes de estudio. Había sólo una luz encima de aquella mesa y todo el resto de la cabaña estaba en penumbras. Max leía en voz alta, y la chica tomaba nota y hacía esquemas de las ideas principales.

"...La energía vital del cuerpo llamada aquí Chi, ki o prana es fundamental para mantener el equilibrio energético. Según las culturas hindúes, el prana también está disuelto en el aire que respiramos porque con el oxígeno no basta: hace falta también absorber el prana para que el cuerpo pueda obtener energía vital. "

Cada una determinada cantidad de párrafos, Erizo pedía a Max que le tome lección, y empezaba a recitar lo que se acordaba. A pesar de que la muchacha sólo había anotado ideas principales, Max se sorprendió por la exactitud con que Erizo recordaba el texto, lo cual indicaba una memoria privilegiada y una capacidad superior de estudio.

"... El aumento o cultivo de estas energías dota al ser de interesantes capacidades y poderes para intervenir en otros seres en forma beneficiosa. Esta energía puede ser enviada a través de grandes distancias usando las manos o un objeto que sirva de antena como una varita, o simplemente con el pensamiento..."

Por momentos Erizo se levantaba a preparar una jarra de café para ambos, pero ni aún así dejaba de recitar o escuchar el texto que Max leía.

Después de unas horas de estudiar con esta modalidad, a la muchacha de la notaba agotada. Escuchaba la lectura de Max con la cabeza recostada sobre la mesa, y cuando tenía que recitarla, por momentos cerraba los ojos.

Max, en cambio, continuaba imperturbable, leyendo sin demostrar cansancio.

A veces Erizo se recostaba sobre el respaldo de la silla tirando la cabeza hacia atrás. Entonces el muchacho se levantaba, y empezaba a masajear el cuello y hombros de su amada con mucha suavidad, demostrando ella gran alivio ante esta atención. Ella recitó su parte, y de repente, Max dejó de leer.

Erizo estaba recostada sobre la mesa escuchándolo, y se extrañó que de repente, él callara.

—¿Qué pasa, Maxi? ¿Te cansaste de leer?

Max la miró con una sonrisa y dijo:

—Terminamos el libro.

Erizo abrió grandes los ojos, y a pesar de que estaba agotada, fue hasta la silla de Max, y lo abrazó.

—¡Gracias, mí amor! ¡Gracias! Eres el mejor novio del mundo.

Max la tomó de la cintura y la hizo sentarse sobre su regazo. A ella le encantó este gesto, y lo abrazó, y gozaba los besos que él empezó a darle en el cuello.

Estuvieron así un rato, disfrutándose, hasta que el muchacho la tomó de la espalda y de las piernas, se levantó con ella en brazos, la llevó hasta su cama, la depositó suavemente sobre la frazada, y le sacó los zapatos, dejándole solo sus blancos calcetines.

(Ay, Maxi ¿ voy a tener que retribuirte los servicios...?)

Pero el muchacho se limitó a sentarse en el borde de la cama, a su lado, y empezó a acariciarla en la cabeza con mucha suavidad, como masajeándole el cuero cabelludo lentamente con los dedos.

La sensación de relax que experimentó Erizo fue inesperada y maravillosa, y pronto quedó profundamente dormida.

MI PRIMERA CITA CON MAXHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora