[44]

8.1K 527 823
                                        


Pansy:

Sin secretos frente al fuego.

—¿Guardamos las toallas? —murmuró Aurora—. ¡Agh! ¡¿Dónde está la varita?!

—¿No la habrás metido en el bolso con las demás cosas? —se le ocurrió Pansy, que estaba recostada en el sillón.

Aurora revolvió todos los objetos del bolso, sacando varias cosas que allí hasta encontrar su varita clavada entre las toallas (que habían sido lo primero que guardó).

—Tú podrías ayudar. ¿No?

—Te enojaste conmigo cuando lo intenté —masculló Pansy.

Su madre la ignoró, mientras volvía a ordenar todo dentro del bolso.

—Bien, vamos, o llegaremos tarde —ordenó Aurora.

Pansy se levantó del sillón, subiendo sus brazos sobre su cabeza para estirarse. Hoy irían al concierto de Isa. Fue un pequeño problema por el horario, ya que iniciaba a las once de la noche. Todos tenían dieciséis años, y hasta menos (al contar a Ginny y Luna), por lo que los padres no estaban de acuerdo en dejarlos ir solos, a una ciudad nueva y a un concierto donde iba también gente mayor de edad. La solución terminó siendo que algunos adultos los acompañarían. Ahora, Pansy tenía sus dudas sobre qué tan sensato era que los dos "adultos responsables" fueran Aurora Parkinson y Xenophilius Lovegood.

—La Madriguera —dijo Aurora, y tiró los polvos flu a la chimenea, antes de ingresar en ella. Pansy la siguió a los pocos segundos.

Al llegar, se encontró enseguida con un par de melenas pelirrojas. Pansy puso sus ojos en blanco, porque eran los gemelos, atentos a cuándo llegarían ella y su madre.

—Señorita Parkinson —saludaron ambos Weasley al mismo tiempo con sonrisas deslumbrantes.

—¿Necesita ayuda con el bolso? —agregó George, adelantándose un paso.

Aurora estaba bastante ajena a ellos, mirándose a sí misma en busca de polvo. La chimenea de La Madriguera cada tanto causaba pequeños accidentes por lo antigua que era, pero ambas tuvieron suerte, no parecían haberse manchado con cenizas esta vez. Al entrar a la cocina se alegró de ver que Hermione ya estaba allí, sentada en la mesa. También estaban los dos Lovegood, además de todos los pelirrojos Weasley y Sirius Black.

Espera. ¿Qué? ¿Era un error? ¿Sirius Black? Él no se veía como en las fotografías del periódico, donde lucía demacrado, con pómulos hundidos y cabello enmarañado, de aspecto sucio en general, además de un gesto de loco y salvaje mientras gritaba. El hombre frente a ella tenía el pelo más corto que en las fotos, sin barba, limpio y prolijo de pies a cabeza. No había rastros de fatiga, aunque su piel denotaba que había estado alejado del Sol por mucho tiempo, ya que rozaba lo enfermizo por su tono algo amarillento. Aun en el entorno amigable, vestido con ropas simples y su actitud despreocupada, con su sonrisa de dientes no del todo blancos y parejos, Pansy podía entrever algo de esa familia sangre pura multimillonaria a la que perteneció, y sin duda, podía ver en él rasgos físicos de Narcissa Malfoy, una de sus primas, con las que tantas veces se había cruzado en fiestas. No había dudas, era él. Estaba allí sentado Sirius Black.

Pansy empalideció, dando un paso hacia atrás.

—¡Hola! —dijo Black, levantándose del asiento con una sonrisa torcida—. Es un placer poder conocerte al fin. Bueno, oficialmente, ya que yo sí te vi varias veces. Y tranquila, prometo no causarte mucho sufrimiento, tu muerte será... ¡Au! —se llevó las manos a la cabeza, intentando cubrirse de los golpes que Molly le daba con un trapo.

Muda de Piel.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora