Llamada del pasado

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Erizo golpeó la puerta de la cabaña de Max y adentro se oían martillazos.  Era poco probable que escuchara golpear la puerta, así que accionó el picaporte, abrió un poco la puerta, y se asomó.
—¿Maxi?
—Pasa, mi amor.
Max estaba reparando una mesa, y estaba martillando.
—Esta mesa está bastante floja, así que la estoy reparando.
—¿De dónde sacaste herramientas?
—Le avisé a Susie que la mesa de la cabaña estaba floja y me contestó que me corresponde a mí repararla. Me proveyó de martillo y clavos, y quiere que se los devuelva hoy: el martillo y los clavos sobrantes.
—Alexa vino a avisarme que nuestro grupo va a hacer un picnic en el bosque. Nos reuniremos dentro de 4 horas en el área de picnic. ¿Quieres que vayamos?
—Me encantaría.
—Perfecto. Me voy a preparar unos sándwiches y tú fíjate que es lo que tienes en tu heladera para llevar.
—Listooo..
—Ah, me olvidé decirte—dijo Erizo—. El día posterior a la fiesta, me crucé en el camino con una chica. Dijo que nos vio en la fiesta y que nos felicita por nuestro noviazgo.
—¿Ah, sí? — dijo Max, mientras martillaba.
—Le dije gracias, le pregunté si era amiga tuya y me dijo que sí. Y se despidió diciendo algo raro...
—¿Qué dijo?
—"Disfrútalo mientras lo tengas"
  Max le erró el martillazo y se golpeó un dedo.  Se agarró el dedo dolorido y quedó un instante con la mirada perdida.  La chica se preocupó.
—¿Estás bien? ¿Te lastimaste?
Max levantó lentamente la vista y miró a Erizo.
—No sé quién puede ser.  No tengo amigas con ese nivel de confianza— y volvió a martillar.
Erizo tampoco le dio importancia.
—Las campistas deben ser más de veinte, y sólo conocemos dos o tres.  Esa fiesta estaba llena de chicos y chicas desconocidas que nos pueden haber visto.  A lo mejor recibimos más felicitaciones.

Una vez que armaron los sándwiches y todo lo que iban a llevar, los juntaron todos en sus mochilas y se pusieron en marcha. El área de picnic de la isla era un lugar bellísimo rodeado de bosque, con muchas mesas y asientos fijos hechos de madera.
Se sentaron a una mesa que estaba desocupada y empezaron a sacar las cosas de sus mochilas. Cuando estaban ya terminando de acomodar las cosas, Erizo vio que una chica se acercaba de espaldas a Max y saludó. 
—¡Hooola, hola, tortolitos!  ¡Qué linda parejita!
—¡Hola! — la saludó Erizo— Max, esta es la chica que me saludó el otro día.
La chica koala se sentó en el banco al lado de Max.  Éste, antes de haberla visto, con sólo escuchar su voz, se quedó tildado.  Y cuando ésta se sentó a su lado, quedó con una expresión de piedra que impresionó a Erizo.
—Te felicito, chiquita— dijo mirando a Max y luego a Erizo— te conseguiste un bomboncito... espectacular. ¿Con que frase matadora te enamoró?
Erizo pasó de la sorpresa agradable, a la perplejidad. No entendía la actitud desfachatada de la chica. Y tampoco la parálisis de Max, con una expresión ya rayana en el odio.
—Te felicito... Maxito— le dijo—. Es una chica linda, tiene pinta de fiel.  No da la impresión de que te vaya a abandonar pronto.
A Erizo se le fue la sonrisa cuando vio que la koala hablaba con esa mirada maligna que le vio aquella vez que la cruzó por el camino.
—No te estoy entendiendo. Me dijiste que eras amiga de Max— le dijo, en referencia a que el muchacho acompañaba su silencio con gestos y hasta lenguaje corporal de profunda repulsión.
—Pero sííííí... Con él somos... grandes amigos. ¿No es cierto... Maxito?— dijo, acariciándole la barbilla, ante lo cual el muchacho apartó la cabeza, como con profundo asco del contacto con ella.
—¡Uuuyy.. que malito! —dijo ella, en tono de ironía—. Hace sólo un par de semanas atrás no me esquivabas, y andábamos re-bien... ¿No es cierto?
—Max, ¿de qué habla esta chica?— preguntó Erizo, ya algo molesta.
—Eso... vamos Maxito.  Cuéntale  a tu amorcito de qué hablo.
Max inspiró profundamente antes de contestar.
—Una semana antes de ponernos de novios contigo, acepté una invitación de ella para que veamos una película en su cabaña.
—Mmmhh... ¡Sííí! —intervino la koala con voz de sensual ironía— los dos juntitos... en el sofá, y en medias... Sosteniendo sendas tazas de calentito café.  Te acuerdas bien ¿verdad?
—Después —dijo dirigiéndose siempre a Erizo— descubrí que era una trampa, porque a ella lo que menos le interesaba era ver la película.  Todos los contactos y las "caricias" incorrectas que se puede hacerle a tu invitado...
—¡Pero mira! —se rió malvadamente la koala—. Acabo de buscar "hipocresía" en el diccionario ¡y aparece tu cara!  Ahora le llamas "incorrectas" y en su momento... ¡bien que las disfrutaste!  ¡Tanto que después te me tiraste encima!
—Está mintiendo...
—¿Estoy mintiendo? ¡Ja, ja, ja! ¿Qué historia te contó, Erizo? ¿La del pooobre chico que tuvo que salir a trabajar duramente porque se le enfermó la madre? ¡Ja, ja, ja! ¡Qué chico más tierno!  ¡A cuántas incautas habrá enamorado con ese cuento! ¡Las ilusiona, las usa, y después las deja!

Erizo quedó tildada y abrió la boca de asombro.  La koala reía más malignamente todavía cuando vio el efecto de "balde de agua fría" qué causó en Erizo.
Ésta dejó lentamente sobre la mesa el sándwich que tenía en la mano, se levantó del banco, tomó su mochila, y emprendió la marcha de regreso a su cabaña, dejando todas las cosas sobre la mesa. 

—¡Mi amor! ¡No te vayas! ¡Está mintiendo!
—No sé si está mintiendo, pero arréglense entre ustedes.  Yo no tengo nada que hacer aquí —contestó Erizo, con voz de amargura.

Y se marchó apresuradamente con lágrimas en los ojos.

—¡Erizo, no te vayas por favor! ¡Ella está mintiendo.!

Pero Erizo ya estaba corriendo, y cuanto más corría, más lloraba.
La koala parecía disfrutarlo como nunca.
—Ja, ja, ja, jaaaa! ¿Viste Maxito, qué lindo que es cuando te abandonan?  ¡Alguna vez tenía que tocarte a ti! 

Max la vio alejarse con expresión de infinita desolación, y cuando se perdió de vista, se dio vuelta, miró con furia a la koala y le dijo:
—Esta infamia la vas a pagar...
—¡Uuuyy... no me pongas esa carita de malo! —dijo burlándose—. Si supieras la posición delicada en que estás, no amenazarías tanto...

MI PRIMERA CITA CON MAXHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora