En cierto momento, hicieron una pausa, en la que Erizo se acostó a su lado, puso la cabeza en su pecho y le dijo:
—Ay, Max. Todavía no puedo creer haberte encontrado y que te fijaras en mí. ¡Todo esto es tan hermoso!
—Yo soy el que debería estar agradecido de que una chica como tú acepte una cita en mi humilde cabaña. Y que me hayas perdonado la torpeza de caerme.
—No, Max. Perdóname tú por querer llevar tu cabeza a mi pecho. Te amo tanto que a veces me entusiasmo demasiado, pero tú me contienes.
—Yo sé que quizás quieres brindarte entera, pero yo prefiero disfrutarte lenta y gradualmente, como a las cosas bellas de la vida.
(Este chico es un santo y es poético hasta para corregirme. Con los avances que le hice, el podría haberse abusado de mí, pero no lo hace porque me ama y quiere protegerme. Esta clase de chico es muy difícil de encontrar... ¡Lo amo!)
Y abrazó al chico fuertemente para voltearlo de lado y que queden ambos cara a cara. La miró a los ojos con mucho cariño mientras le acariciaba el rostro con la mano.
Luego no pudo resistir tener ese rostro tan cerca y posó sus labios sobre los de él muy lentamente.
Ambos se entusiasmaron y los labios empezaron a buscarse acaloradamente.
De repente, ella abrió los ojos levantó la cabeza y miro hacia la ventana, que estaba de espaldas a Max.
—¿Qué sucede Erizo?— preguntó él.
—¿Está... amaneciendo??
Max se dio vuelta para mirar, y lanzó una risita.
—Efectivamente, mi amor. Te has pasado toda la noche en mi cabaña.
—¡Por Dios! ¿Cómo nos pudimos pasar toda la noche acostados besándonos??
—A mí también me sorprende. Pero es la magia del amor, que vence al tiempo— respondió Max sonriendo.
—Lo siento, Max. No puedo quedarme. Tengo cosas que hacer —dijo Erizo levantándose.
—¿Vendrás nuevamente, o yo tendré que visitarte? —preguntó Max mientras Erizo se ponía sus zapatos.
—Yo te llamo.. —dijo Erizo, inclinándose sobre él, que aún estaba en la cama, le dio un gran beso de despedida, y salió por la puerta.
La prisa de Erizo no se debía al horario sino al hecho de que recién se había percatado de que tenía su entrepierna mojada, y pensó que se le había escapado orina.
Pero cuando revisó su ropa interior y su protector femenino vio que estaba mojado, no con orina, sino con un líquido transparente y aceitoso que nunca había visto antes.
Ella había tenido su menarca los 11 años y su madre le explicó detalladamente los fluidos que salen, para que sepa cómo tratarlos.
Pero nunca le había mencionado este tipo de líquido. Erizo se vio obligada a echar mano de las enciclopedias que tenía en su biblioteca y respecto de los fluidos vaginales mencionaba uno que efectivamente era transparente y aceitoso y que según el texto era "producto de la excitación sexual de la mujer y la consecuente preparación de la vagina para ser penetrada".
Erizo empezó a atar cabos. ¿Esto habrá sido por el fuerte calor y picazón que sentía en la vagina cuando él recorría su boca con la lengua? Era muy probable, porque esa sensación nunca la había sentido, y este líquido nunca lo había visto antes.
(Erizo, debes ser un poco más discreta con los avances que le hiciste a ese chico, ¡ya tu cuerpo se estaba preparando para el sexo! Está bien cuando llevas meses saliendo ¡pero no para la primera cita ! ¡No quedaste embarazada sólo porque ese chico es un santo!)
Pero Erizo, mientras su conciencia la regañaba, sólo podía recordar esos deliciosos momentos, y volvió a sentir un poquito de esa sensación fuerte en la entrepierna cuando él le recorría la boca con su lengua.
De alguna manera esas sensaciones estaban indicando el fin de su infancia.
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MI PRIMERA CITA CON MAX
RomanceSecuela del capítulo piloto. +18. Erizo, una adolescente que ha estado sumergida en el estudio y en los libros, en unas vacaciones conoce y se enamora apasionadamente de Max, un muchacho con una historia de pobreza y sufrimientos desde muy pequeño...
