Más entrada la noche, Erizo escucha golpear la puerta de su cabaña. Abre y era Oscar.
Cuando lo ve, lo abraza fuerte.
—¿Qué pasó, amiga?
—Ay, Oscar.. es Max...
—¿Qué pasó con Max? Te vieron salir corriendo del picnic ¿Que te hizo?
Erizo le contó la historia lo más resumida que pudo, aunque por momentos su voz se quebraba en los llantos.
Cuando terminó su relato, Óscar quedó serio mirándola.
—¿Qué piensas, Óscar?— preguntó ella.
—Me parece que te apresuraste a juzgarlo.
—¡Ay, no Oscar! ¡No me digas eso!.
—Si no te digo eso, no te digo nada, amiga. Vamos a la cabaña de Alexa. Ella sí la conoce bien a esa tal Koala.
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Mientras tanto, en una de las cabañas, dos ojos con odio regurgitaban lo que habían visto unas horas antes.
—Uuy Maxito... ¿Así que te reconciliaste con tu amor? Te juro, Maxito que cuando vi que entrabas en su cabaña con ella en brazos, salí corriendo triste y enojada, y no quise ver nada más. ¿Cómo la engatusaste de vuelta? ¿Qué le habrás dicho de mí?
Koala tenía la respiración entrecortada, pero tenía una sonrisa maligna, mojada por lágrimas.
—Nooo... No, Maxito. Eso no se hace. Eres maaalo... muy malo. Tu capacidad para engañar es muy grande... y encima entrar así, con ella en brazos como recién casados al lecho nupcial... ¿qué hicieron después Maxito? ... Pero yo te enseñaré lo que es el poder... Te advertí que no me amenazaras.... Te lo advertí...
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Oscar y Erizo fueron donde Alexa, y ésta los recibió muy afectuosamente. Habían visto a Erizo corriendo a la tarde y no sabían cuál era la razón. Erizo tuvo que ponerla al tanto de lo que pasó y la situación actual.
Cuando terminaron de relatarle, Alexa se quedó perpleja.
—O sea que fue Koala...
—Sí.
Alexa se miró con otra amiga de ella que estaba al lado, y menearon la cabeza.
—Volvió a la carga— le dijo la amiga.
—Tal parece— le contestó Alexa.
—¿Pueden decirme qué sucede? —preguntó Erizo, ansiosa.
—Amiga, me veo en la obligación de informarte, antes que nada, que tengas cuidado con Koala. Es una psicópata.
—¿Qué?
—Ya de pequeña era así —intervino la otra amiga—. Hacía berrinches a los padres para conseguir lo que quería.
—Sí, cuando creció, empeoró porque se volvió manipuladora e inescrupulosa. Los padres la mandaron a tratamiento psicológico para evitar que su desorden se acentúe y cometa alguna barbaridad.
Erizo escuchaba pasmada, con los puños tapando su boca abierta de asombro.
—Pero si tiene esa enfermedad, ¿Por qué está aquí? —preguntó Oscar.
—Aparentemente algún éxito tuvo el tratamiento, porque la mandaron a este campamento para que se integre. La mayor parte del tiempo parece una chica normal y divertida.
—Sí, pero se ve que por ahí, en algún momento le ataca la enfermedad, y hace cosas sin medir las consecuencias.
—Lo malo es que después no se siente culpable —agregó su amiga.
—Cierto, esa es otra complicación. Es muy difícil hacerla recapacitar. Cuando se le reclama algo malo que hizo, siempre culpa a los demás, o acusa falsamente.
—Me parece que ella está en tratamiento con unas píldoras— comentó la otra amiga.
—Así es. Una vez que le pregunté, me dijo que tenía que tomarlas todos los días y que tenía prohibidas las bebidas como el café.
—¿El café?—preguntó Erizo.
—Sí, porque son bebidas estimulantes. Y una mente como la de ella es mejor que esté tranquila.
—Max me contó que ella estaba tomando café aquella noche— dijo Erizo—. Y que le llamó la atención que ella lo toma sin azúcar.
—¿Viste? Te lo dije— le dijo Alexa a su amiga—. Yo sospechaba que ella toma café a escondidas. La otra vez, cuando fui a su cabaña yo sentí un leve olor a café, pero no le dije nada.
Erizo estaba alterada y empezó a balbucear:
—¡Ay no, Max! ...¡por Dios!
La chica bajo la cabeza y escondió la cara entre las manos, repitiendo:
—¿Qué hice? ¿Qué hice, por Dios?
—¿No saben dónde puede estar Max?— preguntó Oscar a Alexa.
—No, no tenemos idea. Varias veces lo buscamos en su cabaña y no está ahí.
—Por favor ¡Ayúdenme a buscarlo! —suplicó Erizo, con el rostro bañado en lágrimas.
—Alexa— dijo la otra amiga— dile al grupo que se divida y que un grupo busque en los bosques, y otro en la montaña.
—Okey. Nosotros buscaremos en el área de la playa, que es muy grande.
Erizo seguía escondiendo la cara entre las manos y sollozando en voz bajita:
—Max... Mi Maxi... ¡Perdón!... ¡Perdóname, mí amor!...
—Erizo, volvamos a las cabañas —propuso Oscar—. Mientras ellos buscan, nosotros tenemos que estar ahí por si él vuelve.
—Sí, vamos—aceptó ella.
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Regresaron a las cabañas, y después de cerciorarse que Max no estaba por allí, fueron a la cabaña de Erizo. Notaron que el teléfono tenía una luz titilante, que indicaba llamada perdida. Entonces Erizo, ansiosa, pensó que la había llamado Max. Así que apresuradamente presionó el botón de "devolver llamada". El teléfono sonó del otro lado, y cuando atendieron, ella, irreflexivamente dijo:
—¿Max? ¿Mi amor?
En su lugar, quedó pasmada cuando escuchó la poco amena voz de Irma Hedgehog.
—Erizo ¿Que pasó que no atendías el teléfono? ¡Cuatro veces te llamé! ¿Donde estabas?
—Estaba en un picnic, Mamá.
—¿En un picnic a las once de la noche? Mira Erizo, esto ya no va más. Te llamé para avisarte que empaques todas tus cosas. A la madrugada irá una lancha a buscarte. Tus vacaciones se terminaron.
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MI PRIMERA CITA CON MAX
RomansaSecuela del capítulo piloto. +18. Erizo, una adolescente que ha estado sumergida en el estudio y en los libros, en unas vacaciones conoce y se enamora apasionadamente de Max, un muchacho con una historia de pobreza y sufrimientos desde muy pequeño...
