Llegué a casa con la ropa empapada y el cabello esponjado, como una maraña de pelos enredados. Papá no pudo ir por mí, y no tuve otra opción que venir a casa a pie, pero me pescó una gran tormenta a medio camino y aquí estoy, temblando debajo de mí ropa mojada.
Fui directamente a la ducha, pues quiero evitar enfermarme. Después caminé hasta mi recámara para vestirme con algo cómodo y empezar a hacer mi tarea de francés. Tomé mis libros del estante, y me senté en mi escritorio para estar más cómoda y apreciar el sonido de la lluvia que se colaba por mi ventana.
Leí la tarea concentrada, mordí la punta del lápiz pensativa y me puse a escribir el ensayo que la maestra pidió para mañana. Estaba decidida poner los pocos conocimientos que tengo del idioma en éste papel. Si no puedo mejorar en mis exámenes, necesito mejorar en mis trabajos, al menos eso me salvaría un poco.
Suspire sin dejar de mover el lápiz sobre el papel, ya sólo me faltaban doscientas palabras y estaría listo. Deslice una vez más la punta de carbón sobre el papel, pero me detuve cuando algo captó toda mi atención.
La carta que Eric me dio estaba se asomaba debajo de un libro, en mi escritorio. Por inercia, dejé caer el lápiz y me estire para alcanzarla. Necesito leerla ya, es ahora o nunca. Necesito mantener la calma si no quiero ponerme mal cómo ese día, y terminar en el hospital, así que respondí hondo mientras abría el sobre y saqué el papel de adentro.
Las manos me temblaban, y tomé aire para calmar mis nervios. Desdoble el papel arrugado y con aspecto antiguo, y leí las primeras líneas de la carta:
"Llénate de mí.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame.
Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo... "
Mi corazón se detuvo por un instante. Y no sólo mi corazón, también el mundo entero. La lluvia dejó de sonar, los autos dejaron de avanzar, y mi respiración dejó de escucharse. Lo único presente, en movimiento, y que era real, son mis lágrimas.
Dejé salir el aire que retenía, y el mundo empezó a girar, y mi corazón empezó a latir con fuerza. Sé de quién es está caligrafía pero no puedo ver su rostro. También sé, por más raro que suene, que esté poema le pertenece a Pablo Neruda. Un poeta que no he leído jamás, pero que mi mente me dice a gritos que estos versos son de él, y qué no es la primera vez que lo escucho. Que estas letras, no son simplemente tinta en papel, son una promesa.
—No puede ser... —dejé el papel encima de la mesa ye restregué el rostro, angustiada y confundida.
Ni siquiera sé porque estoy llorando, no sé porque me siento tan conmovida. No sé porque siento la necesidad de leer y releer el poema sólo para volver a sentir esa sensación.
Leí nuevamente el poema, pasé la yema de mis dedos por las letras y suspire. Mire el sobre y le di la vuelta para leer la dedicatoria. ¿Quién es Alejandro y por qué siento que él es el amor de mi vida?
Sólo tengo una manera de averiguarlo, y es pensando una estrategia.
El primer paso a dar es esencial, no debo cometer errores en mi investigación. Con un simple desliz puedo ocasionar qué mi padre se entere y detenga todo esto mucho antes de averiguar qué es lo que sucede. Las primeras preguntas que debo hacer, deben ser para alguien que pueda guardar secretos, y esa es Anna.
Me quité rápidamente la pijama para enfundarme un pantalón de mezclilla y mis zapatos. Tomé la carta y la guarde en mi bolsillo trasero, busqué mi celular con la mirada y lo tomé para llamar a mi amiga. Teclee su número, pero antes de poder pulsar el botón verde para llamar, la pantalla se iluminó y el aparato empezó a vibrar. Vince me estaba llamando.
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Aún no sé quién soy
General Fiction¿Sabes quien eres? Imagina despertar un día sin saber quién eres, sin recordar quién fuiste o tener alguna día de quien serás. Imagina un día tener las ganas de empezar de nuevo y sólo descubrir que tu pasado siempre te arrastrará, que tu pasado sie...
