Han pasado alrededor de cinco horas. Ya anochecio, ya destruí toda mi habitación buscando cualquier objeto punzante que abriera la puerta y jamás encontré ni uno. Ya pensé en uno y mil planes para salir de aquí, pero la mayoría involucran salir por la ventana y arriesgarme a sufrir algún golpe, y no puedo hacer eso, debo cuidar de mi salud y de mi cráneo si no quiero volver a tener más cicatrices.
La garganta me arde de tanto gritar, los ojos me pesan del cansancio y las manos me duelen por haber golpeado tanto la puerta.
Eric jamás vino a mi ayuda, papá ni siquiera se digno a venir a verificar si sigo viva, y eso sólo hace que me sienta mucho peor.
Estaba hecha un ovillo en mi cama, con la mirada pérdida en la ventana y tenía frío, pero mi cuerpo gritaba de cansancio, así que no me puse de pie para recoger mi sábana del suelo, había llegado ahí en ataque por salir de aquí. Me encogí más en mi lugar, tratando de ganar calor conmigo misma y funciono un poco, pero no demasiado como para poder dormir.
Eh pensado también, que tal vez sea mejor irme de casa mientras mi enojo y tristeza se marché, tal vez es mejor ir a casa de mis abuelos para tener mi espacio. Pero eso significaría dejar todas esas cosas que me ocultan aquí, dejar aquella caja metálica en el sótano, esa caja que me pertenece y que siento, por alguna extraña razón, que todos saben de su existencia menos yo. Me rehusó a dejar que me vean la cara, en especial mi padre, me rehusó completamente a seguir caminando con los ojos vendados por la vida. En especial ahora que he comprobado que puedo recordar cualquier cosa que me proponga.
Cerré los ojos un momento, tratando de decirme a mí misma que el frío no existía para así poder dormir, y pensé que lo lograría, pero una vibración debajo de mi almohada me puso alerta. Me senté de inmediato, asustada. Rápidamente busqué debajo de mi almohada y solté un jadeo de emoción al encontrar mi celular. Que estúpida había sido, mi celular siempre estuvo aquí.
Me di cuenta que alguien me llamaba, así que caminé hasta encerrarme en mi armario y que así mi padre no escuchará que estoy hablando por teléfono.
—¿Sí? —contesté en un susurró.
—Hola —una voz gruesa conocida me alivio el corazón.
—Vince —suspire de alivio y mi cuerpo se relajó considerablemente.
—Perdón si te llamo a esta hora, apenas terminé mi tarea. No quería dormir sin escucharte por un momento y además te y pude escuchar el cansancio en su voz.
—A mí también me alegra escuchar tu voz —mi voz cambió, realmente me sentía aliviada de por hablar con alguien que me comprendiera.
—¿Cómo estuvo tu día?
En verdad le quería decir sobre todo lo que me sucedió. Le quería contar de las fotografías, sobre mis nuevas memorias, la pelea con mi padre y mi encierro, pero no quería preocuparlo o entretenerlo. Son las dos de la mañana, sé que Vince sólo quiere escuchar que todo estuvo bien para poder dormir tranquilo, y eso voy a hacer.
—Bien —me sorprendió que mi voz no temblara —. Los abuelos son personas realmente agradables. Eric y yo fuimos a patinar y comimos pizza. Fue un buen día.
—Me alegro mucho, Maya. Al menos uno de los voz pudo tener un buen día —el nudo en mi garganta se apretó.
—Puedes dormir ahora.
—Dormiré mucho mejor mientras escucho tu dulce voz —la voz del chico sonó apagada y sonreí al escuchar sus palabras —. Tienes un efecto sobre mi, Maya, un efecto tranquilizador.
—¿Qué quieres escuchar? —susurre.
—Que me quieres.
Mi corazón se detuvo por un momento.
ESTÁS LEYENDO
Aún no sé quién soy
Ficción General¿Sabes quien eres? Imagina despertar un día sin saber quién eres, sin recordar quién fuiste o tener alguna día de quien serás. Imagina un día tener las ganas de empezar de nuevo y sólo descubrir que tu pasado siempre te arrastrará, que tu pasado sie...
