Erizo ya había dormido bien, pero la tentación de dormir un rato más, abrazada a Max, que estaba dormido como un angelito, fue demasiada. Por otro lado, se le pasó un poco el apuro por estudiar, ya que el resumen que había hecho Max les adelantaba trabajo y les daba mucho más margen para el ocio. Y ese ocio ella prefería pasarla con su amor. No encontraba otra manera de retribuirle todas las molestias que se tomó, mas que ayudándolo a recuperar el sueño, y mejor si era recibiendo mimitos.
Max despertó cerca del mediodía, con Erizo aún abrazada a él. Se dio vuelta, le dio unos cuantos besos suaves en el rostro, y Erizo hizo una sonrisita tierna e infantil, y se dio vuelta, pero no se despertó.
Se levantó, fue al baño a lavarse la cara, y cuando estaba orinando, sintió que golpeaban la puerta de la cabaña. Antes que pudiese salir del baño, Erizo se despertó con los golpes de la puerta, se levantó, y abrió.
—¡Hola Erizo! — saludó Oscar— ¿Estabas durmiendo?
—Emmm.. sí. Estudiamos duro anoche y terminamos un libro.
—¿Estudiamos? ¿Quién más estudia contigo?
(¡Ay, qué tonta! ¿cómo hago ahora?)
—No, perdón... quise decir... estudié.
En ese momento se escuchó correr el agua del inodoro.
—¿Quién está contigo, Erizo?
—Emm.. una de las chicas que... me pidió prestado el baño.
En ese momento Oscar miró hacia adentro y vio la gorra roja de Max sobre el escritorio de estudio, pero no dijo nada. Solo experimentó una pequeña decepción.
—Disculpa, solo te vine a avisar que va a haber una pequeña fiesta en el salón comedor— contó Oscar.
—¡Ah, qué bueno! ¿Cuándo?
—Esta noche.
—Bueno, iré.
—Y por favor, si lo ves a Max, avísale. Acabo de pasar por su cabaña y parece que no está.
Erizo experimentó una pequeña angustia en el pecho. ¿Oscar estaría sospechando? ¿Se habría tragado el cuento de que en el baño estaba una de las campistas?
Oscar se despidió y cuando Erizo cerró la puerta y se dio vuelta, recién se percató de que la gorra roja de Max estaba sobre el escritorio y muy a la vista. Le agarró una angustia más grande, porque desde donde estaba Oscar, pudo perfectamente haber visto la gorra. Y no dijo nada.
Max salió del baño, y preguntó:
—¿Era Oscar?
—Sí —respondió Erizo—. Escuchó el ruido del inodoro y preguntó quién estaba conmigo. Le tuve que decir que le presté el baño a una de las chicas.
—Uy, perdóname, mi amor. No era mi intención causarte problemas.
—No te preocupes. Vino a avisarme que está noche habrá una fiesta en el salón comedor. Que si te veo que te avise, porque pasó por tu cabaña y no te encontró.
Max se encogió de hombros y abrió los brazos.
—Lo que me preocupa es que tu gorra estaba arriba de la mesa y se puede ver desde la puerta. O sea, Oscar puede perfectamente haberla visto.
—Oh, el buen Oscar siempre saca conclusiones apresuradas... —sonrió Max—. Le diré que no me encontró porque me fui a pasear a la montaña. Y la mía no es la única gorra roja que hay en el campamento. Hay una de las chicas que tiene una igual. Puedes decirle que fue ella la que te pidió prestado el baño.
Erizo suspiró.
—Admiro tu seguridad Maxi, siempre tienes una solución. Pero me molesta estar mintiéndole a Oscar.
—Tienes razón. Podríamos una de estas noches invitarlo a cenar y decírselo. Es mejor que lo sepa por nosotros y no por otros.
—¡Buena idea! Es mejor blanquear la situación antes que se siga resintiendo con nosotros por mentirle.
Como ya era mediodía, Max se puso a preparar la comida. Tuvieron un delicioso almuerzo de la mano del experto cocinero, y luego se pusieron a estudiar. Se dedicaron a eso toda la tarde, pero ya en forma mas relajada y animada, sin el esfuerzo tremendo que hicieron para el primer libro. El esquema que había hecho Max permitía ver el todo el libro a un golpe de vista, y vislumbrar las conexiones entre los distintos conceptos. Así que esa tarde terminaron un libro y casi la mitad del otro. Cuando se dieron cuenta, ya estaba anocheciendo.
