El toque intenso de sus labios sobre los míos, sabe a gloria y a nostalgia. Sabe a desamor y a dolor. Me sabe a todo eso que he pedido desde que me alejé de él.
Sus manos fueron hasta la parte trasera de mis muslos y me cargó, enrede mis piernas en su cintura y mis brazos en su cuello. Jamás me separé de su boca, de saborear el sabor a alcohol y cigarros que lo invade. La brisa de la noche me movía el cabello, y me hizo recordar que estábamos en un lugar público dándonos una muestra de amor demasiado intensa, así que me separé de él.
—Vamos a casa —dije sin aire y él asintió en silencio.
Camino conmigo hasta su auto, me bajó para subirme al auto y él también lo hizo.
Sé que nada está bien entre él yo. Las cosas siguen siendo exactamente las mismas, solo que ahora ya no sería esa bola de palabras estancada en el pecho. No sé porque voy a su casa, no sé porque acepté su beso... tal vez es porque tengo la misma sed que él tiene por estar juntos, tan siquiera una última vez.
El camino a la universidad fue silencioso. Subimos las escaleras de su edificio y él busco las llaves de su cuarto para abrir la puerta, pero se detuvo con la mano sobre el pomo de la puerta.
—¿Qué sucede? —pregunté confundida.
Él me observó, un poco incómodo y actuando extraño.
—Dame cinco minutos para arreglar el desorden —dijo avergonzado.
Ni siquiera me dejó contestar cuando entro a la habitación y cerró la puerta detrás de él. Vincent jamás fue alguien desordenado, así que no puedo dejar de sentirme algo confundida.
Me recargué en la pared del pasillo y miré mis zapatos llenos de arena. Mi celular vibró en mi bolsillo y lo tomé de inmediato:
"¿Dónde estás? Mi madre preparó comida chica" – Anna.
Suspire ansiosa. No podía decir a mi amiga en donde me encontraba, de seguro y me mata si se entera que estoy a solas con mi ex novio, y sé que es porque ella me vio en mi peor momento, ese que provocó él.
—Listo —levanté la vista ante la voz masculina.
Vincent sostenía la madera abierta y yo entré.
No permití que los recuerdos en su habitación volvieran a salir, así que sólo me fije en leve desorden que hay en el cuarto.
Las palabras de Rebecca vinieron a mi mente cuando note la bolsa de basura transparente llena de latas de cerveza vacías, también los papeles que estaban amontonados sobre el escritorio y la extraña falta de las fotografías que declaraban la cómoda.
—¿Me prestas tu baño? —pregunté nerviosa.
—Por supuesto —el muchacho asintió de inmediato y yo entré al reducido cuarto de baño.
Respire hondo, me moje las manos y la cara para espabilar mis sentimientos y mi respiración, pero no logro disminuir mi ansiedad.
¿Qué hago aquí?
No puedo evitar preguntarme una y otra vez mientras observó mi reflejo en el espejo. Ni siquiera sé qué voy a decir o a hacer para tratar de conseguir esa información de Vincent, la información que me responda a mis preocupaciones.
Salí del baño, tenía la mirada en el suelo y me atreví a levantarla cuando ya estaba a la mitad de la habitación. Cualquier rastro de nerviosismo en mi sistema, fue reemplazado por preocupación, cuando note que estaba llorando.
—¿Qué sucede? —pregunté asustada y me agache hasta quedar frente a él y tomar su rostro entre mis manos.
No respondió mi pregunta, sólo se acercó a mí y me abrazó, escondió su rostro en el hueco de mi cuello y empezó a sollozar con fuerza.
—Vince, ¿qué pasa? —pregunté en un susurro preocupada, mientras trataba de abrazar toda su anatomía y consolarlo.
Jamás lo había visto tan vulnerable. Aún y cuando me contaba de su vida triste, no mostraba esta nueva faceta suya. Escuchar sus lágrimas me hizo preguntarme qué está mal, que ha sucedido desde que ya no estamos juntos y cómo puedo remediarlo.
—Mi amor, dime que te pasa —susurre, pasando mi mano por su espalda de arriba hasta abajo —. Dime que está mal, habla conmigo por favor...
Salió de su escondite con el rostro mojado y rojizo. Limpié sus mejillas y él me observó al rostro.
—Lamento mucho haberte alejado de mí, Maya —sus palabras me obligaron a quedarme quieta —. Soy una mierda de persona. Voy por la vida lastimando a la gente, y la vida me arrebata las personas que más amo... pero siempre estoy pidiendo y suplicando por alguien que jamás se vaya —siguió hablando —. Y llegaste tú. Y lo único que pude hacer fue alejarte, lastimarte...
—No digas eso —dije de inmediato, tratando de calmar sus sollozos que sólo me rompían el corazón.
—Estoy solo, Maya. Me siento solo y triste, ya no tengo ningún sentido en esta vida. Eh dejado la escuela, reprobé todas las materias por faltas, y no falta mucho para que me corran de aquí, ¿qué voy a hacer después de eso?, ¿a dónde voy a ir? Ni siquiera tengo familia, no tengo el dinero suficiente para comprar algo, ni siquiera tengo la experiencia para trabajar —su confesión hizo que el peso sobre mis hombros pesara más —. Me estoy volviendo loco, me estoy perdiendo, Maya...
—No, amor, no es verdad —dije de inmediato —. Todo está bien, yo estoy contigo. Jamás has estado solo —me senté a su lado y él se recostó sobre mis piernas con la mirada en algún punto de la pared de enfrente —. Arreglaremos lo que está mal, vamos a encontrar la solución para que te dejen volver a las clases. Y si no podemos, entonces buscaremos la manera de salir adelante.
—Hablas como si todo fuera así de fácil. Hablas, y me haces sentir que el mundo no se está cayendo sobre mí —habló con la voz ronca —. Hablas como si aún estuviéramos juntos, Maya. Cómo si no te hubiera hecho el daño que te hice.
Sus palabras crearon un nudo en mi garganta, pero me negué a llorar. No podía hacerlo cuando él me necesita fuerte y estable.
—No se necesita tener una etiqueta para seguir sintiendo que nos pertenecemos, Vincent —susurre y acaricie su cabello despeinado —. Me sigo preocupando por ti, sigo pensando todos los días si ya comiste, si dormiste o si estás bien. Y sigo sintiéndome aturdida cada que dices mi nombre...
—Lamento mucho haber arruinado todo.
—Ambos lo hicimos. Ambos nos hicimos daño sin notarlo.
El sorbió su nariz, se movió para quedar con la mirada sobre mí y estiró su mano hasta peinar mi cabello hacía atrás. Sus ojos claros se veían cristalinos debido a sus lágrimas acumuladas, y el contorno de sus ojos estaba rojizo, al igual que el de sus cejas rubias. Mis ojos cayeron sobre sus labios, estaban rotos y secos, me pregunté hace cuanto no bebía agua, de seguro y ni tiempo para eso le da.
—Déjame ayudarte —susurre, pasando mi pulgar por el contorno de su mandíbula.
—Tengo miedo de que me ayudes, y también te hundas conmigo en esta mierda —murmuró.
—Quiero hundirme contigo, y salir de ahí. Juntos —me acerqué a él y besé su frente —. Quiero ser todo eso que le has pedido a la vida a gritos, y te lo ha negado.
—Siempre lo has sido, Maya. Eres todo lo que he pedido y deseado, estás hecha de la luz de esperanza y amor.
Bese su pómulo y después su nariz. Él cerró los ojos ante mi besos delicados, y que casi rozaban su piel.
—Déjame estar contigo. Déjame pertenecerte —le pedí inocentemente.
El no hablo, pero me tomó de las mejillas y me acerco a él para besarme en la boca.
El beso era lento, pausado y podía saborear todos los sabores de su boca. Se me antojaba quedarme aquí hasta que mis labios se entumecieran, hasta que fueran de un color rojizo amoratado y me hormiguearan. Quiero quedarme aquí hasta que el sol salga, se oculte y vuelva a salir. Quiero estar entre sus brazos hasta que se canse, hasta que envejezcamos y no podamos soltarnos jamás. Aquí y en todas las vidas.
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Aún no sé quién soy
General Fiction¿Sabes quien eres? Imagina despertar un día sin saber quién eres, sin recordar quién fuiste o tener alguna día de quien serás. Imagina un día tener las ganas de empezar de nuevo y sólo descubrir que tu pasado siempre te arrastrará, que tu pasado sie...
