Capítulo 29

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Escribí la última respuesta justo cuando la campana sonó. Todos se pusieron de pie de inmediato a dejar sus exámenes y poder irse, pero yo me quedé congelada en mi asiento.

Logré contestar todo el examen, pero aún tengo dudas en mis respuestas.

—¿Estás lista, Maya? —la maestra preguntó y yo suspire derrotada.

—Sí. Logré contestar todas —le sonreí y le extendí el papel.

—Eso es excelente —me felicito —. ¿Estuviste estudiando?

—Demasiado. Tanto que casi me explota la cabeza —realmente no mentía.

—No debiste presionarte de esa manera, Maya. No es bueno para tu salud.

—No quería decepcionarla, así que puse todo mi empeño y todas mis neuronas en ese examen. Espero al menos pasar esté con un siete —sonreí con tristeza y ella también lo hizo.

—Estoy segura de que lo harás —dejó mi hoja con el resto —. Te veo el lunes, Maya, descansa y ten un buen fin de semana.

—Igualmente, maestra. Gracias.

Tomé mis pertenencias y salí al pasillo para trotar hasta la salida.

Hoy tengo terapia, y ya me retrase cinco minutos después del timbre de salida, mi papá debe estar desesperado ya. Bajé las escaleras hasta llegar al estacionamiento, visualice el auto de mi padre a unos metros de mí y me preparé para correr, pero una mano me detuvo de golpe.

—Espera, Maya —me tense de inmediato cuando reconocí esa voz tan ronca y tan dulce.

Elías me tomaba del brazo, y pude estar aliviado de verlo sano y salvo, pero el temor se arraigó en mi pecho cuando recordé que mi padre me prohibió hablarle y él está a sólo metros de mi. Él no se debe dar cuenta que lo he desobedecido.

—Me tengo que ir, tengo mucha prisa —me zafe de su agarre rápidamente y retrocedí unos pasos.

—Tengo que hablar contigo de algo importante —dijo con urgencia y yo hice una mueca nerviosa.

—En serio me tengo que ir, Elías. Hablamos mañana, ¿si?

—Mañana es sábado, no hay escuela y no te veré —contesto desesperado —. En serio es muy importante lo que tengo que decirte.

Me mordí el labio insegura. Miré sobre mi hombro para asegurarme de que mi padre no nos viera, pero aún así no me puedo quedar. No puedo permitir que mi padre me vuelva a encerrar por no cumplir sus reglas, en especial hoy pues tengo una cita con Vincent.

—Te llamaré más tarde para hablar —regresé la vista a Elías y el frunció las cejas, insatisfecho con mi respuesta —. Te prometo que lo haré.

—Pero lo que te tengo que decir no puede ser por teléfono…

—Entonces nos ponemos de acuerdo para vernos —retrocedí un paso —. Te llamó al rato.

No escuché su despedida y salí corriendo hasta el auto de papá. Él no preguntó nada solo me saludo con una sonrisa y un beso en la frente, y encendió el auto para ir al hospital.

~°~


Me acomodé la bata blanca encima de mi ropa interior de algodón. Me recosté sobre la plana cama y mire a Cruz nerviosa.

Aún no sé quién soyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora