Resígnate, Erizo

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Erizo tenía esperanzas de que en el sector negocios la crisis pasaría, pero lamentablemente la situación del restaurante seguía desmejorando. La caída en la clientela empezaba a hacerse sentir. En la época del monopolio, Max podía darse el lujo de elegir proveedores y quedarse con los mejores. Sabía seleccionar siempre la mejor mercadería. 

Pero ahora, con la nueva situación, en la cual los proveedores tenían más restoranes que atender, el restaurante de Max ya no era la prioridad, por lo tanto, la mercadería que se le asignaba era la que quedaba de remanente. Esto obligó a eliminar muchos platos del menú y modificar la receta de otros ante la imposibilidad de mantener la calidad. 

La pobre Erizo, en su delicado estado, trataba de gobernar como podía el restaurante junto con su fiel mano derecha, Leónidas.  Pero con toda la experiencia que había logrado junto al dueño, Leónidas no lograba una performance de calidad como la que hubiese tenido Max. Y con frecuencia se quedaba corto en ciertas decisiones. Y Erizo se sentía tremendamente culpable por la caída de la clientela y de las utilidades. 

Lo malo era que hasta los clientes fieles estaban notando la caída de oferta y calidad del restaurante.  

Y todos decían "Qué pena. Se nota que ya no está Max."

Había días en los que el restaurante estaba vacío, y Erizo, que estaba en la caja, sollozaba por momentos. 

Las ganancias diarias no eran suficientes para pagar los gastos e insumos. La muchacha, en ciertos meses malos, se veía obligada a echar mano de las reservas bancarias para poder pagar sueldos. ¿Pero cuánto le durarían, si seguían así? En cuanto se le agotaran las reservas, se empezaría a endeudar y se vería obligada a cerrar el restaurante. 

El tratamiento de Max en el psiquiátrico privado también se llevaba una parte de las ganancias. Pero Erizo se negaba a suspenderlo. Tenía fe de que algún lejano día, Max se recuperaría. ¿Pero cuándo? Sentía una tremenda angustia de lo que Max encontraría cuando saliese del psiquiátrico. No podría mirarlo a la cara cuando viese su amado restaurante, cerrado por quiebra.

"Lo perderás, Erizo. Resígnate. Así como van las cosas, él perderá su restaurante, y tú lo perderás a él"— le susurraba una implacable voz que reconoció como su diablillo interno.

Se imaginaba a Max sorprendido, frustrado, enfurecido, pidiéndole el divorcio. A lo mejor ella, si le rogaba y le imploraba, podría evitar la separación.  ¿Pero qué clase de vida tendrían juntos, si ella llevaría por siempre la humillación y la vergüenza de haber destruido su sueño?

"Déjalo ir, Erizo.  Y agradece el tiempo que disfrutaste con él. Recuerda que ni aún casada con él,  eres dueña de su vida"

Esa noche, cuando Erizo se fue a dormir, no podía dejar de pensar en él. Y seguía escuchando esa voz del diablillo:

"Libéralo. Si se recupera comprobará que ya no tiene restaurante y lo perderás. Y si no se recupera, por lo menos no estará enojado contigo y lo tendrás de amigo.  Pero al Max que amas, ya lo has perdido. Déjalo ir."

Se acordó de aquella fatídica noche en que Max se ocultó y ella no sabía dónde estaba. Aquella vez ella oró por él y la paz le llegó. Y todo se resolvió.  Pero esta vez no había salida. Esta vez había perdido para siempre a su amado Max.  

De repente, escuchó una voz reconfortante:

"Ora por él igual. Él está recuperando sus recuerdos paulatinamente. Y eso le trae inquietud. Recuerda que él tiene una muerte en su conciencia."

—¡Vamos! —protestó Erizo—. ¿Pero quién va a cargar en su conciencia de la muerte de una psicópata como esa? ¿Quién va a tener remordimiento por la muerte de una tipa que hacía maldades sin remordimientos?  

"Todos necesitamos Paz. Esa pobre chica hacía lo que hacía, porque no tenía paz interior. Tenía una enfermedad cerebral que le deparaba un horrible estado de permanente inquietud. Esa chica sufría lo indecible. Hacía maldades para huir de ese estado, pero solo lo empeoraba."

—Si no hubiera entre ella y yo los dos balazos que me disparó, casi sentiría lástima por ella— rezongó Erizo.

"Tú recibiste dos balazos pero también recibiste ayuda inmediata. Hubo recursos para darte ayuda médica y operarte inmediatamente.  En poco tiempo podrás continuar con tu vida normal.  Ella, en cambio perdió todo, todo lo que tenía."— intervino el diablillo.

—Yo también perdí todo lo que tenía. Estoy perdiendo el restaurante y pronto perderé a mí Max— contestó ella, con amargura.

"Mientras haya vida, hay oportunidades, Erizo. Y no perdiste todo: tienes juventud, tienes vida, tienes salud, tienes una familia que te ama. Tú puedes seguir trabajando en el estudio contable de tu familia. Max, en cambio, sólo tenía ese restaurante."

—Por eso me siento mal— sollozó Erizo. 

"Esa es la razón por la cual debes orar por él. Brindarle tu energía te hará sentir mejor a ti y a él."

Erizo suspiró, mientras una lágrima surcaba su mejilla.

—Está bien, lo haré. 

"Y recuerda orar también por Koala"  

—¿Orar por esa? ¿Para qué? Si ya está muerta...

"Ella no dejó de existir.  Está en otra dimensión, sufriendo un enorme remordimiento por todo lo que hizo. Dale energías para superar ese trance.  Haz como hiciste con Max. Visualízala feliz, y que pueda continuar su misión."

—Te juro que me cuesta visualizarla feliz, porque cada vez que la veía sonreír, era porque estaba tramando alguna maldad.

"Ella ahora no tiene ese cerebro enfermo que lo obligaba a hacer esas cosas. Ahora tiene conciencia, tiene discernimiento, y tiene remordimientos que la están quemando por dentro, y haciendo sufrir. No seas como tantos que dicen "que sufra, se lo merece".  Desearle el bien a quien es bueno contigo y desearle el mal a un enemigo no tiene ningún mérito. Eso es usar mal las energías interiores que se nos han brindado. Justamente tú, que has recibido mucho mal de parte de ella, podrías tener un gesto de grandeza y ayudarla en ese trance de dolor por el que está pasando ahora. "

Erizo se quedó pensando un momento, y al final, suspiró y asintió con la cabeza.

MI PRIMERA CITA CON MAXHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora