Oscar entró a la cabaña de Erizo y la encontró dormida, sentada a una mesa.
—¡Erizo, despierta! ¡El barco hace media hora que está te está esperando en la playa!
La chica se despertó atropelladamente y empezó a agarrar las cajas.
—¡No, Erizo! Tú agarra tus maletas que yo me ocupo de las cajas.
La chica tomó su equipaje, que era una valija y dos pesados bolsos, y los cargó en un pequeño carro que Oscar había traído y que estaba estacionando en la calle. El chico, llevando de a dos o tres cajas por vez, en pocos minutos terminó de cargar todo.
Los demás campistas no estaban enterados de la partida de Erizo. Así que cuando por las ventanas vieron que ella estaba cargando sus cosas en un carro, salieron de sus cabañas.
Oscar empezó a tirar del carrito dirigiéndose hacia la playa al igual que Erizo. Ella tenía la secreta esperanza de que Max hubiese vuelto. Pero entre la multitud de campistas que estaban acompañando el carro hacia la playa, Max no estaba.
Le preguntó entonces a Alexa si la búsqueda de Max que habían emprendido, había dado algún resultado. Alexa la miró con ojos tristes y meneó la cabeza negativamente.
Erizo, mientras caminaba, hizo un profundo suspiro y volvió a mirar hacia donde se dirigía, hacia la playa.
"Suéltalo. Si lo amas, déjalo ir"
Cuando llegaron a la playa, ahí estaba el pequeño barco esperándolos. De él descendió un hombre que cuando Erizo lo reconoció, se fue corriendo con los brazos abiertos a abrazarlo.
—¡Papááá!
—¡Hijita!
Erizo lo miró a los ojos un momento, y meneó la cabeza. En el brillo de tristeza que el padre vio en los ojos de Erizo, entendió que su amor no había regresado. Y la abrazó, besándole la cabeza por un momento.
—Vamos hija, que llevamos 45 minutos de atraso, y el barquero tiene otros pedidos.
Erizo quiso primero despedirse de Óscar, el cual no estaba con el aire de tristeza de los demás. Oscar tenía una sonrisa y una actitud increíblemente alegre.
—¡Ánimo, amiga! Nos vemos dentro de ... ¿Cuánto?
—48 días. Te estaré esperando en el puerto.
Se abrazaron, emocionados.
—Cuídate. No cometas tonterías.
—Descuida amiga. Sin tí no puedo —contestó Oscar, riendo—. ¿Quieres que te avise cuando... aparezca? —refiriéndose a Max.
"Suéltalo. Déjalo ir. Libéralo y libérate"
Erizo hizo otra inspiración profunda antes de contestar.
—Sí. Pero solo avísame. No me comuniques con él.
—A la orden, mi amiga— dijo Oscar, haciendo un gracioso saludo militar.
Erizo subió al barco y mientras el barquero maniobraba para enfilar la nave hacia el mar, todos desde la playa saludaban despidiéndola.
Erizo, cuando desde la baranda de popa vio alejarse cada vez más la isla, no pudo resistir más, y arrodillándose en el piso y hundiendo los ojos sobre sus brazos que estaban sobre la baranda, prorrumpió en un llanto patético y lastimero, un llanto como hacía mucho el padre no le había visto.
—¿Te duele alejarte de tus amigos?
—¡No papá!. Es por Max. Anoche estuve pensando mucho sobre cómo curarme de este dolor, y llegué a la conclusión de que tengo que soltarlo, tengo que dejarlo ir... porque no soy la dueña de su vida...
Levantó brevemente la vista, miró al horizonte, y la isla ya era un puntito.
—... Pero todas mis autoayudas no sirven de nada con él. Se llevó un pedazo de mí... que no puedo regenerar.
—¿Qué le dirías si lo tuvieses delante tuyo? ¿Te enojarías con él? ¿Le pedirías explicaciones? —preguntó el papá.
—No. Y yo tampoco podría darle explicaciones— afirmó, mientras, entre lágrimas seguía mirando al horizonte donde ya no se veía la isla—. No tengo justificación para lo que hice... Sólo le suplicaría... perdón.. por haberle hecho... tanto daño... —la voz de de Erizo se quebraba—. Por todo el cariño que el me dio... y que yo no le correspondí. Siento que mi cara tendría que figurar en los diccionarios como sinónimo de estúpida.
—Podríamos figurar juntos...— dijo una voz. Cuando Erizo escuchó esa voz, se dio vuelta de repente y abrió los ojos casi tan grande como su boca.
¡ERA MAX! ¡MAX ESTABA ALLÍ!
—¡¡Max!!.. ¡¡mi amor!!— gritó, corriendo hacia él y abrazándolo fuerte como para asegurarse de que sea real.— Mi Max... Mi Max,.. mí vida... ¡no lo puedo creer! —dijo, mirándolo al rostro y acariciándoselo.
—Soy yo, mi amor— le dijo Max lagrimeando.
Miró por encima del hombro de Max y se percató de que el padre estaba viendo toda la escena con una sonrisa emocionada.
—¿Cómo hiciste papá? ¿Cómo?
—Yo no lo hice. Llegué más temprano que lo convenido, y cuando aparcamos en la playa, ya estaba este individuo esperando— contó el papá sonriendo y poniéndole una mano en el hombro a Max.
—¿Y tú cómo supiste que mi padre iba a llegar?—le preguntó Erizo a su novio.
—Es una historia extraña. Después que te dejé a ti en la cabaña, tenía la cabeza hecha un lío y me retiré a meditar en la caverna de los yetis, para que nadie me moleste. Lo único que logré fue que nadie me moleste, pero no logré arreglar mucho mí cabeza. Estaba decidido a no salir de esa caverna hasta que no halle una cierta paz. Y anoche ocurrió un milagro. No sé de dónde vino, pero de repente empecé a sentir la más increíble sensación de paz que nunca había sentido. Sentí que ya no tenía apuro por nada. Un sentimiento como de libertad... de liberación... fue indescriptible.
(¡Eso fue por mí oración, mi rezo o.. lo que sea que eso haya sido... ¡Es un milagro! ¡Gracias, diablito y angelito!)
—Salí de la caverna—continuó relatando Max— y me dirigí directo hacia la cabaña de Óscar. El me puso al tanto de que Koala es una enferma y que por una llamada de ella, a ti te sacarían de la isla hoy temprano. Así que, sin tener la menor intención de ir a tu cabaña para despertarte, quise ser el primero que te despidiera, por lo menos para disculparme por desaparecer. Me fui a la playa y junto a una roca dormí unas horas hasta que llegó este barquito, descendió alguien y preguntó quién era yo. Le dije que me llamaba Max. Me contestó "Ah! ¿Tú eres el famoso Max? Yo soy David Hedgehog". Había sido tu padre. Imagínate: vengo a encontrarme con mi novia, ¡y aparece mi suegro!
El padre de Erizo se rió por la descripción y contagió su risa a todos.
Erizo abrazó a Max tomándolo suavemente del cuello, y el padre dijo:
—¿Quieren que les ponga un "lento", chicos?
—No hace falta, papi— le dijo su hija, y le estampó a su novio un beso largo y apasionado.
El padre se sorprendió. Nunca había visto a su hijita en esa escena romántica. Y ahí comprendió que su tierna niña había crecido.
De pronto, una ola sacudió el barco, y esto que la joven pareja cayera al piso, con Erizo encima de Max.
—Chicos, procuren no hacerme abuelo todavía— dijo el padre, en broma.
—¡Ayy, papi! — protestó Erizo, sonriendo.
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MI PRIMERA CITA CON MAX
RomansaSecuela del capítulo piloto. +18. Erizo, una adolescente que ha estado sumergida en el estudio y en los libros, en unas vacaciones conoce y se enamora apasionadamente de Max, un muchacho con una historia de pobreza y sufrimientos desde muy pequeño...