—Max, ya es casi de noche. Tenemos que prepararnos para ir a la fiesta.
—Okey, me voy a mi cabaña a darme un baño, porque tengo la ropa casi pegada.
Erizo lo abrazó, y le dijo al oído:
—¿No quieres bañarte aqui? Prometo no mirar.
El chico se rió con ganas.
—Me encantaría, pero ya estamos levantando sospechas, y si vamos a la fiesta oliendo al mismo shampú, daríamos qué hablar...
—Malo —lo regañó cariñosamente Erizo.
El chico se fue a su cabaña y se dio un baño refrescante, cambiándose las ropas y vistiéndose juvenil, pero elegante. Cuando estuvo listo, salió y se dirigió a la cabaña de su novia. Abrió un poco, metió la cabeza y llamó:
—¿Amor?
—Pasa, Maxi—dijo una voz que provenía del baño.
Max entró en la cabaña y se sentó a esperar que Erizo saliese de bañarse. Al cabo de unos minutos, la chica salió envuelta hasta las axilas en una toalla de tortilla, y se sentó en la cama.
—¿Me das una mano, Maxi? Necesito secarme la parte de atrás de la cabeza. Allá en ese estante está el secador de pelo.
Max se lo trajo, lo enchufó y empezó a secarle la parte del pelaje de la espalda que sobresalía de la toalla, que era cabeza y hombros, pasándole la mano para desapelmazar el pelo húmedo. Erizo daba muestras de disfrutarlo mucho. Cuando estuvo seca la parte de atrás, Max se detuvo, y Erizo le hizo un gesto cariñoso como diciendo "la parte de adelante también esta húmeda...".
Max sonrió, le dio un beso lento y muy suave que hizo que le encantó a Erizo, y empezó a secar el pecho y cuello de la chica pasándole la mano con movimientos lentos. Max evitaba pasar con su mano cerca del borde de la toalla, y esta timidez le gustó mucho a Erizo, porque indicaba que él seguía reservándose, porque confiaba en el futuro de la relación.
La chica tomó el secador, se bajó el borde de la toalla hasta el límite que se podía sin que se vieran sus pechos, y empezó a secarse mirando cada tanto a los ojos a su amor. Cuando terminó, puso a un costado el secador, hizo un gesto a Max como para que se acercara, lo tomó del cuello suavemente, lo atrajo hacia la cama con lo que Max quedó sobre ella, y Erizo lo besó. Estuvieron un largo rato gozando sus labios y compartiendo sus fragancias de recién bañados.
(Ay!, ¿por qué tengo tantas ganas de seguir con estos besos hermosos... pero sin toalla? ¡Ya cálmate, Erizo! Lo puedes desilusionar...)
Erizo se levantó, se dirigió hacia un armario con cajones, sacó prendas de vestir, se dirigió al lado opuesto de la cama de donde estaba su novio, y se sentó en la cama, quedando de espaldas a él. Tomó primero las bragas, y se las puso sin quitarse la toalla. Max se propuso no mirar, pero la tentación fue más fuerte, y le dirigió una mirada de reojo por un instante. Se abrió la toalla y el muchacho pudo ver su bella espalda desnuda, mientras se ponía el pequeño sostén. Luego se puso la calza negra que siempre llevaba bajo la falda, para esto tuvo que levantarse y el chico pudo ver por un instante sus bragas puestas. A continuación se puso su tradicional blusa blanca, luego su faldita azul, y finalmente su suéter bordó.
Lo que Max no sabía es que su novia había realizado la tarea de vestirse con mucha más lentitud y parsimonia de lo que habitualmente lo hacía, justamente para darle más tiempo a él para que se tiente de mirar. No lo vio mirar, pero sabía que él había mirado aunque sea por un instante, y esto a ella le encantaba.
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MI PRIMERA CITA CON MAX
RomanceSecuela del capítulo piloto. +18. Erizo, una adolescente que ha estado sumergida en el estudio y en los libros, en unas vacaciones conoce y se enamora apasionadamente de Max, un muchacho con una historia de pobreza y sufrimientos desde muy pequeño...
